7 de octubre de 2013

¿Por qué deberíamos recordar a Lucas Alamán?

Lucas Alamán fue uno de los historiadores más importantes del siglo XIX y sigue siendo una fuente obligada para todo aquel que quiera investigar sobre la revolución de independencia. Fundó el primer banco gubernamental en México y defendió al país ante el expansionismo norteamericano. Impulsó la industria, creyó en la modernización económica y trajo inversiones al país. Fue un gran ministro de Relaciones Exteriores y murió creyendo que México desaparecería si no tenía un gobierno fuerte.

A pesar de todos esos logros, Alamán está casi olvidado por la mayoría de los mexicanos. A excepción de los historiadores y de quienes viven en las pocas calles que llevan su nombre, ya casi nadie lo recuerda. ¿Será que, como siempre, los mexicanos tenemos poca memoria? ¿Olvidamos fácilmente a los hombres importantes de nuestro pasado?

Es cierto que Alamán no tiene buena fama porque militó en el bando de los “malos” de la historia. Fue un riguroso católico convencido de que este país no debía aceptar ninguna otra religión. Estaba seguro de que era imposible construir en México una democracia que incluyera a todos sus habitantes; los asuntos del gobierno debían reservarse a quienes tuvieran dinero y estudios, y los millones de mexicanos desposeídos tenían que obedecerlos. Colaboró con otro villano favorito de nuestra historia, Antonio López de Santa Anna, y se atrevió a criticar al padre de la patria, Miguel Hidalgo. Tenemos entonces a un hombre profundamente controvertido; pero antes de hacer un juicio revisemos un poco su vida.


(Fragmento de mi artículo "¿Por qué deberíamos recordar a Lucas Alamán?" en el número 62 de la revista "Relatos e historias en México". ¡Cómprala ya!)

4 de octubre de 2013

La Posrevolución Mexicana (1940-2000)

Fueron años en los que el país dejó de ser rural para volverse urbano; de fascinarse con el radio y la televisión; de comer y pensar como lo hacían nuestros vecinos del norte; de adoptar tradiciones y mezclarlas con las nuestras, de pelear por (o contra) el comunismo, y de imaginar (como en un relato de ciencia ficción) el día que el PRI ya no estuviera en el poder.
Fueron tiempos de estabilidad, a pesar de muchos movimientos que alteraron la paz del Estado mexicano; de crecimiento económico y también de derrumbe; del crecimiento de una sociedad que se fue haciendo cada vez más compleja hasta llegar a lo que somos hoy.
Fueron los años de la "dictadura perfecta"; de la "monarquía sexenal hereditaria"; de dos terremotos, dos campeonatos mundiales de futbol y una olimpiada; de masacres, fraudes electorales y de un país que tenía que ver hacia afuera para entender qué pasaba adentro.
Fueron los años de la muy compleja y apasionante segunda mitad del siglo XX. Las décadas de nuestra historia contemporánea; la que vivimos y todavía recordamos; la que nos formó y no debemos olvidar.
Te invito a que te inscribas a mi nuevo diplomado: "La Posrevolución Mexicana, 1940-2000". Más informes en la página del Centro de Cultura Casa Lamm.

1 de octubre de 2013

Unos cuantos comentarios antes de la marcha de mañana.

-1968 y 2013 son etapas totalmente distintas de la historia de México.
-Gustavo Díaz Ordaz y Enrique Peña Nieto no son iguales (aunque insistan en igualarlos).
-El Consejo Nacional de Huelga de 1968, y los que marcharán mañana tampoco son los mismos (a pesar de que los segundos insistan en ello).
-Los sesentayocheros hicieron una marcha del silencio para demostrar que podian manifestarse sin atentar contra los edificios públicos y la propiedad privada; ¿tendrán la misma grandeza los que marchen mañana?
-En 1968 sí hubo muertos; en 2013 no ha habido ninguno. (A pesar de los intentos de la CNTE y aliados suyos por lograrlo).
 -Ah! y #yosoy132 NO ES NI FUE NI SERÁ la versión "reloaded" del Consejo Nacional de Huelga.