27 de mayo de 2013

¿Quién salvará al AGEY?

Los del centro del país tenemos la pésima costumbre de ignorar lo que pasa en otras regiones de México. Ojalá fuéramos más observadores, porque eso nos permitiría entender mejor los problemas que tenemos. Hace unos días me encontré con un artículo en el que se menciona que pronto se eligirá al nuevo director del Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY). ¿Y eso a nosotros qué? se preguntarán mis lectores. Pues debería importarnos mucho, porque a pesar de su distancia Yucatán también es México, o sea que su historia es nuestra. 
Resulta que el AGEY pasa por problemas muy comunes a otros archivos: desinterés oficial, poco presupuesto, documentos a punto de ser destruidos, espacio rebasado y una sociedad que no sabe que puede perder en cualquier momento gran parte de su historia. 
No es la primera vez que escribo algo sobre nuestros archivos. A principios de año comenté las declaraciones de Aurora Gómez Galvarriato, directora del Archivo General de la Nación, sobre los problemas que enfrenta ese repositorio de nuestra historia. Al AGN le dieron la mitad del presupuesto que había solicitado para 2013, necesitan un nuevo edificio para guardar todos los documentos que han recibido en los últimos años, deben alquilar bodegas para cuidar los papeles que de otra forma estarían arrumbados en las galerías del archivo, y además la cercanía del Gran Canal podría destruir todo lo que allí se conserva si sufrimos un gran terremoto. 
El caso del AGEY es parecido, pero aquí se añade que es un archivo estatal, lo que lo hace sufrir por los vaivenes políticos del gobierno yucateco. 
A fines de este mes dejará el cargo de director del archivo la doctora Piedad Peniche. Ojalá su sucesor no sea alguien salido de la burocracia, que se ganó el puesto por haber hecho favores. Ojalá el archivo sea dirigido por un historiador joven, con las ganas, el talento y el conocimiento necesario para proteger ese recinto y para que le haga saber a la sociedad yucateca (y a la del resto del país), que allí se guarda parte de nuestro pasado, con la intención de que nosotros y nuestros descendientes puedan conocerlo.
 

20 de mayo de 2013

Joel Poinsett: el primer "extraño enemigo"


México nunca ha tenido una relación fácil con Estados Unidos, eso lo sabemos todos los que nos interesamos por la historia. Lo que a veces perdemos de vista es cuando comenzó esa convivencia tan complicada.
Si tuvieramos que proponer una fecha para el inicio de este problema, yo diría que fue a finales de 1822. En ese año llegó a México un diplomático norteamericano con la misión de sondear al breve gobierno imperial y proponerle que vendiera los estados norteños de nuestro país. 
Joel Poinsett fue uno de los diplomáticos más importantes de Estados Unidos. Nacido en Carolina del Sur en 1779, Poinsett se educó en Europa, hablaba perfectamente español, francés, alemán e italiano; era un reconocido botánico y le gustaban las intrigas. 
Luego de pasar un tiempo como ministro en Sudamérica, el gobierno de James Monroe lo envió a México. Apenas nuestro país había consumado su independencia, y el gobierno de Agustín de Iturbide veía que las cosas empeoraban. 
Poinsett, un republicano convencido, creía que el Imperio Mexicano era una farsa y que pronto se vendría abajo por la falta de dinero. Sin embargo, no pudo convencer al ministro del Exterior, Juan Francisco de Azcárate, de que México vendiera Texas, Nuevo México, Alta y Baja California, Sonora, Coahuila y Nuevo León. 
Poinsett no consiguió que le vendieran nada, y luego que se fue publicó en Estados Unidos un diario que llevaba consigo. "Notes on Mexico". Es un libro interesante, que nos muestra cómo era el país durante el Primer Imperio y también lo que los americanos opinaban de nosotros. 
Poinsett regresó en 1825 como Ministro Plenipotenciario. Tenía la misma misión que antes, pero además debía convencer a los políticos mexicanos de que la república democrática era el mejor sistema político del mundo y que Estados Unidos sólo quería nuestra amistad.
Para lograrlo, Poinsett introdujo en México el Rito de York, el cual rápidamente se convirtió en un grupo político que quería desaparecer a sus rivales, los escoceses. 
Poinsett consiguió que personajes muy importantes de ese tiempo como el Presidente Guadalupe Victoria, Lorenzo de Zavala y Vicente Guerrero se volvieran masones yorkinos. El "escocés" y Vicepresidente Nicolás Bravo denunció en 1827 la intromisión de Poinsett en la vida nacional y exigió al Congreso Mexicano que expulsaran del país al ministro norteamericano. Al final el expulsado fue Bravo, luego que se levantó en armas y lo derrotó Vicente Guerrero. 
Poinsett tuvo que irse en 1830 luego que un golpe de Estado quitó de la silla a su aliado Vicente Guerrero, pero un año antes colaboró para que los yorkinos le arrebataran la presidencia a los escoceses y a su candidato, Manuel Gómez Pedraza. 
Poinsett tampoco consiguió en la segunda ocasión que México le vendiera territorios, pero a cambio logró llevarse una planta muy bonita que aquí llamamos "Nochebuena", pero que en todo el mundo es conocida como "Poinsettia".

13 de mayo de 2013

Una carta para Juárez.

Nueva York, 10 de noviembre de 1865. 


Juárez: 
Te pongo esta carta para decirte que todos estamos buenos y por tu última carta de 29, hemos visto con gusto que tú estés lo mismo: yo estoy sin ninguna enfermedad, pero la tristeza que tengo es tan grande que me hace sufrir mucho; la falta de mis hijos me mata, desde que me levanto los tengo presentes recordando sus padecimientos y culpándome siempre y creyendo que yo tengo la culpa de que se hayan muerto; este remordimiento me hace sufrir mucho y creo que esto me mata; no encuentro remedio y sólo me tranquiliza, por algunos momentos, que me he de morir y prefiero mil veces la muerte a la vida que tengo; me es insoportable sin ti y sin mis hijos; tú te acuerdas del miedo que le tenía a la muerte, pues ahora es la única que me dará consuelo. 
No culpo que muchas personas se maten cuando pierden la esperanza de volver a tener tranquilidad; si yo fuera de más valor ya lo hubiera hecho hace un año, ese tiempo llevo de llorar de día y de noche y, de haber perdido la esperanza de volver a tener no digo gusto, tranquilidad de espíritu siquiera, de manera que si Dios no me remedia esto que no me lo remediará, porque no me ha de volver a mis hijos, que sería lo único que daría la vida. Me queda otra esperanza y es que tú te reúnas con nosotros; será para mí un gran consuelo. 
Creo que esta semana se irá González Ortega, ese desgraciado no ha venido más que a ponerse en ridículo y a que todos conozcan lo mula que es. 
Ya en mi anterior te digo respecto al dinero de don Blas Pereda y Santa también te habrá hablado sobre eso, recibimos la libranza de 1200 pesos que me mandaste. 
Recibe mil abrazos de todos nuestros hijos y dales memorias de mi parte a los sres. Lerdo, Iglesias, Goytia, Sánchez, Contreras, Pancho Díaz y Novoa, y tú recibe el corazón de tu esposa que desea verte. 

Margarita.

6 de mayo de 2013

Happy cincou di maiou!!!

Acabo de escuchar en conocido programa de radio que en Estados Unidos el 5 de mayo es el día que se vende más cerveza en todo el año. Eso se debe a una campaña publicitaria pensada para el público mexicano que vive allá, pero tuvo tal éxito que la mayoría de los gringos cree que en esa fecha celebramos nuestra independencia. 
No sé si esa versión es real, pero en todo caso me sirve para hacer un comentario sobre uno de esos días de nuestro calendario patrio que ha pasado de la gloria al infierno; de Pedro Infante dando su vida por la patria en "Mexicanos al grito de guerra", a decir que para qué perdemos el tiempo recordando una batalla que ni siquiera ganamos. 
También resulta que ayer me encontré en Facebook el meme que está arriba, el cual viene de una cuenta llamada No más mentiras sobre la historia de México. Debo decir que estoy de acuerdo con ese título. Yo también creo que los mexicanos deberían saber más sobre la historia de su país y menos sobre los mitos con los cuales se construyó esta nación. 
Pero también creo que es necesaria una historia que comprende y no que meramente juzga; en especial porque lo segundo es otra tradición nacional que no nos ha llevado a ninguna parte. 
México ha oscilado entre la "historia de bronce" que pretende convertir a todo escuincle en un Niño Héroe (como decía Luis González) y la "historia crítica", para la cual somos víctimas de un montón de mentiras, todo lo que nos han contado sobre nuestro pasado es falso y por eso debemos destruirlo. 
Entre los dos extremos está la verdad sobre lo que pasó. Pero los historiadores (por lo menos los que somos serios) reconocemos que jamás sabremos la realidad del pasado. Lo más que podemos hacer es investigar nuestras fuentes, reflexionar mucho sobre ellas y ofrecer certidumbres que en todo momento pueden revisarse. 
Revisemos pues ese diálogo entre una maestra muy pasita y una niña muy preguntona: 
1. dice la niña que México no le ganó al ejército francés en la batalla de Puebla de 1862. A lo más era "una avanzada, un grupo de soldados que va adelante a inspeccionar un terreno" 
Bueno, eso es lo mismo que decir que la Unión Soviética no derrotó a Alemania en 1945 porque en su territorio no estuvo todo el ejército alemán, o que Vietnam no logró el retiro de los norteamericanos de su país en 1975 porque había Marines en Texas en ese momento. Es sólo una figura retórica para explicar lo ocurrido. 
Aunque, hay que decir que la maestra hubiera quedado mucho mejor si aclarara que en diciembre de 1861, 7 mil soldados franceses desembarcaron en Veracruz. El dato es importante, y tal vez para la niña sería más claro. 
2. La maestra se enoja y suelta una de esas respuestas que pretenden fulminar al contrincante, pero a cambio logra que la niña le haga varias preguntas muy interesantes. Veamos cada una e intentaré responderlas: 
a) ¿Por qué en un año la bandera francesa ondeaba en Palacio Nacional?  Porque los franceses tomaron la Ciudad de México el 10 de junio de 1863, luego que recibieron refuerzos y lograron además conquistar la ciudad de Puebla el 17 de mayo de ese mismo año. Eso quiere decir que tardaron un año en lograr lo que creían que harían en cuestión de semanas. 
b) ¿Por qué los franceses ganaron la segunda batalla que nadie menciona? No sé a quién se refiera con "nadie". Yo no tengo ningún problema en decir que el 17 de mayo de 1863 las tropas de Frederic Forey tomaron Puebla la cual estaba protegida por los generales Jesús González Ortega, Mariano Escobedo, Porfirio Díaz y otros. La ciudad cayó luego de dos meses de sitio. La tomaron porque tenían más hombres y armas, pero les costó mucho trabajo, más del que creía el anterior comandante Charles de Lorencez. 
c) ¿Por qué en el libro de la SEP no viene que Díaz derrotó a los franceses? Simple, porque para el régimen de la Revolución (y al parecer también para los panistas) Díaz era el culpable de todas las desgracias nacionales y no merecía ser recordado como un héroe. Pero durante su mandato esa batalla fue objeto de homenajes, y al general se le conocía como "el héroe del 2 de abril". 
d) había pocos franceses en la batalla del 2 de abril. Sí, la mayoría salió de México a principios de 1867 cuando Napoleón ordenó el retiro de sus tropas. Puebla fue defendida por el ejército imperial formado por Miguel Miramón luego que regresó a México tras el "exilio" en Prusia. 
Ahora, vamos a lo importante: ¿fue o no fue una victoria mexicana la batalla del 5 de mayo? 
Recordemos que en 1861 México estaba quebrado y no podía pagar su deuda externa, la cual ascendía en total a 96 millones de pesos. 
Además, había terminado la Guerra de Tres Años en la cual perdió entre 70 mil y 100 mil vidas (un número muy grande para un país de 8 millones de habitantes, aproximadamente). 
Inglaterra, España y Francia se unieron para cobrarle a México ese dinero y entre los tres enviaron un contingente de casi 14 mil soldados, bien entrenados y alimentados. Algo que ni de lejos podía presumir México. 
El presidente Juárez logró negociar con España e Inglaterra, reconociendo la deuda mexicana y ofreciéndose a pagar en cuanto pudiera hacerlo. Lo aceptaron y se fueron. No así Francia, que quería aprovechar la situación para establecer un gobierno en México que fuera su aliado y le permitiera adueñarse de sus recursos naturales. 
Francia aprovechó además que Estados Unidos vivía su guerra civil y no podía oponerse a los deseos de Napoleón III. 
El 12 de marzo de 1862 las tropas francesas salieron de Veracruz con destino a Puebla. El gobierno mexicano ya había creado el Ejército de Oriente para combatirlos, pero no contaba con armas, alimentos ni medicinas. El general en jefe Ignacio Zaragoza los enfrentó con lo que pudo, pero no impidió que los franceses avanzaran en las Cumbres de Acultzingo. 
Zaragoza se hizo fuerte en los cerros de Loreto y Guadalupe, en la entrada de la ciudad de Puebla, pero no esperaba ni por lejos vencer. A lo más retardaría el avance francés para que el gobierno mexicano huyera de la Ciudad de México. 
El comandante Lorencez, en lugar de rodear los cerros y entrar a la ciudad sin disparar un solo tiro, confió en su arrogancia y ordenó a sus tropas escalarlos. Los mexicanos les dispararon con todo lo que tenían y muchas veces se enfrentaron cuerpo a cuerpo. ¿Y qué creen? Pues que los franceses no pudieron tomar Puebla el 5 de mayo de 1862. 
Por eso es una victoria. Se enfrentó una fuerza expedicionaria muy poderosa (para usar el término de la niña) a un ejército pobre, pero ganó el segundo. Y eso impidió que los franceses avanzaran durante un año para tomar la ciudad de México. 
Alguna vez el escritor Camilo José Cela dijo: "En España el que resiste vence". Eso fue lo que pasó con México en 1862 y hasta 1867. Resistió a los franceses y utilizó otro tipo de armas (las leyes y la diplomacia) para destruir al Segundo Imperio Mexicano y acabar con el proyecto de Napoleón III. 
La Segunda Guerra de Independencia no la ganó el más fuerte; sino el que aguantó más. Y uno de sus grandes triunfos fue la batalla del 5 de mayo. 
Yo le diría a esa maestra que no se enoje; mejor estudie para poder contestarle correctamente a sus alumnos. Y felicitaría a la niña por sus preguntas, pero también le diría que para aprender historia debemos cuestionar lo que ya sabemos, sólo así podemos conseguir esas certidumbres de las que hablé al principio: humildes, constantemente revisables, pero también muy útiles para conocer lo que pasó.