25 de febrero de 2013

El plan para acabar con un traidor.

El 26 de marzo de 1913, a más de un mes del asesinato del presidente Francisco I.Madero, el gobernador de Coahuila Venustiano Carranza y un grupo de oficiales lanzaron un plan para acabar con el traidor Victoriano Huerta. 
Reunidos en la Hacienda de Guadalupe, decidieron formar un ejército (que llamaron "Constitucionalista") para quitarle la presidencia a Huerta, desaparecer a los poderes Legislativo y Judicial (por no haberse opuesto al golpe de Estado ocurrido en febrero) y combatir a aquellos gobernadores que reconocieron al golpista. 
El plan señala que Carranza sería presidente provisional y llamaría a elecciones cuando hubieran triunfado. No señala la necesidad de hacer reformas sociales, a pesar de que varios aliados suyos como Lucio Blanco y Francisco J. Múgica se lo pidieron. 
El constitucionalismo fue la siguiente gran etapa de la Revolución Mexicana. Sus integrantes ganaron la guerra contra Huerta, Villa, Zapata, y el mismo Carranza. Lograron construir un sistema político y se mantuvieron en el poder hasta el año 2000. Hace poco regresaron a la presidencia. 
Por cierto, los grandes personajes del constitucionalismo, los que le dieron fama junto a Carranza (Álvaro Obregón, Plutarco Elías, Calles, Adolfo de la Huerta, Lázaro Cárdenas y otros) no aparecen entre los primeros firmantes del Plan de Guadalupe. Como diría el clásico: "Nadie sabe para quién trabaja".  
  
Considerando que el general Victoriano Huerta, a quien el Presidente Constitucional don Francisco I. Madero había confiado la defensa de las instituciones y legalidad de su Gobierno, al unirse a los enemigos rebelados en contra de ese mismo Gobierno, para restaurar la última dictadura, cometió el delito de traición para escalar el poder, aprehendiendo a los C. C. Presidente y Vicepresidente, así como a sus Ministros, exigiéndoles por medios violentos las renuncias de sus puestos, lo cual está comprobado por los mensajes que el mismo general Huerta dirigió a los Gobernadores de los Estados comunicándoles tener presos a los Supremos Magistrados de la Nación y su Gabinete. Considerando que los Poderes Legislativo y Judicial han reconocido y amparado en contra de las leyes y preceptos constitucionales al general Victoriano Huerta y sus ilegales y antipatrióticos procedimientos, y considerando, por último, que algunos Gobiernos de los Estados de la Unión han reconocido al Gobierno ilegítimo impuesto por la parte del Ejército que consumó la traición, mandado por el mismo general Huerta, a pesar de haber violado la soberanía de esos Estados, cuyos Gobernadores debieron ser los primeros en desconocerlo, los suscritos, Jefes y Oficiales con mando de fuerzas constitucionales, hemos acordado y sostendremos con las armas el siguiente:

PLAN

1º Se desconoce al general Victoriano Huerta como Presidente de la República.

2º Se desconocen también a los Poderes Legislativo y Judicial de la Federación.

3º Se desconocen a los Gobiernos de los Estados que aún reconozcan a los Poderes Federales que forman la actual Administración, treinta días después de la publicación de este Plan.

4º Para la organización del Ejército encargado de hacer cumplir nuestros propósitos, nombramos como Primer Jefe del Ejército que se denominará "Constitucionalista" al ciudadano Venustiano Carranza, Gobernador Constitucional del Estado de Coahuila.

5º Al ocupar el Ejército Constitucionalista la ciudad de México se encargará interinamente del Poder Ejecutivo el ciudadano Venustiano Carranza, o quien lo hubiere substituido en el mando.

6º El Presidente Interino de la República convocará a elecciones generales, tan luego como se haya consolidado la paz, entregando el Poder al ciudadano que hubiere sido electo.

7º El ciudadano que funja como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista en los Estados cuyos Gobiernos hubieren reconocido al de Huerta asumirá el cargo de Gobernador Provisional y convocará a elecciones locales, después que hayan tomado posesión de sus cargos los ciudadanos que hubiesen sido electos para desempeñar los altos Poderes de la Federación, como lo previene la base anterior.

Firmado en la Hacienda de Guadalupe, Coahuila, a los 26 días de marzo de 1913.

Teniente Coronel, Jefe del Estado Mayor, Jacinto B. Treviño; Teniente Coronel del Primer Regimiento, "Libres del Norte", Lucio Blanco; Teniente Coronel del Segundo Regimiento, "Libres del Norte", Francisco Sánchez Herrera; Teniente Coronel del 38° Regimiento, Agustín Millán; Teniente Coronel del 38° Regimiento, Antonio Portas; Teniente Coronel del "Primer Cuerpo Regional", Cesáreo Castro; Mayor, Jefe del Cuerpo de "Carabineros de Coahuila", Cayetano Ramos Cadelo; Mayor, Jefe del Regimiento "Morelos", Alfredo Ricaut; Mayor Médico del Estado Mayor, Doctor Daniel Ríos Zertuche; Mayor Pedro Vázquez; Mayor Juan Castro; Mayor del E. M., Aldo Baroni; Mayor del 38° Regimiento, Adalberto Palacios; Mayor Tirso González; Mayor Adolfo Palacios; Capitán Primero, Ramón Caracas; Capitán Primero, Secretario Particular del Gobernador de Coahuila, Alfredo Breceda, Capitán Primero Feliciano Menchaca; Capitán Primero Santos Dávila Arizpe; Capitán Primero F. Garza Linares; Capitán Primero Guadalupe Sánchez; Capitán Primero F. Candez Castro; Capitán Primero F. Cantú; Capitán Primero de Estado Mayor, Rafael Saldaña Galván; Capitán Primero de Estado Mayor, Francisco J. Múgica; Capitán Primero Gustavo Elizondo; Capitán Segundo Nemesio Calvillo; Capitán Segundo Armando Garza Linares; Capitán Segundo, Camilo Fernández; Capitán 2° Juan Francisco Gutiérrez; Capitán Segundo Manuel Charles; Capitán Segundo Rómulo Zertuche; Capitán Segundo, Carlos Osuna; Capitán Segundo Antonio Vila; Capitán Segundo José Cabrera; Capitán Segundo Manuel H. Morales; Teniente Manuel M. González; Teniente B. Blanco; Teniente de Estado Mayor Juan Dávila; Teniente de Estado Mayor Lucio Dávila; Teniente de Estado Mayor Francisco Destenave; Teniente de Estado Mayor Andrés Saucedo; Teniente Jesús R. Cantú; Teniente José de la Garza, Teniente Francisco A. Flores; Teniente Jesús González Morín; Teniente José E. Castro; Teniente Alejandro Garza; Teniente José N. Gómez; Teniente Pedro A. López; Teniente Baltasar M. González; Teniente Benjamín Garza; Teniente Cenobio López; Teniente Venancio López; Teniente Petronilo A. López; Teniente Ruperto Boone; Teniente Ramón J. Pérez; Teniente Álvaro Rábago; Teniente José María Gámez; Subteniente Luis Reyes; Subteniente Luz Menchaca; Subteniente Rafael Limón; Subteniente Reyes Castañeda; Subteniente Francisco Ibarra; Subteniente Francisco Aguirre; Subteniente Pablo Aguilar; Subteniente A. Cantú; Subteniente A. Torres; Subteniente Luis Martínez; Subteniente A. Amezcua; Subteniente Salomé Hernández.

17 de febrero de 2013

"El clero es el más perverso enemigo de la patria": Múgica.



El 13 de diciembre de 1916 durante las discusiones para la elaboración de la nueva constitución mexicana, fue leído un discurso que unía al pasado y al futuro de nuestro país alrededor de un tema fundamental: la educación. Su autor fue el general Francisco J. Múgica, uno de nuestros revolucionarios más respetados, aunque para la mayoría de la población sea un personaje olvidado. 
El general Múgica era presidente de la Comisión que discutía la redacción del artículo 3o. constitucional, y en su exposición ante los presentes señaló que era vital crear un verdadero sistema educativo laico, gratuito y obligatorio, donde la Iglesia Católica no pudiera intervenir. Múgica -como otros personajes de nuestra historia- era un hombre de profundas raíces espirituales, pero también pensaba que el clero no había estado a favor del país en muchos momentos de nuestro pasado. 
Permitir que la Iglesia siguiera influyendo en la educación nacional -dice Múgica- mantendría a nuestra población en la ignorancia, y nos haría un pueblo débil, expuesto a cualquier amenaza interna o externa.
El pasado es nuestro mejor referente para comprender nuestro presente. Pero la historia no puede ser maestra de nuestras vidas, a menos que estemos dispuestos a aprender de ella. Nos haría mucho bien rescatar a Francisco J. Múgica. 

Señores diputados: 

Estamos en el momento más solemne de la Revolución. Efectivamente, señores; ni allá cuando en los finales del mes de febrero de 1913 el respetable, enérgico y grande gobernador de Coahuila dirigía una iniciativa a la Legislatura de su Estado para pedirle que de ninguna manera y por ningún concepto se reconociera al Gobierno usurpador; ni allá cuando en los campos eriazos, en donde se asienta la hacienda de Guadalupe, en una mañana memorable, estampábamos muchos de los que hemos pasado por los campos de la Revolución, batallando por los ideales del pueblo, firmamos el Plan de Guadalupe; ni allá, cuando la honradez acrisolada y el patriotismo sin tacha de don Venustiano Carranza consignaba de una vez los principios primordiales de la Revolución; ni allá, cuando uno de los más ilustres caudillos de la Revolución derrotaba a la reacción encarnada en Francisco Villa, en los campos de Celaya, ni cuando las agitaciones de la Convención hacían temer a muchos espíritus pobres y hacían dudar a muchos espíritus fuertes en el triunfo; ningún momento, señores, de los que la Revolución ha pasado, ha sido tan grande, tan palpitante, tan solemne como el momento en que el Congreso Constituyente, aquí reunido, trata de discutir el artículo 3º de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.

¿Y por qué, señores? Porque en aquellas etapas gloriosas no se trataba más que de vencer de una vez por todas al que tenía el Poder usurpado en sus manos o de acabar con la reacción, y aquí, señores, se trata nada menos que del porvenir de la patria, del porvenir de nuestra juventud, del porvenir de nuestra niñez, del porvenir de nuestra alma máter, que debe engendrarse en los principios netamente nacionales y en principios netamente progresistas, y evidentemente, señores, la ciencia pedagógica ha hablado ya mucho sobre la influencia que la enseñanza religiosa, que la enseñanza de las ideas absurdas, ejerce sobre los individuos, para degenerarlos, no sólo en lo moral, sino también en lo físico. 

Yo soy profano en estas cosas; pero hay aquí en esta Asamblea muchos profesores eminentes que pueden hablar más claro que yo sobre este capítulo y a ellos dejo la palabra. Pero no sólo es esa la faz principalísima de la enseñanza religiosa en México; es también la política y es también la social.

Sobre estos dos puntos, señores, aunque arduos y yo incompetente para tratarlos profundamente, quiero hablaros aunque sea unas cuantas palabras, a trueque de que se me considere enemigo del clericalismo, pues si así se me considera, si así se me juzga, si con ese calificativo pasa a la Historia mi palabra, no importa, señores, porque, efectivamente, soy enemigo del clero, porque lo considero el más funesto y el más perverso enemigo de la patria.


Veamos, señores, la faz política de esta cuestión. La enseñanza es indudablemente el medio más eficaz para que los que la imparten se pongan en contacto con las familias, sobre todo, para que engendren, por decirlo así, las ideas fundamentales en el hombre; y, señores diputados, ¿cuáles ideas fundamentales con respecto a política puede el clero imbuir en la mente de los niños? ¿Cuáles ideas fundamentales puede el clero llevar al alma de nuestros obreros? ¿Cuáles ideas puede llevar el clero al alma de la gleba mexicana, y cuáles puede llevar al alma de los niños de nuestra clase media y clase acomodada? Las ideas más absurdas, el odio más tremendo para las instituciones democráticas, el odio más acérrimo para aquellos principios de equidad, igualdad y fraternidad, predicados por el más grande apóstol, por el primer demócrata que hubo en la ancestralidad de los tiempos, que se llamó Jesucristo.




Y siendo así, ¿vamos a encomendar al clero la formación de nuestro porvenir, le vamos a entregar a nuestros hijos, a nuestros hermanos, a los hijos de nuestros hermanos, para que los eduquen en sus principios? Yo creo francamente que no, porque haríamos en ese caso una labor antipatriótica. ¿Cuál es, señores diputados, la moral que el clero podría transmitir como enseñanza a los niños? Ya lo hemos visto: la más corruptora, la más terrible. Yo traeré a la consideración de esta Asamblea, en un momento más oportuno que éste, documentos, mejor dicho, el proceso más terrible que se haya escrito contra el clero, y, admírense ustedes, señores, escrito por el mismo clero.


Yo creo, señores, que no necesito descender a pruebas prácticas; yo creo que con las razones generales que he expuesto es suficiente para que yo, en nombre de la Comisión, justifique el porqué pretendemos que la enseñanza se quite de las manos del clero, es decir, que no se le permita tomar parte en ella; pero si esto no fuera suficiente, yo os traería al actual momento histórico y os preguntaría, señores, ¿quién es el que todavía resiste, quién es el que de una manera formidable nos hace todavía la guerra, no sólo aquí en el interior de la República, buscando el medio de dividir los caudillos, soplándoles al oído como Satanás soplaba al oído de Jesús, no sólo aquí en nuestra patria, sino en el extranjero mismo? ¿De dónde nos viene este embrollo de nuestra política internacional? ¿Será de las flaquezas del Gobierno constitucionalista? No, señores; porque hemos visto que nuestro Gobierno, que nuestro Ejecutivo, en este sentido ha sido más grande, más enérgico y más intransigente que Juárez; pues sabedlo, señores, esa oposición, esa política malvada que se debate allá en el exterior en contra nuestra provocando la intervención, viene del clero. No necesito descender a traeros aquí pruebas.

Está en la conciencia de todos ustedes y el que no lo crea puede ocurrir a fuentes oficiales, en donde podrá desengañarse ampliamente. Pero no es esto todo; el clero es el eterno rebelde; no se conforma con ser vencido una vez, quiere ser vencido siempre y está al acecho de ocasiones, está sembrando, está preparando el terreno para más tarde dar el golpe, y ¿será posible que el partido liberal, que vence cada vez que se le lleva a los campos de batalla, cada vez que se le obliga a tomar el arma para vencer a su eterno enemigo el partido conservador, será posible, digo, que después de sus triunfos y en esta vez de nuevo abandone sus conquistas?

No, señores; haríamos una mala obra, una mala obra, de inconscientes, si no pusiéramos remedio desde hoy para evitar en lo futuro que nuestros asuntos ya no se resuelvan por medio de las armas, sino que nuestras disensiones intestinas se resuelvan en la tribuna, en los parlamentos, por medio del libro, por medio de la palabra, por medio del derecho, y de ninguna manera otra vez por medio de las armas, porque aunque gloriosas las revoluciones que se hacen por principios, no dejan de ser dolorosísimas, porque cuestan mucha sangre y cuestan muchos intereses patrios.

Sí, señores; si dejamos la libertad de enseñanza absoluta para que tome participación en ella el clero con sus ideas rancias y retrospectivas, no formaremos generaciones nuevas de hombres intelectuales y sensatos, sino que nuestros pósteros recibirán de nosotros la herencia del fanatismo, de principios insanos, y surgirán más tarde otras contiendas que ensangrentarán de nuevo a la patria, que la arruinarán y que quizá la llevarán a la pérdida total de su nacionalidad

11 de febrero de 2013

La renuncia del Papa

 Cuando llegó al Papado los conocedores del tema siempre dijeron que sería una transición. Después del largo periodo de Juan Pablo II, Joseph Ratzinger parecía una figura reducida, burocrática, sólo para llenar un espacio en lo que la Iglesia se reacomodaba. 
Hoy anunció a sus fieles y al mundo que renuncia a su cargo. Una medida inédita. La última vez que renunció un Papa fue en 1415. También hay que decir que ya en los últimos años de Juan Pablo II se hablaba sobre la necesidad de que el sumo pontífice se separara del cargo en vistas de que su salud ya no le permitía desempeñarlo cabalmente. 
Pero Juan Pablo nunca quiso renunciar. Cuentan los vaticanólogos que alguna vez alguien se lo propuso, y Wojtyla le respondió: "¿y a quién le presento mi renuncia?"
Ratzinger prefirió no seguir ese camino. No está tan enfermo como Wojtyla en su última etapa, pero sí es un hombre débil de 85 años al que le tocó dirigir la Iglesia en un momento muy delicado. Los abusos sexuales en las iglesias, el derrumbe de Marcial Maciel, las luchas por el poder al interior del Vaticano y especialmente los millones de personas que se han alejado del clero, porque ya no satisfacen sus necesidades espirituales, y les han perdido la confianza. 
El 28 de febrero será su último día como Papa. Durante el cónclave se retirará a Castelgandolfo y cuando se conozca el nombre de su sucesor se mudará a un convento dentro del Vaticano. Seguramente no volveremos a saber de él, hasta que llegue el momento de su muerte. 
Sólo él sabe si tiene la conciencia tranquila, si hizo todo lo que debió, si puso o no a sus fieles por encima de la burocracia papal. Como sea, para católicos y no católicos hoy es un día histórico.


"Queridísimos hermanos,
Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia.
Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.
Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.
Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.
Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos.
Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria."

4 de febrero de 2013

Hablando con el más allá para mejorar al más acá

Esta es la historia de un grupo de personas que se reunían con la intención de desvelar el gran secreto de la existencia humana: ¿qué hay del otro lado de la muerte?, y encontraron que existía un mundo multicolor en el que los espíritus convivían con los vivos, quienes a través de la ciencia podían construir un discurso moral que les permitiera mejorar como personas y convertirse en almas superiores luego de pasar por la barrera que separa a los dos mundos.
 
También es la historia de una etapa de la historia de México en el que al fin la paz y el progreso tan largamente esperados llegaban como producto de una dictadura que, a cambio de la lealtad absoluta, ofrecía a sus gobernados la ilusión de vivir en un país que se parecía (aunque fuera mínimamente) a aquellos que formaban eso que en esa época se llamaba “el concierto de las naciones”.
 
José Mariano Leyva, en su libro El ocaso de los espíritus, el espiritismo en México en el siglo XIX, nos muestra la fuerza que tuvo esta corriente en nuestro país, al convertirse en una opción espiritual ante el catolicismo conservador y el positivismo agnóstico.
 
El espiritismo sigue siendo una técnica muy utilizada en nuestros días, un método gracias al cual las personas que creen en él dicen que pueden hablar con los muertos. En todas las épocas las personas han intentado comunicarse con el más allá, pero fue hasta la mitad del siglo XIX que Allan Kardec creó un “método científico” para lograrlo.
 
Y utilizó intencionalmente la palabra “científico”, porque el siglo antepasado vivió maravillado por los medios que la tecnología le brindaba para comprender y dominar las fuerzas de la naturaleza. El positivismo de Augusto Comte brindó al mundo una nueva ideología que quería reconciliar el progreso material con el desarrollo espiritual. A través del conocimiento sería posible crear una sociedad armónica y progresista que dejara atrás las supersticiones del pasado.
 
Puede parecer que el positivismo y el espiritismo no tienen nada que ver, pero resulta que para el pensamiento de Allan Kardec, los dos estaban totalmente ligados. Con su “método espírita”, Kardec demostraba que la evolución humana no se constreñía al desarrollo tecnológico, sino a su capacidad de crecer espiritualmente. Al tener la profunda certeza de que la vida no termina luego de morir, este mundo podría ser más armónico, puesto que el mayor miedo que el ser humano puede tener se desvanecería para siempre.
 
Además, como la evolución espiritual y una mayor cercanía con Dios eran la recompensa para aquella persona que se hubiera comportado de una forma moralmente intachable, la humanidad dedicaría todos sus esfuerzos a desarrollarse tecnológicamente y a comportarse de manera bondadosa con sus semejantes.
 
El espiritismo llegó a México durante la segunda mitad del siglo XIX gracias a los esfuerzos de Refugio I. González, un general republicano que luchó contra el imperio de Maximiliano y que tuvo la oportunidad de leer las obras de Allan Kardec. Su influencia lo llevó a editar la revista más famosa de México sobre el más allá: La Ilustración Espírita.
 
Durante más de una década, La Ilustración Espírita difundió este movimiento por todo el país y más allá, convenciendo a cada vez más personas de que el contacto con el más allá era una gran herramienta para mejorar nuestro mundo.
 
Obviamente, el espiritismo tuvo grandes enfrentamientos tanto con la Iglesia Católica, (que lo veía como una práctica ocultista a la que era necesario combatir), como con otros representantes del positivismo que no creían en la posibilidad de que los espíritus se comuniquen con este mundo a través del movimiento aparentemente independiente de mesas, o poniendo en trance a un médium para que escribiera lo que desde el más allá le dictaran.
 
Pero a pesar de estos obstáculos, el espiritismo tuvo un gran auge en México. La Ilustración Espírita tuvo varias épocas y fue publicada entre 1872 y 1893, un tiempo bastante largo para una revista dedicada a esos temas. Además, los grupos espíritas se reunían en distintos lugares de la república, como Guanajuato, Ciudad Camargo, Guadalajara, Monterrey, y por supuesto la Ciudad de México.
 
Sin embargo, conforme pasó el tiempo el impulso espírita comenzó a desvanecerse como un fantasma, hasta que la revista desapareció en 1893, pocos años después de la muerte de su fundador. Pasaría un breve tiempo hasta que apareciera en la vida nacional el espiritista más famoso de México, un señor que si bien no estuvo en contacto con esta primera gran corriente, leyó vorazmente los libros de Allan Kardec y se valió de las enseñanzas morales que (decía) le confiaban los espíritus del otro mundo para organizar una gran cruzada nacional y convertirse en presidente de México: Francisco I. Madero.