28 de enero de 2013

"En los archivos hay que tener visión de largo plazo"

Eso dice Aurora Gómez Galvarriato, actual directora del Archivo General de la Nación, luego que se dio a conocer que el AGN recibirá casi 178 millones de pesos este año para realizar su labor, cuando había solicitado más del doble. 
Los casi 477 millones de pesos que esperaba recibir los iban a usar, entre otras cosas, para construir un nuevo edificio al lado de la antigua prisión de Lecumberri. 
En entrevista con Silvia Isabel Gámez, del periódico Reforma, Galvarriato dijo que buscarán el apoyo de fundaciones privadas, del CONACULTA y otros para conseguir el dinero que les falta. 
Si lo logran, el nuevo edificio del AGN estaría listo a más tardar en 2015, pero eso no solucionaría los problemas que vive nuestro principal Archivo. 
El AGN está casi saturado, luego de haber recibido el Archivo Histórico de la SEP. Ya no tiene espacio para más documentos. 
Eso le impide recibir los documentos de otras secretarías de Estado, los cuales deben permanecer en bodegas alquiladas, lo que cuesta millones de pesos al erario, además de que están expuestos a cualquier peligro. 
La Ley Federal de Archivos convirtió al AGN en un organismo público desconcentrado, pero no le dio más recursos para realizar su labor, por lo que los papeles que ahora guarda también están en riesgo. 
El "Palacio Negro" de Lecumberri no fue construido para servir como archivo, a pesar de que es el mejor edificio con el que ha contado en su historia. 
Como señala Carmen Saucedo, nuestro archivo general surgió en 1790 gracias al virrey Revillagigedo quien, siguiendo la política administrativa de los Borbones, deseaba guardar todos los documentos que fuera posible sobre la Nueva España. 
Revillagigedo decidió que el Castillo de Chapultepec fuera el domicilio del archivo, pero la burocracia pudo más y su primera casa estuvo en lo que ahora es el Palacio Nacional. 
Los mexicanos tenemos ahora un archivo gracias a la decisión de varios personajes muy importantes de nuestra historia, y a la suerte.
Humboldt ya se quejaba en 1806 de que los documentos estaban apilados como si fueran cualquier cosa, expuestos a las ratas y cucarachas. En los años 20 del siglo XIX, Carlos María de Bustamante denunció que gobernador del Estado de México, Lorenzo de Zavala, había vendido casi todo el archivo de la audiencia de México a coheteros y abarroteros. En 1823, Lucas Alamán intentó crear un buen archivo, en un lugar adecuado y con personal capacitado, pero a duras penas logró cuidar los documentos. 
El AGN permaneció en Palacio Nacional hasta 1977, cuando lo trasladaron a Lecumberri. Parecía un buen lugar: grandes espacios para oficinas, las crujías convertidas en depositos impedirían que un incendio acabara con los papeles y los grandes pasillos permitirían ordenar mejor los documentos. 
Pero el paso del tiempo ha vuelto ineficiente a Lecumberri. La humedad del edificio daña los papeles, ya no hay más espacio para nuevos acervos, y la cercanía del Gran Canal (en una zona sísmica) amenaza con inundar cualquier día al archivo y destruir el registro más importante de nuestro pasado. 
Años atrás hubo propuestas para construir un nuevo edificio para el Archivo en otra parte del país, especialmente en algún lugar que no sea húmedo, lo que permitiría conservar mejor los documentos, pero no se realizaron. 
Nuestro archivo espero siglos para salir del Palacio Nacional e irse a Lecumberri. Ojalá no deba pasar tanto tiempo para que encuentre un nuevo lugar donde permanezca seguro y al servicio de los historiadores del futuro.  

21 de enero de 2013

José Yves Limantour ante el inicio de la Revolución de 1910.



A finales de 1910 el Porfiriato empezó a derrumbarse. Ese gobierno que le dio a México estabilidad y progreso, a cambio de mantener en la pobreza a millones y de aplazar la democracia, se enfrentaba a su final. 
Varias razones provocaron su caída: la vejez de Porfirio Díaz, la incapacidad de la élite política para construir una transición que mantuviera vivo al Porfiriato, el enojo de una clase media que no tenía oportunidades políticas ni económicas, la creciente presión de Estados Unidos, y la desesperación de millones de personas en todo el país que no habían gozado de los beneficios que el Porfiriato les prometió y ahora veían en la guerra civil una oportunidad para transformar sus vidas. 
En esta catástrofe jugó un papel importante José Yves Limantour. Ministro de Hacienda de Porfirio Díaz entre 1893 y 1911, Limantour fue uno de los que reconstruyó la economía mexicana, logrando que tuviéramos superavits desde 1894 y hasta 1912. El gobierno mexicano pudo pagar esa deuda externa que traía sobre la espalda desde 1824, recobró la confianza de los inversionistas extranjeros y pudo desarrollar la economía, los ferrocarriles, la infraestructura y el comercio.
Para Limantour era fundamental mantener el equilibrio entre los ingresos y egresos, manejar con cuidado la deuda externa y modernizar la economía nacional. El buen desempeño de Limantour lo convirtió en vicepresidente de facto de este país, pero nunca pudo ser el sucesor de Porfirio Díaz. 
En 1910 Limantour estaba en Europa renegociando la deuda externa y acompañando a su esposa enferma. Allí se enteró de que grupos guerrilleros estaban atacando el estado de Chihuahua, para apoyar a la rebelión de Francisco I. Madero. Limantour ayudó al presidente Díaz comprando armas en Francia para el ejército mexicano, interviniendo las cuentas bancarias de la familia Madero, y después negoció con ellos la caída del general Díaz, algo que sus antiguos aliados jamás le perdonaron. 
El 5 de diciembre de 1910, Limantour le escribió una carta a Díaz en donde reflexiona sobre la situación que estaba viviendo el país y qué hacer para solucionarla. La carta refleja uno de esos momentos de incertidumbre con los que se construye la historia.



JOSÉ IVES LIMANTOUR
Secretario de Hacienda
Hotel Majestic
París, Diciembre 5 de 1910.

Señor Gral. Don Porfirio Díaz,
Presidente de la República.
México.

Muy querido y respetable compadre:

Quedo á Ud. muy reconocido por el vivo interés que manifiesta en su carta del 14 de Noviembre por la salud de Mary, pues al tomar participación en mis penas y en mis inquietudes me da Ud. una nueva prueba de amistad que mucho aprecio, especialmente en las actuales circunstancias.
Con la opinión de los Doctores Terrez, Valenzuela y Baungarten tuve siempre algún temor de que el optimismo de Gutiérrez fuera una ilusión que le diera la fé ciega que tiene en el tratamiento eléctrico, y desgraciadamente al hablar aquí con los diversos médicos que consulté, he visto que ninguno cree en la eficacia de dicho tratamiento, y todos me han recomendado medicamentos y métodos que difieren esencialmente de los de nuestro amigo Gutiérrez.
En las cuatro ó cinco semanas después de haber estado en Suiza, la mejoría, tanto en las funciones circulatorias como en las de la digestión, fué evidente; pero desde entonces ha habido períodos alternativos de avance y retroceso que no sabemos á qué atribuir.
En parte me lo explico por la zozobra en que estuvo Mary al verme resuelto á partir inmediatamente para México.
El caso es que ese estado de salud me preocupa bastante, más que todo por la responsabilidad que tendré que echarme encima dentro de algunas semanas.
Nada quiero decir á Ud. de las condiciones de ánimo en que me han acabado de poner los desórdenes de México, pues al hablarle tanto de mí podría creerse que no he pensado en Ud. cuanto debía en estos tan penosos días, y ha sucedido lo contrario.
Me imagino que ha de haber Ud. hecho reflexiones muy tristes al ver cuánta gente se deja guiar por sus pasiones, por su ignorancia y perdiendo de vista todo lo que el país debe á Ud., así como el inmenso peligro que corren la independencia y la dignidad nacionales con esas tentativas de sedición y anarquía.
Tan manifiesta prueba de ingratitud hacia Ud. y de antipatriotismo no era de esperarse, y bien comprendo todo lo amargo de la decepción que deben haberle causado los acontecimientos de Noviembre, que contrastan de manera tan dolorosa con aquellos en que tomó parte la inmensa mayoría del pueblo mexicano dos meses antes, al solemnizar nuestro Centenario.
El daño causado por ese desbordamiento de locura y de maldad es grande.
Los mexicanos que con orgullo hablábamos de nuestro país en el extranjero, nos hemos ruborizado al leer las noticias que los periódicos americanos y europeos vomitaron durante diez días por millones de ejemplares, y al ver la impresión que dichas noticias causaban hasta en el ánimo de nuestros mejores amigos.
Por más que algunos de nosotros estuviésemos convencidos de la falsedad ó exageración de esas noticias, bastaba el hecho de que hubiese habido una conspiración de importancia y de que centenares de hombres recorrieran algunas partes del territorio de la República en son de revolucionarios, para que nos avergonzásemos de que tales cosas pudieran acontecer precisamente cuando el mundo entero nos acababa de expedir una patente de buena conducta y de admiración que llevaron sus representantes á México, tributándonos simpatía y respeto.
En el terreno de los negocios el perjuicio ha sido también considerable.
Desde luego, la segunda parte de la conversión de la Deuda está muy comprometida, y habrá necesidad de que el éxito corone enteramente los esfuerzos que estamos haciendo con el objeto de desvanecer las inquietudes, para que pueda tener lugar en Enero la emisión de los 280 millones de francos restantes.
Los negocios privados de que tengo conocimiento y que se estaban arreglando en el momento en que llegaron las malas noticias, se han suspendido en su mayor parte ó desbaratado definitivamente; y esto es quizá de mayores consecuencias todavía, porque si se interrumpiera por bastante tiempo la corriente de capitales hacia nuestro país, es casi seguro que sobrevendría una crisis económica de intensidad tanta más grande cuanto que hace muy poco tiempo que cesó la anterior y que la producción agrícola ha dejado mucho que desear en la República.
Es de todo punto necesario, por lo mismo, que nos esforcemos todos en restablecer cuanto antes, á la misma altura en que estaba anteriormente, la confianza de que hemos disfrutado; y á esa tarea estoy consagrándome y me seguiré dedicando con todo empeño durante mi ya corta permanencia en estas tierras.
Ha servido mucho en ese sentido que se viera que no regresaba yo inmediatamente á México: Muchas personas estaban pendientes de mis pasos, y al cerciorarse de que no me movía se tranquilizaron.
A aquéllas que parecían dar poco crédito á las rectificaciones de Mier y á las mías, les recomendé que hablaran con el Ministro de Relaciones de aquí y con todos los grandes Bancos que tienen en México negocios, para cerciorarse por esos conductos enteramente imparciales, de la falsedad de tanta noticia sensacional que publicaban los periódicos.
Debo decir, para satisfacción de Ud., que el Gobierno francés y la alta Banca nos ayudaron mucho en esa ingrata tarea, y que merced á sus explícitas y terminantes declaraciones se evitó una baja fuerte en los valores mexicanos.
El arreglo hecho con la Agencia Havas por conducto de la Legación, y también los que ha efectuado Zamacona en Londres para la publicación de los noventa mil números de bonos del 5% que deben amortizarse, publicación que costará al Gobierno muchos miles de pesos, han permitido refrenar algún tanto á los periódicos que acogían con demasiada benevolencia los telegramas alarmistas de la Agencia Reuter.
Nos hemos también valido Mier, Zamacona y yo de todas nuestras relaciones, para conseguir que se reduzca la importancia de los acontecimientos al mínimum posible.
Desgraciadamente, los hechos que han seguido ocurriendo, en Chihuahua principalmente, no nos permiten ser muy afirmativos al desmentir las noticias que circulan, y como hay evidentemente gentes interesadas en causar alarma con otros fines que el de obtener un provecho pecuniario, el terreno que vamos ganando en la opinión pública no es tan grande como sería de desearse, y siempre queda una sospecha de que algo grave está ocurriendo en nuestro país, si no de resultados inmediatos, sí para el porvenir.
El General Reyes parece estar tranquilo, y lo único que merezca referirse tocante á él es una plática que tuvo con el redactor del "Intransigeant" que se vió en la necesidad de rectificar algunos días después, porque el periodista había puesto en su boca conceptos poco favorables á algunos de los miembros del Gobierno.
Gabriel Madero, hermano del pretendiente, sigue aquí esperando el resultado de una segunda emisión que, fuera de la Bolsa oficial, ha hecho una casa mal acreditada, de bonos del F.C. Mexicano del Centro garantizados por el Estado de Zacatecas, y de los que hablé á Ud. en una de mis primeras cartas.
Sé que este joven Madero se expresa en términos reprobatorios de las tentativas de revolución.
El interés que tienen diversos miembros de esa familia en que pueda llevarse á cabo esta emisión de bonos, me pone perplejo tocante á la participación que se les supone en el movimiento revolucionario.
Por un lado, el apoyo moral que prestaron al pretendiente durante la primera parte de la campaña hace pensar que no se hayan detenido á medio camino, y sin embargo, está fuera de duda que muchos de los grandes negocios de la familia dependen, para su realización, del buen crédito del país en el extranjero.
Me permito indicar a Ud. la conveniencia de indagar si los fondos que ya obtuvieron en Julio para la construcción del F.C. Mexicano del Centro y que no han de haber excedido mucho de dos millones de pesos en efectivo, se han invertido ó no en ese objeto, lo que puede saberse no solamente con la noticia de las rayas de operarios, sino también con la compra de rieles y otros materiales.
Incluso encontrará Ud. un prospecto de esa misión que puesto en manos de Núñez podrá facilitar algunos datos de interés para la averiguación á que me refiero.
Otro individuo cuya presencia por estas tierras me ha llamado la atención, es José Ferrel, que después de haber pasado varias semanas en Londres está aquí llevando una vida al parecer muy regular, pues sale raras veces a la calle y recibe muy pocas gentes.
No me ha sido posible saber cuál es el objeto de su permanencia aquí, á menos que sea para la venta de los terrenos que, según recuerdo, posee en el Estado de Chiapas.
El martes último el Presidente de la República dio un almuerzo de treinta personas en obsequio mío, y el sábado me ofreció otro el Ministro de Relaciones, Sr. Pichon.
Tanto los anfitriones como los comensales manifestaron mucha simpatía hacia México y su digno Presidente, y fueron sumamente cordiales para conmigo.
Antes de concluir esta carta quiero hacer a Ud. presentes mis sentimientos de gratitud por la significación, para mí muy halagadora, del hecho de no haber aceptado mi renuncia, por más que circunstancias de familia, entre otras razones, me hagan desear vivamente volver á la vida privada.
De todos modos, puede Ud. contar, querido compadre, con la sincera devoción que siempre le he profesado, y con que al realizarse o fracasar la última parte de la conversión de la Deuda, regresará a su lado para seguir bregando, con el mismo gusto de siempre, éste su compadre y amigo que tanto lo respeta y estima.

José Ives Limantour

14 de enero de 2013

El oscuro pasado de Adolfo López Mateos

El artículo 82 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala que aquella persona que quiera ser presidente de México debe haber nacido en este país. El antecedente de este artículo está en las constituciones de 1857 y 1824. 
Los que promulgaron estas leyes fundamentales consideraron que sólo alguien que hubiera nacido en este territorio podría desempeñar "leal y patrióticamente" el cargo de jefe del Ejecutivo. 
Anteriormente, su "origen patriótico" debía incluir también a sus padres. Actualmente sólo es necesario que uno de los dos haya nacido en México, para que su hijo pueda competir por la presidencia. Esa modificación constitucional hecha durante el sexenio de Salinas de Gortari permitió que años más tarde Vicente Fox llegara a Los Pinos. 
Se supone, entonces, que todos nuestros presidentes (incluidos los que llegaron al poder vía golpe de Estado) nacieron en esta bendita tierra, como dice la canción. 
Sin embargo, tuvimos un presidente muy carismático pero con orígenes muy oscuros, de quien se dice que no era mexicano de nacimiento, sino que vino al mundo al sur de la patria, en la vecina Guatemala. 
Adolfo López Mateos es recordado como un buen presidente. Los que lo conocieron dicen que en esos años México vivía una época de bonanza. La economía crecía a un 6% anual, la clase media podía vivir cómodamente, el país tenía buenas relaciones con el exterior y el futuro se veía con optimismo. 
En ese mundo idílico el presidente López Mateos era la cereza del pastel: guapo, simpático, galán, "campechano"...a los mexicanos les encantaba que su presidente fuera a ver las peleas de box con muy pocos guardaespaldas, o que usara el Periférico para correr sus autos último modelo, y también les gustaba que el señor tuviera sus amantes. 
Es obvio que no todo era bueno en el México de Adolfo López Mateos. La pobreza seguía sin resolverse, la corrupción era tan común como ahora, los movimientos obreros y campesinos fueron reprimidos con dureza, y este país era en realidad una república autoritaria donde la voz del ciudadano no importaba. Pero hay que decir que muchos mexicanos estaban contentos con esa situación. 
López Mateos era querido por muchas personas, pero en el fondo siempre hubo dudas sobre su origen, ¿dónde había nacido? ¿Quiénes fueron sus papás? ¿Cómo llegó a ser presidente? 
Su biografía oficial nos dice que nació en 1910 en Atizapán de Zaragoza, Estado de México, era abogado por el Instituto Científico y Literario, entró a la política apadrinado por Isidro Fabela (uno de los políticos mexiquenses más importantes del siglo XX), hizo carrera como senador, luego fue secretario del trabajo con Adolfo Ruiz Cortines, y en 1958 llegó a ser presidente. 
Sin embargo, hasta el momento los historiadores no hemos encontrado documentos que verifiquen lo que se dice en la biografía oficial de López Mateos. Por ejemplo, nadie ha visto su tesis de licenciatura o su título de abogado. 
Sus amigos de juventud lo recordaban como un joven muy galán, con muchas novias, bohemio, que le gustaba el montañismo, y al que le decían "el Guatemala"
Supuestamente, ese apodo surgió porque en 1926 se le ocurrió hacer una excursión hasta allá con varios compañeros. Se fueron caminando desde la Ciudad de México hasta cruzar la frontera sur. 
Tres años después, en 1929, López Mateos regresó a Guatemala, pero no por diversión. Huyó de México para que no lo asesinaran, luego de que José Vasconcelos perdió la presidencia ante Pascual Ortiz Rubio. 
López Mateos fue vasconcelista, y luego de que muchos compañeros suyos fueron asesinados en Topilejo el futuro presidente prefirió huir antes de correr la misma suerte. 
¿Entonces, el rumor sobre el origen guatemalteco de López Mateos fue sólo por esos dos viajes? no. Desde 1946, sus enemigos políticos intentaron destruir su carrera diciendo que no había nacido en nuestro país. 
Como señala Soledad Loaeza, investigadora de El Colegio de México, el 10 de agosto de 1946 un excandidato a senador llamado Adolfo Manero, entregó a la Oficialía Mayor de la Cámara de Senadores y a la Procuraduría General de la República sendos expedientes en los que demostraba que López Mateos nació en Guatemala. 
Manero entregó la copia de un acta de nacimiento guatemalteca, que dice que Carlos Adolfo López Mateos nació en Pasitzia, departamento de Chimaltenango, Guatemala, el 10 de septiembre de 1909, hijo de Gerardo López y Elena Mateos. 
También entregó varias declaraciones juradas de testigos que aseguraban que López Mateos no había nacido en el Estado de México, sino en Guatemala. 
Siete días más tarde, el 17 de agosto de 1946, López Mateos contestó entregando otros documentos que supuestamente comprobaban que sí era mexicano. Entregó una fe de bautismo expedida en Zacatecas a nombre de su padre, la copia de su inscripción al Instituto Científico y Literario del Estado de México, su acta de matrimonio (donde aparece como originario del Distrito Federal), y su cédula de filiación como empleado de la Secretaría de Hacienda. 
Sin embargo, López Mateos no entregó el documento más importante que hubiera acabado con cualquier duda sobre su origen: un acta de nacimiento mexicana expedida a su nombre. 
Además, en sus documentos hay datos que no concuerdan. La fe de bautismo dice "Mariano Francisco", cuando en todos los demás papeles aparece como "Mariano Gerardo", el acta de nacimiento señala que nació en 1909, y el documento de la Secretaría de Hacienda dice que fue en 1908. 
Hay una constancia de la Universidad Nacional Autónoma de México donde se establece que estuvo inscrito en la Escuela Nacional Preparatoria entre 1923 y 1926, pero no su título de bachillerato, ni el de abogado. 
Se supone que la familia de López Mateos se fue a vivir a la Ciudad de México cuando él tenía cinco años (luego de la muerte del papá), pero no queda claro si antes estuvieron en Toluca, en Atizapán de Zaragoza o en otro lugar. 
El 29 de agosto de 1946, la Primera Comisión Revisora de Credenciales de la XL Legislatura de la Cámara de Senadores resolvió que los documentos de Manero no eran concluyentes, así que López Mateos era mexicano por nacimiento, hijo de padres mexicanos por nacimiento. 
Esa decisión impulsó la carrera política de López Mateos, le abrió la puerta para que doce años más tarde fuera presidente. 
Sin embargo, en el dictamen, la Comisión agregó un apartado muy interesante: 
Suponiendo sin conceder (dice el dictamen) que López Mateos hubiera nacido fuera del territorio nacional, se aplicará el artículo 1 de la Ley de Extranjería y Naturalización del 28 de mayo de 1886 (vigente cuando nació López Mateos), que dice que "será mexicano todo extranjero que tenga un hijo mexicano y no desee conservar su nacionalidad anterior". 
O sea, la Comisión le cubrió las espaldas a López Mateos reconociéndolo como mexicano, y señalando también que sus padres lo eran aunque no hubieran nacido en el país. 
¿Puede ser entonces que López Mateos sí fuera mexicano por nacimiento, pero no sus padres? Eso le hubiera impedido competir por la presidencia, y al parecer así fue en realidad. 
Como asegura Jorge Castañeda en su libro "La Herencia" el presidente Gustavo Díaz Ordaz quiso que Jesús Reyes Heroles, director de PEMEX durante su gobierno, fuera el siguiente presidente de México. 
Pero Reyes Heroles era hijo de un español naturalizado mexicano, por lo que no podía competir por el puesto. 
Díaz Ordaz intentó que Reyes Heroles aceptara la nominación, pero él se negó. En un vuelo de regreso después de una gira, Díaz Ordaz se lo dijo directamente: 
"Abogado, ¿conque usted se autodescarta de la contienda por la presidencia?" 
Reyes Heroles respondió: "Si, señor Presidente,  el artículo 82 constitucional me lo impide"
"Pero usted sabe que el Presidente López Mateos era hijo de guatemalteco", le dijo Díaz Ordaz, y Reyes Heroles contestó: 
"Eso sí lo sé, no guatemalteco pero guatemalteca. Por haber sido secretario general del Seguro Social me tocó ver la documentación al respecto, y me encontré con que es verdad que el licenciado López Mateos era hijo de guatemalteca. Pero tampoco era abogado. Cursó la carrera de derecho pero nunca se recibió"
"¿Usted definitivamente se autoelimina de la contienda?" le dijo Díaz Ordaz,
"Sí, señor Presidente. Yo sí soy abogado", respondió Reyes Heroles. 
¿López Mateos era guatemalteco, o hijo de guatemalteca? probablemente nunca lo sabremos con seguridad, pero nos queda claro que, en cualquier caso, López Mateos se valió de sus aliados para eliminar un obstáculo que hubiera destruido su carrera política. ¿Cuántos de nuestros políticos actuales no tendrán secretos parecidos, o peores?




 

7 de enero de 2013

Ensalada de huesos patrios

La nota apareció el 24 de diciembre pasado, por lo que nadie le prestó atención. Pero ya que terminamos el Guadalupe-Reyes y hemos regresado a la normalidad, vale la pena que nos enteremos sobre lo ocurrido con los huesos de nuestros padres de la patria. 

Esos restos fueron exhibidos en Palacio Nacional en 2010, pero despertaron muchas sospechas. ¿Serían realmente los huesos de Hidalgo, Allende y otros? ¿No se supone que Morelos había desaparecido cuando su hijo, Juan Nepomuceno Almonte, se los llevó a Europa? ¿Y si aparecían también los restos de algún perro, habría que rendirles honores militares? 

Para evadir todos esos problemas, se decidió que el informe del INAH sobre el estado de los huesos se mantendría reservado durante varios años. Pero resulta que la reportera Silvia Isabel Gámez, del periódico Reforma, solicitó al IFAI que obligara al INAH a entregarlo.

Lo que descubrió Gámez nos confirma que esos huesos son, para decirlo simplemente, un relajo. En 2010 un grupo de investigadores del INAH analizó los restos y descubrió lo siguiente: 

Había por lo menos tres urnas con huesos de muy distintas personas. En total eran entre ocho y diez. En su mayoría los huesos estaban muy maltratados por la humedad y las polillas, además de que estaban todos revueltos. Entre los huesos había varios de venado. 

Algunos cráneos estaban marcados por lo que fue más sencillo armar esos esqueletos (en parte, porque faltaban varios huesos). De esa forma se pudo suponer que pertenecían a los héroes más importantes de la Independencia, pero no hay forma de asegurarlo. 

Hay que recordar que en su mayoría esos huesos estuvieron enterrados en pequeñas tumbas, hasta que en 1823 los juntaron a todos para llevarlos a la Catedral Metropolitana. Allí estuvieron bajo el Altar de los Reyes hasta 1895, cuando los movieron a la Capilla de San José. 

Los huesos fueron víctimas del descuido, la humedad, las polillas y los robos. Su estado era deplorable, hasta que en 1925 Plutarco Elías Calles decidió trasladarlos a la Columna de la Independencia. 

Siguiendo con el análisis de los huesos, el cráneo que se supone pertenece a Hidalgo muestra un agujero hecho con un objeto punzocortante. El agujero creció debido a que el cráneo estuvo expuesto a la intemperie durante diez años (cuando lo metieron en una jaula de hierro y lo colgaron de una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas). 

Aparecieron los restos de Morelos (o eso se supone), y resulta que el señor tenía una seria enfermedad dental (periodontitis) además de que en el parietal izquierdo tenía un hundimiento que supuestamente le provocaba migrañas (y por eso usaba siempre un paliacate). 

El esqueleto de Vicente Guerrero era el mejor conservado, porque los huesos estaban cubiertos de barniz. Tenía rastros de una herida en las costillas que le provocó problemas respiratorios y le impedía moverse. Además tenía una fractura en un codo que no le permitía estirar el brazo. 

Los huesos de Leona Vicario y Andrés Quintana Roo estaban incompletos y muy dañados por la humedad y las polillas. La señora tenía sobrepeso y estaba anémica. El señor acostumbraba montar mucho a caballo y cargaba objetos muy pesados. 

Los restos que supuestamente pertenecieron a Guadalupe Victoria son los de un hombre que murió a los 45- 50 años, cuando el primer presidente de México falleció a los 57. 

Nicolás Bravo estaba infectado con la bacteria Treponema, causante de la sífilis. Durante siglos corrió el rumor de que murió envenenado junto a su esposa, pero los investigadores del INAH no pudieron confirmarlo. 

Aparecieron otros restos que se supone pertenecen a Xavier Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales, pero el caso más interesante es el de Mariano Matamoros. 

Este sacerdote, que fue el principal colaborador de Morelos, murió fusilado en 1814. En 1823 lo llevaron a la Catedral Metropolitana. En 1911 sus restos fueron analizados por José María de la Fuente, quien dijo que Matamoros había sido bajito y delgado. 

En ese análisis desapareció el cráneo del cura, pues el sacristán de la Catedral se lo dió a De la Fuente para que a su vez se lo entregara a Cecilio Robelo, director del Museo Nacional de Arqueología (antecedente de nuestro Museo Nacional de Historia), pero no volvió a verse. 

Sin embargo, en el análisis de 2010 el INAH descubrió que los huesos que supuestamente eran de Mariano Matamoros, en realidad pertenecían a una mujer de 40-45 años, que se dedicaba a moler granos y a cocinar en cuclillas. 

¿Qué podemos concluir? ¡pues que hasta en la muerte nuestros padres de la patria fueron un absoluto desorden!