23 de febrero de 2012

EM (III): Las elecciones según la Constitución de 1857.


A principios de la década de 1850, México tenía poco más de ocho millones de habitantes, la mayor parte de ellos vivían en el campo. Para muchos mexicanos la vida había cambiado poco desde que se consumó la independencia en 1821. Los golpes de Estado, las intrigas políticas, la falta de dinero y las invasiones extranjeras habían puesto al país al borde de la muerte, pero eran pocos los que se daban cuenta de ello.

Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo XIX, México iba a transformarse. Uno de los ejes de ese cambio sería la Constitución de 1857, la cual condujo al país a una etapa distinta de su historia.

En 1854 un levantamiento quitó de la presidencia a Antonio López de Santa Anna. A diferencia de otros pronunciamientos, ésta sería la última ocasión que el célebre "Quinceuñas" gobernaría el país. Además, con ese golpe de Estado llegó al poder una nueva generación, que no participó en la guerra de independencia y deseaba acabar con las rencillas y modernizar a México.

A finales de 1856 se reunió un congreso constituyente con la intención de crear la ley fundamental que por fin lograra lo que no pudieron las constituciones anteriores: pacificar al país y darle un proyecto que lo convirtiera en una nación próspera y civilizada.

Luego de semanas llenas de debates, gritos, grillas, ausencias (y algunas borracheras), la Constitución fue promulgada el 5 de febrero de 1857. Sus autores -que "parecían gigantes", según Cosío Villegas- estaban orgullosos de su creación, pero inmediatamente la consideraron inútil. Era demasiado perfecta como para aplicarla en ese país acostumbrado al caos.

Según la Constitución de 1857, México sería una república representativa, democrática y federal, y el poder se repartiría en tres partes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). Habría una sola cámara -diputados- los cuales desempeñarían su cargo durante dos años.

Todos los ciudadanos tenían el derecho de votar y ser votados, así como de percibir un sueldo por desempeñar cualquier cargo público. Sin embargo, el método de elección sería indirecto en primer grado. Esto quiere decir que los ciudadanos votaban por un elector, quien a su vez votaba para elegir tanto a los diputados como al presidente de la república y al presidente de la Suprema Corte de Justicia.

El cargo de vicepresidente desapareció en la Constitución de 1857. En caso de que faltara el jefe del Ejecutivo, en su lugar quedaría el presidente de la Suprema Corte de Justicia. Cada diputado representaría a 40 mil habitantes y debería tener por lo menos 25 años de edad.

El pais estaba dividido en distritos electorales formados por 40 mil habitantes. Las autoridades de cada estado o región (gobernadores y jefes políticos) debían convocar a elecciones, luego de lo cual cada ayuntamiento debía dividir sus municipios en secciones de quinientos habitantes cada una. En estas secciones se votaba para escoger a los electores.

Cada ayuntamiento nombraba a una persona que se encargaba de empadronar a los quinientos habitantes de cada sección, y tres días antes de las elecciones tenía que entregarle a cada votante su boleta electoral, quien tenía que firmarla en caso de que supiera escribir.

Ocho días antes de las elecciones había que pegar en algún lugar céntrico de la sección un enorme cartel con los nombres de las personas que estaban empadronadas. Si alguien no se encontraba en la lista tenía que reclamarle al empadronador o a los funcionarios de la casilla electoral el día de la elección.

No podían votar los vagos, los ebrios, los que tuvieran "mala fama" y todos aquellos que hubieran perdido la nacionalidad mexicana. Las elecciones se realizaban en domingo, entre las 9 am y las 2 pm, (me impresiona esa confianza en la puntualidad mexicana).

Con anterioridad, el ayuntamiento debía escoger a un "vecino de buen nombre", quien tenía que formar la mesa electoral con otros cinco vecinos, para tener un presidente, dos secretarios y dos escrutadores. Los funcionarios de casilla eran elegidos de entre las personas que hubieran llegado primero al lugar donde se instalaría la mesa.

Antes de comenzar la elección, el presidente de casilla preguntaba a los presentes y alguien quería presentar alguna queja. Los funcionarios de la mesa tenían toda la autoridad para decidir sobre cualquier asunto que se presentara, y al final ellos decidían quién podía votar o no.

Cada ciudadano pasaba entonces a votar. Primero, entregaba al presidente la boleta que le habían dado tres días antes. El presidente se la daba a uno de los secretarios quien a su vez le preguntaba a los presentes si conocían al ciudadano. En caso de que así fuera, la boleta se depositaba en una urna, mientras un escrutador apuntaba el nombre del votante.

Cuando habían votado todos los ciudadanos, los escrutadores y secretarios contabilizaban los votos para elegir al elector de la sección. En caso de empate se decidía por azar al ganador.

Los electores de las secciones se reunían en una junta electoral de distrito. Luego de demostrar que habían obtenido su cargo legalmente (vía la presentación de un documento expedido por su ayuntamiento) se realizarían las elecciones durante tres días: el primero para elegir diputados, el segundo para presidente y el tercero para presidente de la Suprema Corte de Justicia.

Si durante las elecciones ningún candidato obtenía la mayoría absoluta, se realizaría una segunda vuelta con los dos candidatos que tuvieran más votos. Los empates se resolverían también recurriendo al azar.

Estaba prohibido acudir a votar armado, la tropa no podía ir de uniforme y cualquier asunto debía ser resuelto por los funcionarios de casilla.

Esta legislación buscaba evitar los problemas que habían surgido durante la aplicación de las constituciones de 1812, 1824 y 1836; pero no lo consiguió. La realización de las elecciones estaba concentrada en pocas manos para que las masas no escogieran a alguien que pudiera afectar los intereses de la clase propietaria.

Ésto provocó que con el paso del tiempo una gran parte de la sociedad no se interesara en las elecciones, y que el juego político estuviera concentrado en un pequeño grupo, el cual se encargó de transformar a México durante la segunda mitad del siglo XIX.

¿Qué pasó con las elecciones durante el gobierno de Porfirio Díaz? ¿hubo procesos electorales mientras duró esa etapa que calificamos como dictatorial? eso lo explicaré la proxima semana.




10 de febrero de 2012

EM (II): elecciones en un tiempo de profunda confusión.



Entre 1830 y 1850, México tuvo más de 30 presidentes, los cuales duraron menos de un año en el cargo en promedio. Pasamos por distintos sistemas de gobierno: monarquía (1821-1823), triunvirato (1823-1824), república federal (1824-1835, 1846-1853, 1855-1857), república central (1835-1846), y dictadura (1841-1842 y 1853-1855).

Todos los presidentes que tuvimos durante la primera mitad del siglo XIX podemos dividirlos en tres grupos: primero, aquellos que fueron provisionales y tuvieron que tomar el cargo porque el presidente electo había sido derrocado gracias a algún pronunciamiento militar. Los presidentes provisionales gobernaron entre algunos días y máximo un año, su paso por la historia fue muy fugaz y son un buen ejemplo de la inestabilidad que caracterizó a este periodo.

Tenemos también una serie de presidentes que llegaron al poder gracias a un proceso electoral, por lo que contaron con cierta legitimidad. Ellos son: Guadalupe Victoria (1824), Manuel Gómez Pedraza (1828), Antonio López de Santa Anna (1833, 1843, 1846), Anastasio Bustamante (1837), José Joaquín de Herrera (1848) y Mariano Arista (1851). De todos ellos sólo Victoria y De Herrera lograron terminar su cuatrienio. Todos los demás cayeron víctimas de los pronunciamientos, que en otras ocasiones ellos mismos provocaron.

De hecho, es más grande la lista de gobernantes que llegaron al poder arengando a las masas en lugar de competir de acuerdo a algún reglamento electoral.

El primero de ellos fue Iturbide, quien se convirtió en emperador gracias al Plan de Iguala; le siguen los miembros del triunvirato de 1823 y 1824, (Plan de Veracruz y Plan de Casa Mata) y Vicente Guerrero en 1829, vía el Plan de Perote y la Rebelión de la Acordada.

Más adelante tuvimos a Anastasio Bustamante en 1830-1832 (Plan de Jalapa), Manuel Gómez Pedraza en 1833, con los plantes de Veracruz, Lerma y Zacatecas, y Antonio López de Santa Anna en 1841-1843 vía los planes de Guadalajara, La Ciudadela y Perote.

Luego vino José Joaquín de Herrera en 1844-1845, gracias al Plan de Jalisco y la Revolución de las Tres Horas; Mariano Paredes y Arrillaga en 1845-1846 vía el Plan de San Luis Potosí y otra vez Santa Anna en 1846 con otro Plan de La Ciudadela.

Juan Alvarez e Ignacio Comonfort llegarían al poder en 1855 gracias al Plan de Ayutla, pero antes tendríamos una vez más a Santa Anna en el poder, gracias al Plan de Blancarte.

Este despelote nos muestra la complejidad política que vivió México a principios del siglo XIX: para empezar, la clase política era muy pequeña, y aquellos que eran vistos como "los hombres providenciales" que podían salvar a la república eran muy pocos (concretamente Iturbide, Victoria, Gómez Pedraza, Guerrero, Bustamante, Santa Anna, De Herrera, Paredes y Arista). Nueve gobernantes "importantes" más un gran número de provisionales.

También nos muestra que el juego del poder en México dependía de dos instrumentos muy complejos que se combinaban para mantener andando al país. Por una parte estaban las elecciones, pero también existieron los pronunciamientos, definidos como la apelación que hace una parte de la élite a la opinión pública, para que se sumen a su movimiento y alcancen algún objetivo político.

Los pronunciamientos (hubo cientos durante esta etapa de nuestra historia) se realizaban por muy distintos motivos, pero con objetivos tremendamente similares. Aquí no importa que se hicieran para quitar del poder a fulano y poner a zutano, lo que hay que destacar es que casi todos tuvieron por objeto "defender la constitución", o "representar la voluntad ignorada del pueblo".

Estos movimientos civiles y militares pretendían entonces que la gente se sumara a ellos para protestar por lo que consideraban una "actuación anticonstitucional" por parte del gobierno.

Lo interesante del caso (y una característica radical de este siglo XIX) es que los pronunciamientos no eran golpes de Estado; no se pretendía quitar a los gobernantes para comenzar de nuevo. Los pronunciamientos intentan (a pesar de lo paradójico que suene), restablecer el orden jurídico que constantemente se perdía a resultas de los fraudes, los intereses y la corrupción.

los políticos del siglo xix, a pesar de todos sus defectos, tenían una profunda confianza en la ley. Creían que, si lograban promulgar una constitución que contuviera las mejores leyes posibles, la sociedad mexicana se apegaría a ella y de este modo dejaría atrás las rencillas y podría progresar.

Los políticos no obedecían la ley. No podían (ni querían) hacerlo, puesto que para conservar el poder debían ser parte de un complejo entramado extralegal en el cual se combinaban los intereses públicos y privados, las relaciones personales y la corrupción.

Sin embargo, nunca dejaron de creer que, si tuvieramos una "ley correcta", el país mejoraría. Iturbide intentó tener una constitución imperial, pero fracaso. Fue hasta 1824 cuando tuvimos la primera "ley fundamental" mexicana. Una constitución federal que le daba mucho poder a los Estados y al Poder Legislativo, y dejaba a la Presidencia casi como un ornamento.

En 1836 se promulgó una nueva constitución intentando contrapesar el poder de los Estados y las Cámaras. Ahora serían departamentos y cada gobernador sería nombrado por el presidente de la república. Pero además se intentó limitar la condición de ciudadano a aquellas personas que supieran leer y escribir, además de que tuvieran por lo menos 100 pesos al año para subsistir.

La intención era dejar afuera a todos los pobresm quienes no tenían la menor idea de lo que era México, pero sí eran muchos, y podían usarse para manipular las elecciones.

Porque además, y a pesar de todo el embrollo político y los levantamientos, siempre se realizaron elecciones. El metodo indirecto de votación siguió usándose, como una herencia de la Constitución de Cádiz de 1812, y un montón de problemas que aparecieron a principios del siglo XIX seguían allí varias décadas más tarde.

Las elecciones eran controladas por los funcionarios de cada casilla, quienes decidían sin ningún problema quién podía votar y quién no. Los grupos de poder en cada región se reunían para "promocionar" a sus candidatos, con los cuales se elaboraban listas que se repartían entre la población para que supieran por quién votar (y por lo cual recibían algunas monedas, un taquito de barbacoa y un jarrito de pulque).

Los pobres eran usados para que ganaran los candidatos correctos o para apoyar los pronunciamentos. Sin embargo, era un mecanismo delicado que fácilmente podía salirse de control. Cuando el Partido Yorkino se levantó en armas en 1828 para que Manuel Gómez Pedraza, sus "operadores políticos" sacaron a un gran número de pobres a manifestarse frente a Palacio Nacional. Pero esta turba (que además estaba borracha), se lanzó sin freno contra El Parían, un edificio lleno de pequeños comercios que estaba a la mitad de la Plaza de la Constitución, y no dejaron piedra sobre piedra.

La destrucción de El Parían impactó a la clase política mexicana, ya que se dieron cuenta de que la masa podía salirse de control fácilmente, pero no por eso dejaron de usarla para ganar las elecciones o armar pronunciamientos. Muchas de esas costumbres siguen hasta el día de hoy, pero otras cambiaron cuando una nueva generación de políticos llegó al poder enarbolando la Constitución de 1857. De todo eso te platicaré la próxima semana.

2 de febrero de 2012

Elecciones en México ( I ): entre Tlatoanis y Emperadores.


Luego de unas largas vacaciones, estoy de regreso para seguir charlando con ustedes sobre historia. El gran tema de este año (por lo menos en México) son las elecciones presidenciales. No hay forma de evadirse; los mexicanos estamos rodeados por cientos de miles de spots, anuncios, llamadas telefónicas y otras cosas que nos recuerdan que en diciembre tendremos nuevo presidente. Y eso que apenas están comenzando las campañas electorales...!

Durante todo este año habrá muchísimos análisis sobre las elecciones, los debates, los candidatos y sus propuestas. Yo lo que voy a hacer es una breve historia sobre las elecciones en México. Cómo se ha distribuido el poder, con base en qué reglas y para qué nos ha servido.

A pesar de que estamos acostumbrados a decir que "las elecciones no sirven para nada, puesto que los de arriba ya lo decidieron todo", la verdad es que nuestra historia electoral es apasionante y muy compleja, por lo que vale la pena revisarla.

No le jugaré al profeta para decirles quién será el próximo presidente de México, pero espero que con esta revisión sobre nuestra historia electoral podamos entender mejor el triunfo del que gane este próximo dos de julio.

En su libro Toltecáyotl, el gran Miguel León-Portilla dice que en Tenochtitlan, los Tlatoanis eran elegidos a través de un proceso de consulta y negociación entre las élites mexicas. El nuevo Tlatoani era "pepenado" por los sacerdotes y los militares, quienes lo daban a conocer al pueblo, en lugar de que el candidato abiertamente manifestara su deseo de convertirse en el nuevo señor de estas tierras.

La "pepena" mexica se parece al "destapamiento" que se efectuaba durante los gobiernos de PRI, pero no tienen ninguna otra relación. Sin embargo, nos muestra que los mexicas acostumbraban elegir a sus gobernantes a partir de la negociación entre los grupos de poder.

Esta costumbre se mantuvo cuando nos convertimos en Nueva España. Pero hubo un cambio importante: los españoles trajeron una institución que todavía subsiste y donde comenzó a construirse nuestra historia electoral: el ayuntamiento.

Concebido como una nueva ordenación territorial y gubernamental, el ayuntamiento se manejaba de manera autónoma y sólo le rendía cuentas directamente al Rey de España. Los ayuntamientos normalmente eran gobernados por criollos (aunque los hubo de indígenas) y fueron determinantes para defender los intereses novohispanos ante el avance de los peninsulares luego de las Reformas Borbónicas de 1760.

Pero en los ayuntamientos tampoco había elecciones. Más bien se elegía por sorteo a los nuevos alcaldes, de entre aquellas personas que parecían las más capacitadas para gobernar. Normalmente eran criollos, con dinero y educación, lo que impedía que otros grupos pudieran llegar al poder.

En 1812, con España invadida y los reyes en Francia, el imperio estaba consternado. No había quién gobernara puesto que nadie más tenía el derecho divino de hacerlo. Por esta razón, en ese año se realizó un gran congreso en el puerto de Cádiz, al que acudieron diputados de todos los territorios españoles.

En Cádiz se promulgó una constitución liberal que, entre otras cosas, establecía cómo debían realizarse las elecciones para escoger a los nuevos diputados provinciales y a Cortes. Cuando la Constitución de Cádiz fue jurada en la Ciudad de México, los criollos la recibieron con alegría y los peninsulares con enojo. Los segundos temían que estos "americanos" se valieran de la Constitución para arrebatarle el poder a los españoles.

Las primeras elecciones en México se celebraron a finales de 1812. en Cádiz se había establecido que el proceso electoral debía ser indirecto (o sea, el ciudadano no vota por un candidato, sino por un elector que va a escoger al nuevo diputado).

Para realizar las elecciones, primero había que reunir a todos los feligreses de una parroquia. Entre ellos se escogería a los funcionarios de casilla (presidente, secretario y dos escrutadores). Luego se realizaría un Tedeum para pedirle a Dios su protección durante el proceso electoral. Después, los funcionarios y los votantes se trasladaban a un gran salón para llevar a cabo las elecciones.

El presidente le preguntaba a todos los votantes (sólo hombres) si habían sido obligados a asistir o tenían alguna queja antes de empezar. Normalmente las respuestas eran negativas, por lo que las elecciones comenzaban sin problemas. Cada votante emitía su voto (el cual podía ser oral o escrito). Al terminar la elección, aquellos ciudadanos que hubieran obtenido mayores votos se reunían con los ganadores de otras parroquias para escoger a los llamados "electores de partido".

Estos nuevos electores se trasladaban a la capital de la provincia para volver a votar y escoger a los "electores de provincia", quienes eran los que en realidad votaban por los diputados. El proceso era complejo, ya que si bien se buscaba impulsar la participación de todos los ciudadanos, al mismo tiempo se quería limitar la participación del pueblo, especialmente de aquellos que eran pobres e incultos.

La ley electoral proveniente de la Constitución de Cádiz no preveía la posibilidad de que hubiera "prácticas preelectorales" como la promoción por un determinado candidato. Pero eso comenzó a ocurrir inmediatamente. Los grupos con mayor poder dentro de la sociedad novohispana (e interesados en que los diputados los apoyaran en sus negocios) comenzaron a repartir entre el pueblo listas con los nombres de los candidatos que debían ser elegidos, también les daban dinero a cambio de su apoyo y organizaban las elecciones a su conveniencia.

La Constitución de Cádiz señalaba que cualquier problema que surgiera durante el proceso electoral debía ser resuelto por los funcionarios de casilla. Esto hacía que los grupos de poder se pelearan esas posiciones, pues el que controlaba la casilla controlaba gran parte de las elecciones. Para que sus candidatos ganaran no tenían ningún reparo en permitir que votaran personas que no eran de esas parroquias y al mismo tiempo le negaban al voto a quien estuviera en su contra.

En nuestro país se realizaron tres elecciones bajo la Constitución de Cádiz: 1812, 1813 y 1820. En 1821 México se independizó de España con el pretexto de que esa Constitución era muy liberal, pero cuando se formó el Imperio Mexicano en septiembre de 1821, hubo que recurrir a ella para gobernar el nuevo Estado.

El 28 de septiembre de 1821 se formó la Junta Provisional Gubernativa, la cual tenía por misión llamar a elecciones para un nuevo grupo de diputados promulgara la constitución del Imperio Mexicano. Desde el principio hubo problemas. Los miembros de la Junta propusieron que las elecciones se realizaran con el modelo indirecto de la Constitución de Cádiz, pero Agustín de Iturbide tenía otros planes.

Ante la negativa de España a reconocer la independencia nacional y a mandarnos un príncipe que nos gobernara, México necesitaba urgentemente un gobernante y una carta magna para legitimarse como Estado. Al mismo tiempo, la nueva élite política mexicana se preguntaba cómo debía ser ese Imperio que estaban formando y quién debía gobernarlo: el congreso o el emperador.

Iturbide y sus aliados decidieron que él debía concentrar todo el poder, así que el 8 de noviembre de 1821 presionaron a la Junta Provisional para que aceptara su propuesta: en lugar de una cámara formada por diputados electos de manera indirecta, el consumador de la independencia prefería dos cámaras, una bajo el modelo de Cádiz y la otra formada por los miembros más representativos de los grupos poderosos del nuevo país.

En esa segunda Cámara tendrían un lugar los clérigos, el ejército, los comerciantes, los mineros, los hacendados, los abogados, los burócratas, la vieja aristocracia española y el "pueblo". Todo ésto con la intención de crear una nueva aristocracia mexicana que protegiera al emperador.

Sin embargo, y a pesar de sus intentos, el proyecto de Iturbide fracasó: en una abigarrada mezcla del proyecto iturbidista con el modelo de Cádiz se formó una Cámara con 162 diputados, de los cuales sólo 48 representaban a los grupos de poder. Muy pocos para defender las iniciativas de ley del emperador.

La naciente prensa mexicana opinó largamente sobre estas elecciones. A "publicistas" como Carlos María de Bustamante, les parecía que era necesario motivar al pueblo para que participara, pero para ello había que sanear el proceso electoral, con la finalidad de evitar los problemas que hubo anteriormente.

Las elecciones limpias eran imprescindibles para darle confianza a la nación y comenzar un proceso de legitimación. Pero ello sólo sería posible si las casillas electorales contaban con padrones confiables (para evitar que cualquiera pudiera votar varias veces), boletas foliadas y especialmente con la participación directa de los vecinos del lugar.

Uno de estos "publicistas", José Joaquín Fernández de Lizardi, llegó a recomendar que todo aquel funcionario de casilla que fuera descubierto cometiendo alguna trampa electoral, debía ser fusilado en ese mismo lugar, para que nadie más volviera a manipular al pueblo.

Al final, el primer Congreso Constituyente Mexicano no cumplió con la misión que le fue asignada. Jamás promulgaron la tan deseada Carta Magna. En su lugar se dedicaron a boicotear al emperador hasta que éste abdicó al poder a principios de 1823.

En esta primera entrega sobre la historia de las elecciones en México, nos queda claro que vivimos bajo un sistema de antiguo régimen en el que las decisiones eran tomadas por grupos de poder, hasta que las cosas comenzaron a cambiar en 1812 luego de la promulgación de la constitución liberal de ese año.

A los nuevos políticos mexicanos les interesó mantenerse en el poder, motivar la participación ciudadana, limitar el poder del legislativo e impedir que los pobres participaran ampliamente en la política (a pesar de que los usaban para alabar a Iturbide y compraban sus votos)

Cuando el Imperio se vino abajo, comenzó una etapa de incertidumbre, en la que parecía que México moriría en cualquier instante. ¿Cómo logró sobrevivir y cuál fue la importancia de los procesos electorales durante esa etapa? de eso platicaremos la próxima semana.