7 de diciembre de 2011

"...y si así no lo hiciere, que la nación me lo demande"


Para el ciudadano promedio, las elecciones no sirven. "Todo ha sido arreglado desde arriba -es la opinión más común- y votar es una pérdida de tiempo". Durante el transcurso de la historia mexicana la idea anterior ha marcado nuestra cultura política. Y sin embargo, en este país siempre ha habido elecciones. ¿Han servido sólo para legitimar la llegada al poder de algún grupo político? ¿Son un ensayo para la democracia en la que viviremos algún día? ¿Para qué han servido las elecciones?

2012 es año de relevo presidencial. Nuevamente iremos a las urnas para escoger al próximo jefe del Ejecutivo. No serán unas elecciones sencillas. Además del miedo provocado por la violencia que nos rodea, el fantasma de la crisis electoral de 2006 aparece en el horizonte. El momento más delicado en la vida de una democracia es aquel en el que hay que elegir a un nuevo gobernante, ya que mútiples poderes se desatan buscando ampliar su influencia sobre la sociedad.

Para tener una idea más clara sobre lo que ocurrirá en 2012 es necesario ver hacia atrás. Hay que revisar nuestra historia electoral para comprender por qué los mexicanos desconfiamos tanto de las elecciones y al mismo tiempo casi nunca dejamos de realizarlas.

En tiempos de crisis, cuando el futuro es incierto, hay que ver hacia atrás, para entender de dónde venimos y sobre qué piso estamos parados. Conocer la historia de las elecciones en México puede ayudarnos a entender el momento que estamos viviendo, y también nos permitirá replantearnos hacia dónde queremos ir como nación.


Te invito a inscribirte en mi nuevo diplomado "Las elecciones en México. Una historia de conflicto y esperanza, 1812-2012", el cual impartiré los jueves y sábados a partir del próximo 26 de enero. Más informes en la página del Centro de Cultura Casa Lamm. Enlace



5 de diciembre de 2011

Lo que aprendí viendo "El encanto del águila"


  • Los revolucionarios siempre son buenos y puros. Los gobiernos siempre son malos y tiranos. Los revolucionarios que alcanzan el poder siempre se convierten en aquello contra lo cual pelearon.
  • Porfirio Díaz era un señor muy malo que sólo quería el poder.
  • Francisco I. Madero era un chaparrito muy noble que sólo quería la paz.
  • Francisco Villa y Pascual Orozco fueron generales instantáneos, por designio televisivo.
  • Victoriano Huerta siempre tenía la cara fruncida.
  • El presidente Woodrow Wilson tenía una oficina muy rascuache.
  • Venustiano Carranza sólo quería el poder.
  • Alvaro Obregón era un gordito manco muy sonriente que sólo quería el poder.
  • Francisco Villa era un pelao del norte muy carismático que sólo quería el poder.
  • Emiliano Zapata era un ranchero de Morelos que nunca salió de allí.
  • Plutarco Elías Calles tenía la cara paralizada.
  • Lázaro Cárdenas era un señor que sólo apareció en una escena de nuestra historia.
  • Ya no son necesarios los libros de historia. Lo de hoy es "la píldora". Con menos de 15 minutos uno puede aprender sobre el pasado nacional (aunque al final no comprenda nada).
  • La exactitud ya no es un deber del historiador, pues con decir que "le hicimos ciertas adaptaciones para hacer el relato más interesante", pueden cometerse errores monumentales sin que a nadie le importe.
  • A pesar de que vivimos en una etapa en la que la historia oficial está muy debilitada y surgen múltiples interpretaciones que nos permiten darnos cuenta de la complejidad de nuestro pasado, todavía hay quien le apuesta a darle al público un producto muy elemental, donde sólo importa la imagen y no el contenido.