25 de mayo de 2011

A los CC. Secretarios de la H. Cámara de Diputados

Presente.

El Pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de Intervención, que me secundó patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, es causa de su insurrección.

No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos apropósito para raciocinar y decir sobre mi propia culpabilidad.

En tal concepto, respetando, como siempre he respetado la voluntad del pueblo, y de conformidad con el artículo 82 de la Constitución Federal (v)engo ante la Suprema Representación de la Nación a dimitir sin reserva el encargo de Presidente Constitucional de la República, con que me honró el pueblo nacional; y lo hago con tanta más razón, cuando que para retenerlo sería necesario seguir derramando sangre mexicana, abatiendo el crédito de la Nación, derrochando sus riquezas, segando sus fuentes y exponiendo su política a conflictos internacionales.

Espero, señores diputados, que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré á mis compatriotas. Con todo respeto.

México, Mayo 25 de 1911. Porfirio Díaz

16 de mayo de 2011

Una élite con prepotente existencia moral.



Hace casi 24 horas comenzaron oficialmente las campañas para gobernador en el Estado de México. Durante 45 días el Estado se llenará de pancartas, banderitas, mítines, spots, entrevistas, visitas, promesas y más promesas por parte de los candidatos. Los diarios señalan que el priísta Eruviel Ávila tiene casi ganada la gubernatura, ya que se coloca muy por encima de sus competidores Felipe Bravo Mena y Alejandro Encinas.
Al parecer, el PRI retendrá el Estado de México, luego de que hace pocos meses, la elección de Ávila como candidato anunciara una posible ruptura dentro de la élite política mexiquense. No eran pocos los que apostaban que un tercer Alfredo del Mazo (en este caso, Maza) ocuparía la gubernatura, y hubo quien creyó que, de no ser así, se produciría un rompimiento en el PRI estatal que garantizaría el triunfo de la oposición, por primera vez en la historia del Estado de México.
Sin embargo, esa hecatombe no ocurrió. Del Mazo Maza y los otros competidores se disciplinaron y aceptaron sin reparos el triunfo de Eruviel Ávila, en un gesto que nos remite al nacimiento de la élite política del Edomex, y a uno de los mitos más famosos de la historia política de México: la existencia del "Grupo Atlacomulco".
Durante mucho tiempo se ha dicho que el Estado de México ha sido gobernado por un grupo de políticos, (a la sombra de algún líder), quienes han obedecido sin chistar las órdenes que se les imponen para conservar sus privilegios politicos.
Sin embargo, las transformaciones que ha sufrido el sistema político mexicano desde que el PRI perdió las elecciones federales del año 2000, han hecho que la idea de una "familia atlacomulquense" se desdibuje, y que en realidad exista una red de grupos políticos los cuales, a diferencia de otros estados de la república, tuvieron la capacidad de disputarse pacíficamente el poder y de trabajar unidos para mantenerse en la cima.
Como señala el investigador Rogelio Hernández Rodríguez, las élites políticas mexiquenses tuvieron que colaborar entre sí a partir del gobierno de Manuel Avila Camacho para evitar que el centro se les impusiera y con ello perdieran todo el poder.
La cercanía con el Distrito Federal, señala Hernández Rodríguez, ha provocado que la élite mexiquense mantenga una cierta armonía para repartirse el poder, además de que forma sus propios cuadros para renovarse constantemente, aunque para ello tengan que ceder su lugar aquellos que parecerían "herederos naturales", como es el caso de Alfredo Del Mazo Maza.
Revisando la historia política del Estado de México, Hernández Rodríguez llega a la conclusión de que nunca ha existido un "Grupo Atlacomulco", o por lo menos no como siempre se le ha imaginado.
La historia política "moderna" del Estado de México comienza en 1942, cuando Isidro Fabela es nombrado gobernador sustituto a solicitud del presidente Manuel Avila Camacho, quien buscaba quitarle poder a la vieja élite gobernante, la cual ya había provocado la muerte del anterior gobernador.
Fabela llegó con el respaldo presidencial, pero sin un grupo político para gobernar el Estado. Tuvo que crearlo rápidamente, y para ello utilizó a varios amigos y parientes, todos provenientes de Atlacomulco. Fabela también se acercó a los adolescentes, con la intención de crear una nueva generación política que se comportara de forma diferente a las anteriores.
De ese "Grupo Atlacomulco original" surgió el siguiente gobernador: Alfredo del Mazo Vélez, impulsado por su tío Isidro Fabela. Sin embargo, el presidente Avila Camacho envió a Fabela al extranjero poco después, lo que impidió que éste se convirtiera en el verdadero cacique del estado.
Por su parte, el presidente Miguel Alemán acabó con este grupo al imponer como su candidato a Salvador Sánchez Colín, quien también era de Atlacomulco, pero no tenía ninguna relación con Isidro Fabela.
Sin embargo, Fabela sentó las bases para que surgiera una nueva generación de políticos que, a pesar de formar diferentes grupos, rápidamente entendieron que para sobrevivir necesitaban apoyarse mutuamente, y que la competencia por el poder no tenía que terminar con la destrucción de los vencidos.
Otros gobernadores como Gustavo Baz y Juan Fernández Albarrán se sostuvieron gracias al apoyo proveniente del centro. Aunque no formaban parte de los "herederos de Fabela", tampoco crearon sus propios grupos. Los distintos sectores políticos del Estado de México estaban desconectados, a pesar de que mantenían una relación armoniosa.
Fue hasta 1969 que llegó a la gubernatura alguien con la capacidad de unificar a la élite mexiquense: Carlos Hank González.
Nacido en Santiago Tianguistenco en 1927, Hank fue quizá el primer gobernador que buscó ese puesto (ya que los anteriores llegaron impuestos por el centro); para lograr el cargo, Hank creó un nuevo grupo político a su alrededor, además de que se creó una imagen de político capaz y profesional, lo que le valió el reconocimiento del presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Durante su sexenio, Hank logró consolidarse como una de las figuras más importantes de la política mexicana y no sólo mexiquense. A pesar de que el presidente Echeverría estaba a disgusto con él por haber permitido la realización del Festival de Avándaro en 1971, Hank pudo conservar su prestigio y convertirse en Regente de la Ciudad de México durante el gobierno de José López Portillo.
Hernández Rodríguez asegura que Hank había planeado su carrera política y buscó todos los apoyos necesarios para obtener la presidencia de la república. Sin embargo, varios obstáculos se alzaron en su camino. Primero, como hijo de alemán, no podia ser candidato a menos que lograra una reforma constitucional, lo cual fue imposible. Al mismo tiempo, el gobernador Jorge Jiménez Cantú (que Hank había dejado en su lugar) no pudo ayudarlo a conseguir su meta; y el ganador, Miguel de la Madrid prefirió minar el poder del grupo de Hank González, lo que lo obligó a pasar el sexenio en la "congeladora política".
Fue entonces cuando llegó el segundo Alfredo del Mazo (González) a gobernar el Estado de México, por imposición del presidente De la Madrid. Para este entonces, los municipios cercanos al Distrito Federal (Chalco, Ciudad Nezahualcóyotl, Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán y otros) habían crecido económicamente y estaban -políticamente hablando- más cerca de la Capital del país que de la capital del Estado -Toluca.
Eso provocó la creación de un nuevo grupo político en el Estado de México, que empezó a exigir más espacios a los viejos gobernantes de Toluca, lo que causó fricciones entre la élite, quienes no pudieron evitar que la oposición tuviera más votos que Carlos Salinas de Gortari en las elecciones de 1988.
El entonces gobernador, Mario Ramón Beteta, tuvo que renunciar al cargo, y en su lugar quedó Ignacio Pichardo Pagaza, quien se encargó de reconciliar a la élite mexiquense, lo que permitió el triunfo de Emilio Chuayffet en 1993.
Después siguieron César Camacho Quiroz y Arturo Montiel. El segundo provocó otra crisis dentro del Estado al buscar la candidatura del PRI a la presidencia, proyecto que se vino abajo gracias a las trampas del entonces presidente del partido, Roberto Madrazo Pintado.
El actual gobernador, Enrique Peña Nieto, es visto por muchos como el futuro presidente de México. No hay forma de saber si lo logrará; mucho dependerá de que la élite mexiquense pueda negociar con los otros grupos que forman el PRI. Lo cierto es que hasta el momento ha contado con un gran apoyo por parte de los medios de comunicación, y si logran que el Partido mantenga la cohesión que mostró para elegir a Eruviel Ávila como candidato en el Estado de México, quizá tengan muchas probabilidades.
Como señala Hernández Rodríguez, el "Grupo Atlacomulco" no existe, pero en su lugar hay una élite política temerosa de perder su poder ante el Distrito Federal, por lo que logró, a través de su historia, conciliar sus diferencias, crear sus propios cuadros políticos y poner el triunfo colectivo por encima de los intereses particulares.
El himno del Estado de México comienza diciendo que éste es "una prepotente existencia moral". No tengo idea qué significa éso. Pero quizá es algo como ese "Grupo Atlacomulco"; una imagen de algo que no existe, pero que ha logrado congregar el interés de muchos analistas y periodistas durante décadas. Ahora que comienza la campaña electoral en el Estado de México, es buen momento para repasar la historia del grupo que está en el poder, para darnos cuenta de por qué tiene muchas posibilidades de quedarse al frente de esa entidad durante varios años más.

PD: y por si alguien no me creyó, nomás escuchen:




9 de mayo de 2011

Mis impresiones de la marcha.




Si algo me gusta de ir al Zócalo es oir cuando las campanas de Catedral se mezclan con los tambores de los concheros que allí danzan. En ese momento parece como si el pasado nos estuviera hablando y quisiera hacerse presente en el breve instante que nos ha tocado por vida. Eso escuché ayer, al asistir a la marcha nacional convocada por el poeta Javier Sicilia.
Debo aclarar que no acudo a muchas marchas porque no me gustan. Sin embargo, asistí a esas dos manifestaciones anteriores en las que el Zócalo se desbordó (literalmente) con esa gente vestida de blanco que se atrevía a exigirle al gobierno que la protegiera de la delincuencia.
Llegué al Palacio de Bellas Artes a eso de la una. No ví tanta gente como en mis dos experiencias anteriores. Noté que, si bien había muchas personas que al parecer marchaban por vez primera, eran mayoría los que tenían experiencia. Las fuentes que están frente a Bellas Artes tenían el agua pintada de rojo; todo se concentraba en sólo dos colores que opacaban a los demás: el rojo y el blanco. Blanco de las cartulinas en las que se leían muchas mentadas de madre a Felipe Calderón, y una enorme manta roja que tapaba el acceso a la calle cinco de mayo, un gigantesco telón por el que pasó la marcha que días atrás había salido de Cuernavaca.
Fuí a la marcha por dos razones: primero, porque yo también estoy hasta la madre de tanta muerte e impunidad; pero también fuí porque tenía curiosidad de saber si esta nueva marcha congregaría a tantas personas como las otras dos.
Entré al Zócalo horas antes de que lo hiciera la comitiva, lo que me permitió observar con calma lo que ocurría en la plaza. Lo primero que me desagradó fue ver una enorme manta del Sindicato Mexicano de Electricistas dándole la bienvenida a los caminantes de Cuernavaca. Se supone que era una marcha ajena a cualquier otro movimiento, pero ¿cómo evitarlo si nuestro Zócalo es un manifestódromo donde podemos encontrar cualquier tipo de queja?
La plaza estaba llena a la mitad, porque el resto lo ocupaban varias enormes lonas donde la gente se guarecía del sol. Pero la mayoría de los asistentes estaban en la esquina derecha de la Catedral, donde habían armado un escenario en el que pasaron muchos oradores antes de que llegara la columna con Javier Sicilia. Escuchamos quejas, denuncias, insultos, exigencias y solicitudes; todas válidas, creo; ninguna reprochable, me parece (salvo una, que acusaba a Isabel Miranda de Wallace de haber traicionado al movimiento); pero en ningún instante escuché lo que yo esperaba.
Los gritos de "muera" o "fuera Calderón" encendían a los presentes. Pero jamás escuché un insulto hacia los Zetas, el Chapo Guzmán, el Cártel del Golfo o la Familia Michoacana. Todo el enojo estaba concentrado en el gobierno que, o ha fallado en proteger a los ciudadanos, o al parecer se ha coludido con el crimen organizado para formar una de las cleptocracias más grandes del mundo.
Cuando al fin llegó el contingente de Javier Sicilia, los organizadores sufrieron para lograr que la gente que estaba del lado izquierdo del escenario los dejara entrar. Eso retrasó el evento, mientras a mi alrededor había muchas personas con pancartas diversas (como la que ilustra este post).
Primero leyeron los seis puntos de un pacto que se firmará el 10 d
e junio en Ciudad Juárez, los cuales en esencia dicen:

1. Exigimos esclarecer asesinatos y desapariciones y nombrar a las víctimas.

2. Exigimos poner fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana.

3. Exigimos combatir la corrupción y la impunidad.

4. Exigimos combatir la raíz económica y las ganancias del crimen.

5. Exigimos la atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social.

6. Exigimos democracia participativa.

La plaza guardó silencio cuando Javier Sicilia comenzó a leer su discurso. Pero antes estalló en júbilo cuando éste
-de forma totalmente espontánea y sin antes haberlo consultado con los otros organizadores- solicitó la renuncia de Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública.
En una hermosa pieza de oratoria, Sicilia explicó las razones que le llevaron a caminar desde Cuernavaca hasta la Ciudad de México. Señaló que el país ha perdido la dignidad debido a la conjunción de diversos factores, como el autoritarismo, la partidocracia, la corrupción y la búsqueda por parte del Poder Ejecutivo de una solución al problema que no tome en cuenta la opinión de la sociedad.
Pero la base del problema está en un enfoque global y mercantilista de las drogas, lo que ha creado dos enormes monstruos: uno que consume y otro que pretende destruir al primero.
Ante este conflicto, Sicilia propone a la sociedad que se una para exigirle a las autoridades que combatan el problema, si no lo hacen:

"no aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado y cooptado al usar los instrumentos de éste para erosionar las mismas esperanzas de cambio de los ciudadanos".

Luego del discurso de Javier Sicilia hubo otros oradores, pero ya para ese momento la gente comenzó a salir de la plaza.
No fue una gran manifestación como las dos anteriores, su capacidad de convocatoria fue mucho menor. Parecía una concentración como muchas otras, en las que el presidente y su gabinete es insultado a cada momento y se exigen muchas cosas sin tener la capacidad de obligar al gobierno a llevarlas a cabo.
Especialmente, me pareció muy peligroso que nadie mencionara al crimen organizado. Ese discurso que equipara a la guerra de Calderón con el terrorismo de Estado y ni por un momento cuestiona a la delincuencia organizada no creo que pueda llevarnos a nada bueno.
Parece que hemos entrado en un círculo de sangre-marchas-sangre-marchas. De ningún modo creo que haya sido un error la manifestación de ayer y espero fervientemente que logre su cometido, puesto que ello nos beneficiaría a todos.
Pero me preocupa que se vuelva una anécdota más, y que en poco tiempo una cuarta marcha regrese al Zócalo para exigir todo aquello que no lograron las tres anteriores.
Al salir del Zócalo, dos cosas llamaron mi atención: en una esquina, un señor dialogaba con una chica. El señor traía una pancarta en la que le pedía "por favor" a los delincuentes que dejaran de cometer tantos crímenes.
En la calle siguiente, un niño pedía monedas mientras deleitaba a la concurrencia cantando "Pacas de a kilo".
Como decía Tomás Mojarro, "en todo ésto hay una gran moraleja, ¿pero cuál?".

2 de mayo de 2011

Los secretos de la cripta del FBI

Si algo caracteriza a nuestra época, es el exceso de información. Vivimos en una sociedad donde lo que antes era secreto, ahora se conoce fácilmente. El desarrollo de los medios electrónicos y las redes de información ha puesto en manos de la sociedad muchos datos que antes hubieran pasado décadas en algún archivo confidencial, antes de que se dieran a conocer.
Wikileaks ha hecho mucho por lograr esa apertura, pero no es suyo todo el crédito. Tal vez esta locura por los papeles secretos que se vuelven públicos comenzó en la década de los setenta, con la publicación de los ya olvidados Papeles del Pentágono (aunque en su momento fueron un golpazo para el gobierno de Estados Unidos). Hay que decir que ahora son muchos los gobiernos que libremente abren sus archivos, en parte para darse una imagen "democrática", y a veces para cobrarle alguna deuda al pasado.
Hace poco tiempo se abrió un archivo que, a mi parecer, no llamó mucho la atención. Pero creo que vale la pena comentarlo. Se llama The Vault, y es un amplio repertorio de documentos (más de 2000) elaborados por la Oficina Federal de investigaciones, (FBI) desde su fundación en 1918 y hasta los años 90.
En The Vault hay documentos sobre muy diversos temas, como la Segunda Guerra Mundial, casos de corrupción en Estados Unidos, figuras del espectáculo, gangsters famosos, derechos civiles, OVNIS y otros.
Por ejemplo, hay varios folios sobre una investigación que el FBI realizó a principios de los setenta para saber si el famoso grupo KISS era en realidad satánico; hay otros documentos en los que se menciona la presunta caída de un OVNI en Roswell, Nuevo México, en 1947, largos archivos sobre Frank Sinatra, Carl Sagan y Norman Mailer; inclusive hay una investigación sobre J. Edgar Hoover, quien dirigió esa oficina durante décadas y fue una de las personas más importantes (y temidas) de la historia norteamericana.
Entre todos esos documentos, hay uno que me interesó especialmente: una investigación "policiaco-histórica" realizada en 1988 sobre un famoso criminal que aterrorizó Londres casi cien años antes: Jack el Destripador.
Basándose en lo que se sabe sobre ese asesino, y aplicando nuevas técnicas de investigación policiaca, John Douglas, analista del FBI, determinó que Jack el Destripador era un sujeto que tuvo una madre muy dominante, lo que lo convirtió en un sujeto solitario que sublimaba sus frustraciones a través de hacer sufrir a otras personas.
Para Douglas, el Destripador se aprovechó de que la prostitución en Inglaterra a fines del siglo XIX era mucho más libre que actualmente, lo que le permitía encontrar fácilmente a sus víctimas. Seguramente visitó sus tumbas para regodearse con sus crímenes, y lo más seguro es que no se haya suicidado.
Vale la pena visitar The Vault, ya sea por saber qué opinaba el FBI sobre varios personajes fundamentales para la historia, como para reirse por sus prejuicios y estereotipos. ¡Al parecer, vivimos una gran época para aprender historia, ya que cada día aparecen documentos para enriquecer nuestros trabajos!