28 de febrero de 2011

Los 85 años de Miguel León Portilla y "el tapado" mexica.


La semana pasada, este país vivió uno de esos momentos que pueden enorgullecernos, que nos hacen pensar que no todo puede ser tan malo (a pesar de que la cifra de muertos por la guerra contra el narco siga creciendo): don Miguel León Portilla cumplió 85 años de edad. Quizá muchos me pregunten "¿y ese señor quién es?" y yo les diré que es uno de los historiadores más importantes de México, y que ha dedicado su vida al estudio de las culturas precolombinas. Si alguna vez en la preparatoria leíste "La visión de los vencidos", sabrás que el fue su coautor.
Miguel León Portilla es una de las glorias de nuestra universidad nacional. un ávido estudioso de la lengua y la cultura nahuatl, a quien le debemos no sólo el rescate de múltiples documentos escritos en ese idioma y otros precolombinos, sino también darnos otra mirada sobre esos pueblos: sus costumbres, su vida cotidiana, su poesía y particularmente su filosofía. A diferencia de otros autores que consideran que sólo Occidente reflexiona de manera filosófica, Miguel León Portilla sostiene que los mexicas y otros pueblos también pensaban en aquellos temas que nos han interesado en todos los tiempos, como la muerte, la impermanencia, el amor, la ética, el conocimiento y otros. Su tesis doctoral "La filosofía nahuatl" es un bellísimo libro que nos lleva a viajar por el pensamiento mexica a través de sus cantos y poemas. Imprescindible para todo aquel que quiera saber sobre el México antiguo.
Otro libro -precioso- de don Miguel es Toltecáyotl, un estudio sobre diversos aspectos de la cultura nahuatl, y es en este libro donde don Miguel nos habla de una figura importantísima para el pueblo mexica: Tlacaélel.
Nacido en 1398, Tlacaélel fue un estadista, guerrero, reformador y consejero de varios Tlatoanis. En su momento le ofrecieron ese cargo, pero él lo rechazó. Los mexicas lograron triunfar sobre sus antiguos amos de Azcapotzalco gracias al ingenio de este personaje, y cuando se convirtieron en la máxima potencia del Valle de México, Tlacaélel destruyó los antiguos códices para crear una "nueva historia azteca" en la que este pueblo apareciera como un vencedor desde sus orígenes, a la manera de Qin Shihuangdi.
Tlacaélel -asegura Miguel León-Portilla- era escuchado por los gobernantes de Tenochtitlán, lo que le permitió influir en sus decisiones. Cuando había que elegir a un nuevo gobernante supremo, lo común era que esa decisión la tomaran los representantes de los calpullis, pero Tlacaélel introdujo diversas variantes a ese proceso.
Para empezar, al ser una figura tan respetada, Tlacaélel se reunía con los miembros de los distintos grupos sociales de importancia dentro de la sociedad mexica: los sacerdotes, los militares y comerciantes. En esas reuniones, Tlacaélel se enteraba de los gustos de estos sectores y a quién querrían como nuevo Tlatoani, al mismo tiempo que Tlacaélel iba orientando de forma subrepticia sus decisiones.
Hay que tener presente que la cultura mexica, que por una parte era muy bárbara y dispuesta a la guerra, por otro lado respetaba profundamente la cultura y en especial la oratoria. Los mexicas admiraban enormemente a aquellos con la capacidad de expresar sus ideas de forma elegante, prudente, que "decían sin decir". Entonces, Tlacaélel tenía que ser lo suficientemente hábil para inclinar la balanza a favor de su candidato sin que pareciera que lo estaba imponiendo.
Luego de estos "sondeos", se reunían los sacerdotes, guerreros y comerciantes en una gran asamblea, de donde salía el candidato elegido. Como dice León-Portilla, el candidato pasaba por el "tlapepenaztli", vocablo del cual surgió nuestra palabra "pepenar".
En ningún momento los candidatos manifestaban su deseo de ser nombrados Tlatoani. La honestidad (por lo menos en este caso) era muy mal vista. Lo que debían hacer era externar su desagrado ante la posibilidad de obtener ese cargo. Algunos lloraban e inclusive se escondían para que no pudieran elegirlos, lo que al final siempre lograban los sacerdotes que eran comisionados para encontrar al candidato escogido por la asamblea, para llevarlo al Templo Mayor y mostrarlo a todo el pueblo Mexica.
Entonces, señala León-Portilla, "podía levantarse el velo", y el candidato era "destapado" para que Tenochtitlan supiera que tenía un nuevo Tlatoani.
Al final del texto, Miguel León Portilla se pregunta si no nos habrá llevado nuestro inconsciente colectivo a revivir esa vieja ceremonia en aquellos fastuosos eventos que coronaban el proceso de "destapamiento" que caracterizaba al sistema priísta. Es imposible asegurarlo, pero tal vez sea una pista que nos ayude a comprender mejor al pueblo mexicano y su tortuosa relación con la política.
Por cierto, Miguel León-Portilla también nos cuenta (en otro artículo) que cuando un Tlatoani llegaba al poder, el pueblo lo recibía diciéndole que era su deber servirle, y que en caso de no hacerlo, recurrirían "al palo y a las piedras" para imponer su autoridad.
No creo que la violencia sea el camino, pero admiro a ese pueblo mexica que era capaz de dejarle muy claro a sus gobernantes quien mandaba en realidad.

21 de febrero de 2011

Avisos clionáuticos

Por segundo año, Fernando Macotela, director de la Feria Internacional de Libro del Palacio de Minería, me hizo el honor de invitarme a dar una conferencia. En esta ocasión intentaré responder a una pregunta que nos ha rondado durante los últimos 50 años: ¿a dónde te fuiste, Revolución Mexicana? Me encantará verlos allí para que juntos podamos solucionar ese dilema. La cita es el próximo domingo 27 de febrero, a las 6 pm, en el salón "El Caballito" del Palacio de Minería (Tacuba 5, Centro Histórico).
Por otra parte, faltan pocas semanas para que comience mi nuevo diplomado "El Porfiriato: los años de modernidad y autoritarismo que transformaron a México". En él revisaremos a Porfirio Díaz como figura histórica, el país que le tocó gobernar y cómo lo transformó durante los 35 años que duró su mandato. Impartiré este diplomado en el Centro de Cultura Casa Lamm a partir del próximo 10 de marzo, ¡no se lo pierdan!
Por último, quiero recordar algunos párrafos de un libro fundamental para nuestro país:
Artículo 1: está prohibida la discriminación por origen étnico o nacional, género, condición social y otras.
Artículo 3: todo individuo tiene derecho a recibir educación.
Artículo 14: nadie podrá ser privado de la libertad sino mediante un juicio seguido ante los tribunales donde se cumplan las formalidades esenciales del procedimiento y conforme a las leyes expedidas con anterioridad al hecho.
Artículo 16: No podrá librarse orden de aprehensión sino por la autoridad judicial y sin que preceda denuncia, acusación o querella de un hecho determinado que la ley señale como delito.
La autoridad que ejecute una orden judicial de aprehensión, deberá poner al inculpado a disposición de un juez sin dilación alguna, la contravención a lo anterior será sancionada por la ley penal.
Sólo en casos urgentes, ante el riesgo fundado de que el indiciado pueda sustraerse a la acción de la justicia, el Ministerio Público podrá, bajo su responsabilidad, ordenar su detención, fundando y expresando los indicios que motiven su proceder.
Ningún indiciado podrá ser retenido por el Ministerio Público por más de 48 horas, plazo en que deberá ordenarse su libertad o ponérsele a disposición de la autoridad judicial.
Artículo 17: toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por Tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y términos que fijen las leyes, emitiendo sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial.
Artículo 18: los Gobiernos de la Federación y de los Estados organizarán el sistema penal, en sus respectivas jurisdicciones, sobre la base del trabajo, la capacitación para el mismo y la educación como medios para la readaptación social del delincuente.
Artículo 20: en todo proceso de orden penal, el inculpado, la víctima o el ofendido, tendrán las siguientes garantías:
-Queda prohibida toda incomunicación, intimidación o tortura.
-La confesión rendida ante cualquier autoridad distinta del Ministerio Público o del juez, o ante éstos sin la asistencia de su defensor carecerá de todo valor probatorio.
-Le serán facilitados todos los datos que solicite para su defensa y que consten en el proceso.
-Será juzgado antes de un año si la pena excediere de ese tiempo. (...)
Todo lo anterior forma parte de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cada día esos artículos son violados impúnemente. Si no conocemos nuestras leyes y exigimos su cumplimiento, el horror en que vivimos crecerá mucho más. Por todo eso les recomiendo que vayan a ver Presunto Culpable.



14 de febrero de 2011

El horror de la Decena Trágica.


La Habana, octubre de 1912; un grupo de políticos mexicanos se reunió de forma secreta en esa isla para armar un complot que transformó violentamente la historia de nuestro país. A casi cien años de ese hecho, mientras vivimos una época oscura en donde las matanzas se reproducen cada día por todo el territorio nacional, tenemos que ver hacia atrás, a nuestro pasado, para entender cómo hemos llegado hasta donde nos encontramos.
Gregorio Ruiz, Cecilio Ocón y Manuel Mondragón, dos generales y un empresario que habían hecho sus fortunas al amparo del Porfiriato, echaron a andar un plan para quitarle el cargo al presidente Francisco I. Madero. Estos tres personajes congeniaban con el resto de la decadente clase alta porfirista, la cual odiaba a Madero por, según ellos, haber destruido el orden y el progreso que Porfirio Díaz construyó durante treinta años.
Y es que, desde principios de 1911, el país se había ensangrentado. Gavillas de rebeldes atacaban poblados, destruían haciendas y afectaban a la economía nacional, poniendo de pretexto la lucha de Madero contra el régimen porfirista. Cuando en mayo de 1911, Porfirio Díaz renunció a la presidencia y se exilió en Francia, Madero declaró que la Revolución había terminado y que todos los mexicanos tenían que reconciliarse para comenzar una nueva etapa, democrática y civilizada.
Sin embargo, ésto no ocurrió así. Los porfiristas sin Porfirio empezaron a conspirar contra ese nuevo presidente que, consideraban ellos, sólo había logrado "soltar al tigre de la violencia" que Díaz había encadenado con muchos trabajos.
El país seguía en llamas, las guerrillas zapatistas en Morelos destruían las haciendas pulqueras mientras en el norte los revolucionarios se alzaban en armas contra Madero, al que consideraban un traidor a la lucha que él mismo comenzó en 1910, ya que luego de su triunfo los envió a sus casas sin compartir con ellos el poder.
Mientras tanto, el Ejército porfirista, orgulloso de haber derrotado a Francia en 1867, veía con odio a este chaparrito presidente quien, junto a esos vaqueros, campesinos, obreros y maestros de escuela, los había puesto en ridículo ante todo el mundo.
El presidente Madero creía que México necesitaba cambios, luego de las tres décadas bajo el mando de Porfirio Díaz. Pero éstos tenían que darse paulatinamente, sin romper violentamente con las viejas estructuras. Por eso dejó intacto al Ejército y al Poder Legislativo. Un error que le costó la vida.
Ocón, Mondragón y Ruiz planearon hacer un golpe de Estado que obligara a renunciar a Madero. Para lograrlo, necesitaban a un hombre que pudiera comandarlos, un líder carismático que se pareciera a Porfirio Díaz y pudiera arreglar todos los problemas que había ocasionado Madero. Ese líder era Bernardo Reyes.
Nacido en Guadalajara en 1850, Reyes era uno de los militares más conocidos de México. Luego de ser gobernador de Nuevo León durante varios años, en 1908 comenzó un movimiento para ser presidente dos años más tarde. Sin embargo, Porfirio Díaz se lo impidió enviándolo al exilio. Cuando Madero llegó a la presidencia, Reyes intentó levantarse en armas pero fracasó, por lo que estaba detenido en la prisión militar de Santiago Tlatelolco.
Junto Reyes, había otro general que podía servir para acabar con Madero, aunque su único mérito fuera el de ser sobrino de don Porfirio. Félix Díaz había hecho otro levantamiento contra el nuevo presidente, y también estaba en la cárcel -en la moderna prisión de Lecumberri- cuando el complot inició.
Al parecer, junto con Ocón, Ruiz y Mondragón había una serie de inversionistas extranjeros quienes tampoco estaban de acuerdo con el gobierno de Madero, por lo que vieron con buenos ojos la posibilidad de quitarlo del cargo. El rumor sobre la posibilidad de un golpe de Estado crecía por toda la ciudad. El único que no quería tomarlo en serio era el presidente Madero, quien, a pesar de las recurrentes advertencias por parte de sus colaboradores más cercanos -entre ellos su hermano Gustavo- creía que era imposible una sublevación militar.
El golpe comenzó el 9 de febrero de 1913. A las 4 am de ese día, los golpistas se reunieron en la Escuela Nacional de Aspirantes, ubicada en Tlalpan. 700 hombres salieron de allí con destino a Tlatelolco para liberar a Bernardo Reyes y a Félix Diaz, mientras otra columna se dirigió a Palacio Nacional. Los segundos lograron entrar al edificio más importante del Zócalo y capturaron al Secretario de Guerra, Ángel García Peña, y a Gustavo Madero. Sin embargo, pronto fueron sometidos por Lauro Villar, jefe de las fuerzas militares en la Ciudad de México.
Mientras tanto, la primera columna de sublevados liberó a Reyes y a Díaz para dirigirse a Palacio. Al llegar allí se encontraron con que el plan había fracasado, intentaron convencer a Villar de que se les uniera, pero sólo lograron que se iniciara una gran balacera, en la que murió Bernardo Reyes. El resto de los golpistas salió apresuradamente del Zócalo.
El presidente Madero, quien se había enterado de la sublevación desde la madrugada, decidió que tenía que ir a Palacio Nacional, por lo que bajó del Castillo de Chapultepec, custodiado por los cadetes del Colegio Militar. La avanzada tuvo que detenerse varias veces, puesto que había francotiradores que intentaron asesinar a Madero. Al fin llegaron a Palacio y el presidente fue informado de lo ocurrido.
El general Lauro Villar, quien defendió Palacio Nacional, estaba gravemente herido, por lo que Madero tuvo que transferir el mando a otro militar, lo que hizo que sus colaboradores temieran lo peor. Ese militar era Victoriano Huerta.
Oriundo de Jalisco, Huerta había estudiado en el Colegio Militar y se distinguió por reprimir con éxito diversas rebeliones indígenas. Cuando Porfirio Díaz salió hacia Veracruz en 1911 para embarcarse a Francia, Huerta lo escoltó. Luego combatió a los zapatistas, a quienes atacaba con suma crueldad. No tenía buena fama en el Ejército, y los maderistas vieron con inquietud al encargado de proteger al presidente.
Los sublevados por su parte, huyeron hacia la Ciudadela, un antiguo edificio usado como fábrica de cigarros durante la Colonia. Mucha gente se les unió, entre ellos el jefe de la Policía de la Ciudad de México. Madero empezó a buscar refuerzos en los alrededores, y se comunicó con un general de reputación intachable: Felipe Angeles.
Los maderistas intentaron reagruparse para atacar la Ciudadela y terminar con la sublevación, pero desde el principio Victoriano Huerta tomó varias decisiones que al principio sonaban descabelladas pero luego se vio que tenían un objetivo siniestro. Huerta permitió que los sublevados recibieran víveres y lanzó varias cargas de caballería que fueron rápidamente destrozadas por las ametralladoras de los golpistas, en lugar de rodear el edificio y rendirlos por hambre.
La ciudad estaba en pánico. Desde la Ciudadela se disparaban cañones hacia los edificios cercanos, y había balaceras por las calles. La capital del país, que tres años antes lució hermosa para celebrar el centenario de la independencia, ahora veía con horror como los soldados y los civiles eran asesinados por francotiradores. El gran hemiciclo a Juárez estaba lleno de cadáveres, mientras se los llevaban a los llanos de Balbuena para quemarlos. No había agua, comida, luz eléctrica ni teléfonos.
Mientras tanto, otro personaje apareció en esta obra: el embajador norteamericano Henry Lane Wilson, quien empezó a reunirse con los representantes de otras naciones para convencerlos de que era necesario exigir la renuncia de Madero, al que consideraban incapaz para gobernar a México.
La violencia siguió por varios días, mientras los rumores sobre una posible traición de Huerta crecían. El único que no deseaba escucharlos era el presidente Madero, quien pensaba que era imposible que Victoriano lo estuviera engañando. En dos ocasiones, Huerta fue detenido por maderistas y llevado ante el presidente, quien lo liberó en lugar de escuchar a sus aliados.
Fue hasta el 18 de febrero, mientras la ciudad seguía en caos, que Madero se dio cuenta de la verdad. En ese día fue detenido junto con el vicepresidente José María Pino Suárez, mientras una multitud silenciosa se reunía frente a Palacio Nacional para ser informada de que ahora Victoriano Huerta sería presidente de México.
Todo ésto luego de que Pedro Lascurain, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Madero, y quien debía sucederlo en el cargo a falta del vicepresidente, nombró a Huerta como su secretario de Gobernación para luego renunciar, y de ese modo convertir al golpista en presidente de México, en una maniobra que intentó cubrirse de legalidad.
Madero y Pino Suárez, junto con Felipe Angeles, fueron conducidos a una habitación en Palacio Nacional mientras los golpistas decidían qué hacer con ellos. Mientras tanto, Huerta permitió que Gustavo Madero, quien siempre intentó alertar a su hermano de la tragedia que se avecinaba, fuera llevado a la Ciudadela, donde los golpistas, ahora triunfadores, lo lincharon, le vaciaron el único ojo que tenía, lo fusilaron y después lo castraron.
Los golpistas no tenían claro qué hacer con Madero y Pino Suárez. Manuel Márquez Sterling, embajador de Cuba en México y Luis Manuel Rojas, gran maestro de la Gran Logia Valle de México, intentaron salvar sus vidas; pero los traidores no deseaban que Madero fuera una amenaza para ellos. En la madrugada del 22 de febrero, el mayor Francisco Cárdenas fue por ellos a Palacio y los llevó atrás de la penitenciaría de Lecumberri, donde los mató.
Huerta declaró que "una turba los había linchado", y que se harían las averiguaciones necesarias.
Gregorio Ruiz fue asesinado por Victoriano Huerta en 1913, para probarle a Madero que era de confianza; Manuel Mondragón fue expulsado de México por Huerta y murió en España en 1922, Ocón se dedicó a los negocios y se perdió en las sombras, y Félix Díaz, quien también tuvo que huir de México por culpa de Huerta, intentó varias veces levantarse en armas, volviéndose una figura patética que al final murió en Veracruz en 1945.
Al parecer, con la muerte de Madero y Pino Suárez terminaba la revolución y comenzaría una nueva dictadura en México. A la vista de los acontecimientos, todo parecía indicar que volverían a este país el orden y la paz. En realidad, lo único que lograron los traidores fue despertar verdaderamente al tigre, comenzando una nueva guerra civil mucho más violenta que las anteriores, lo que llevó a México a sufrir una noche muy oscura durante varios años.

7 de febrero de 2011

Rumores, despidos y medios.

Nos despertamos con la noticia de que otra vez, Carmen Aristegui, una de las periodistas más importantes de México, sale de una empresa radiodifusora por razones que, hasta el momento, no están claras. Hace dos años, Aristegui terminó su contrato con WRadio y éste no fue renovado "por incompatibilidad editorial". En ese momento se adujeron muchas razones, desde que a ella le desagradaba que una computadora controlara los cortes de estación impidiéndole hablar el tiempo que quisiera, hasta que fue una orden de la Presidencia de la República por darle espacio a Andrés Manuel López Obrador.
Ahora, al parecer, el problema estuvo en una nota que dio a conocer el jueves pasado, cuando el diputado por el PT, Gerardo Fernández Noroña, organizó uno más de sus acostumbrados escándalos en la Cámara de Diputados, al colocar una enorme manta en la que señala que el presidente Felipe Calderón tiene problemas de alcoholismo; un rumor que nos ha acompañado a lo largo del sexenio.
Aristegui habría quedado en medio de este problema al haber comentado el rumor al aire, y específicamente al señalar que sería bueno que la Presidencia de la República hiciera un comentario al respecto, fundamentalmente para acallar esas habladurías que, a pesar de algunos extraños comportamientos por parte de Felipe Calderón, siguen siendo solamente rumores.
El caso es que, ayer en la tarde, MVS comunicó a sus trabajadores que Aristegui quedaba fuera de la empresa por "transgredir el código de ética", y ya no hay ninguna referencia a la periodista en la página de la empresa.
Twitter está enloquecido, como siempre que pasan estas cosas. La gente opina y vuelve a opinar, esperando que Aristegui, Calderón, MVS, o alguien, ponga orden en esta situación.
Yo no sé qué pasó en realidad; supongo que pronto lo sabré (como todos los que seguimos este chisme). En este momento no puedo dejar de pensar en los compañeros de Aristegui, en la gente que trabaja en MVS y que los están cociendo a tuitazos por lo ocurrido, como si ellos fueran responsables.
Debe ser difícil pertenecer a un proyecto que se presenta como democrático, comprometido con la libertad de prensa y las causas sociales; ver que decapitan a tu comandante y seguir en el buque soportando el vendaval.
No creo que este día sea sencillo para Ezra Shabot, Luis Cárdenas, Fernanda Tapia, el Dr. Bolavsky y los que conforman MVS Noticias. Eso de saber que la competencia está hablando de tus problemas, que tu público te acuse de ser un traidor, y quedar en medio de una enorme bronca entre una periodista, un gobierno y una empresa, es para acabarte todo un frasco de paracetamol.
Las relaciones entre la prensa y los gobiernos no son sencillas, eso lo sabemos todos. Justo hoy iba a dedicar este post a platicarles sobre uno de los diarios más famosos y polémicos de la historia de México: El Imparcial.
Un periódico que surgió a la sombra del Porfiriato, que durante décadas fue acusado de "parcial" y vendido a los caprichos del dictador, y que a casi cien años de su desaparición, apenas estamos empezando a analizar con otro cariz, para darnos cuenta de que no todo en él fue malo.
Pero por hoy, ese tema tendrá que esperar. No veo cómo insertarlo en lo que estamos viviendo hoy (aunque ya lo haré, no desesperen).
Nunca me ha gustado el estilo de Carmen Aristegui. Me parece un buen ejemplo de amarillismo radiofónico.
Y sin embargo, es (o era) el único noticiero que yo escuchaba por las mañanas. Por algo sería.
No está padre encender la radio y saber que ya no puedo escucharla.
Y no está bien que su salida esté llena de rumores.
Este país necesita noticias, tiene que saber sobre muchas cosas que están pasando y van a determinar nuestro futuro.
Por el bien de la sociedad mexicana, este tipo de incidentes deberian ventilarse, para que todos estemos enterados y podamos actuar en consecuencia.
Como público, sería bueno que pudieramos enterarnos de los detalles que conforman las líneas editoriales de los medios de comunicación, y especialmente aquellos que buscan informarnos.
Porque cuando ocurren estos cambios violentos y no contamos con una explicación clara, los únicos que pierden son los medios.
Ojalá pronto, por el bien de todos, sepamos la verdad.