17 de diciembre de 2010

¡Vacaciones!


Luego de una semana muy cansada, con mucho trabajo y una fuerte gripa, al fin puedo irme de vacaciones. Me tomaré quince días para descansar con mi familia y mis amigos. Pero antes de irme quiero desearles a todos una feliz navidad y que el próximo año sea de muchos éxitos.
Para que no me extrañen, durante esta temporada navideña los dejaré con "los Clásicos de CLIONAUTICA", una selección de los mejores post que he escrito. Para comenzar, recordemos cuando surgió el rumor (no confirmado, pero tampoco desmentido) de que al presidente Calderón le gusta excederse con las copas. ¡Que lo disfruten y nos vemos en 2011!

10 de diciembre de 2010

El Porfiriato: modernización y autoritarismo.

Durante 35 años, Porfirio Díaz fue el gran gobernante de México, el “héroe de la paz” que pudo terminar con las guerras civiles, reconstruyó la economía y puso a la nación entre las más importantes y civilizadas del planeta. Sin embargo, para los gobiernos de la Revolución Mexicana fue un dictador, un asesino, un autócrata que condenó a México a vivir en el atraso, la violencia y la degradación.
A casi cien años de la renuncia y exilio de Porfirio Díaz, necesitamos reexaminar la figura de este gobernante y el país que condujo durante más de tres décadas, para dejar de lado los juicios y comprender su influencia en el México que vivimos actualmente.
Los invito a inscribirse al diplomado "El Porfiriato, los años de modernidad y autoritarismo que transformaron a México", que impartiré en Casa Lamm. ¡Allá los espero!

Desde el cielo una hermosa mañana...



El próximo domingo se celebra un aniversario más de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, esa imagen que le dio sentido a los criollos durante la Colonia y fue una de las bases del nacionalismo mexicano. Por esa razón les dejo aquí dos artículos que tratan sobre ese culto religioso: el primero sobre la verdadera historia de la imagen del Tepeyac, y uno más sobre los trabajos de restauración que se le hicieron a la tilma durante el periodo de Guillermo Schulenburg como abad de la Basílica. Espero que los disfruten.

7 de diciembre de 2010

Adios, Bicentenario... hola, realidad.


Se acabó el 2010. Termina el año del Bicentenario y del Centenario. Aunque creo que se acabó el 20 de noviembre pasado, con ese conjunto de festejos tan raros que además se realizaron en una fecha distinta a la ya mencionada. Con eso de que a Vicente Fox se le ocurrió que podíamos disfrutar de fines de semana de tres días, aunque nos brincáramos las fechas históricas por las cuales en esos días no hay labores, ahora no supimos si la Revolución comenzó el 15 de noviembre, el 20 o en alguna otra fecha, (o si alguna vez tuvimos una "Revolución Mexicana").
Ni modo, hay que decirlo otra vez: los festejos no estuvieron a la altura de nuestras expectativas. El problema no estuvo en el "Quetzalcóatl conceptual", ni en el "Coloso de 15 minutos" y mucho menos en el "Shalalá" (perdón por recordarles que alguna vez existió esa canción). No, el gran problema fue que no usamos al 2010 para repensar los dos siglos anteriores ni para imaginarnos las centurias que vienen. No construimos algo que realmente quede para el futuro, porque no nos atrevimos a cuestionar seriamente al presente. Todo se quedó en una fiesta mediocre, mientras el Estado mexicano vive una época muy oscura, a pesar de que Felipe Calderón insista con decir que "vamos ganando la guerra" y que tache de mentiroso a Wikileaks.
En este contexto, la revista Nexos presenta el último artículo de su serie "La Construcción de México, 1810-2010". Le tocó cerrar el ciclo a Luis Medina, un académico del CIDE, quien reflexiona sobre tres problemas en los que se concentra gran parte de la crisis que vivimos desde los años 90: el equilibrio de poderes, la relación entre el centro y los estados, y de qué maneran conviven en este país gobernantes y gobernados.
México 2010: hacia el Porfiriato tardío, es el nombre de este artículo, en el que Medina comienza examinando la relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Desde 1997, ambos poderes han estado a la greña. Vicente Fox se pasó su sexenio diciendo que el Ejecutivo proponía y el Legislativo disponía, pero al final no lo dejaban gobernar, por lo que se le ocurrió (a él o a sus asesores) armar una campaña mediática para presionar a los legisladores, con lo que sólo logró echarle gasolina a la hoguera que fue alimentando durante el sexenio, hasta que el primero de septiembre de 2006 no lo dejaron entrar a la Cámara de Diputados para que rindiera su último informe de gobierno. Con Calderón las cosas tampoco han ido bien. De hecho, cuando el presidente ha entrado al palacio de San Lázaro, ha sido de pisa y corre, y hace unos días volvió a enfrentarse al Legislativo exigiéndole que le digan si van a aceptar sus iniciativas de reformas o mejor cerramos el país hasta el próximo sexenio.
Hay que decir que todo esto no es nuevo. México nació con profundos conflictos entre el Ejecutivo y el Legislativo. Los dos vivieron una lucha de poder durante el siglo XIX que sólo se solucionó cuando Porfirio Díaz pudo hacerse fuerte gracias a las alianzas que estableció con los gobernadores de los estados. Antes de eso, Juárez tuvo que gobernar con decretos y también imponiendo gobernadores. Los presidentes anteriores y el Emperador Iturbide se las vieron negras para negociar con los diputados, al punto que varios golpes de Estado se fraguaron en el poder Legislativo.
Díaz no pasó por estos problemas porque a cambio del apoyo de los gobernadores, permitió que éstos manejaran sus regiones con total libertad (siempre y cuando sus acciones concordaran con los intentos pacificadores y modernizadores del Estado mexicano). Venustiano Carranza impulsó la modificación constitucional que le diera más poderes al Ejecutivo, pero tuvo que ser Calles con la creación del Partido de la Revolución, quien logró establecer un poder firme que "absorbió" al Legislativo y le dio estabilidad al sistema, hasta que volvió a reventarse a finales del siglo XX.
El segundo problema está en la relación que mantiene el centro con la periferia. Actualmente nuestros gobernadores tienen un poder con el que no contaban antes. Si bien, mientras duró el "gobierno de la Revolución" tuvieron un amplio margen de acción, éste no podía ir más allá de las decisiones del centro. Actualmente es imposible pensar que el presidente pueda remover a un gobernador, o presionarlo a través de su congreso estatal para que tenga que pedir licencia, pero durante la segunda mitad del siglo XX eso fue cosa de todos los días.
Nuestro federalismo está mal construido, y eso viene desde el origen. Por una parte éramos una monarquía acostumbrada a recibir órdenes desde el centro, pero al mismo tiempo estaban surgiendo una serie de poderes regionales que lograron la Independencia en 1821 y no estaba dispuestos a volverse a sujetar a otro poder sin recibir algo a cambio. Los estados podían cobrar impuestos libremente y hasta tener sus propias milicias, lo que fue una de las razones por lo que muchos no participaron en la defensa de México durante la guerra de 1847.
Juárez (y después Díaz) lograron convencer a los gobernadores que, luego de los enormes problemas que vivió México durante la mayor parte del siglo XIX, era más conveniente para todos armar una red de lealtades que permitiera al Ejecutivo gobernar sobre todo el país a cambio de que esos gobernadores no perdieran su parcela. En ese sentido, la Revolución tuvo éxito; ya que a ningún gobernador o cacique se le ocurrió aprovechar la anarquía reinante para separar a su estado de la unión. A cambio de mantener sus privilegios, los nuevos caciques se subieron al carro de la Revolución y mantuvieron la disciplina del Partido durante décadas, hasta que el sistema comenzó a desmoronarse.
¿Y en toda esta estructura creada a partir de alianzas y repartos, dónde queda la sociedad? pues afuera. Apenas estamos construyendo una ciudadanía consciente de sus derechos y obligaciones, y que esté dispuesta a exigirle a su gobierno que se comporte de forma conveniente. Y eso va a tomar muchas décadas, porque estamos acostumbrados a quejarnos del gobierno pero no a participar en él para cambiarlo.
Y es que las prácticas políticas han sido diseñadas para que el ciudadano no participe. En su origen los partidos políticos eran meras logias de "grilleros" que apoyaban a algún caudillo pero no tenían miras a largo plazo. Las elecciones mexicanas eran de forma indirecta, lo que quiere decir que los ciudadanos votaban para elegir a los electores que a su vez elegirían a los gobernantes. O sea, todo estaba puesto para ni siquiera fuera necesario un fraude electoral: con que el elector votara por quien él quería, ya fuera del gusto o rechazo de sus representados era suficiente; ya que además en muchos casos esos representados ni siquiera se enteraban de que había elecciones.
A Díaz le preocupaba muchísimo mantener un aparato electoral que legitimara a su gobierno e impulsó la realización de elecciones "limpias e incuestionables". Sólo había que asegurarse primero que los candidatos fueran convenientes tanto para el centro como para los estados. A quien se eligiera sería bueno para el sistema. Díaz dejó en manos de los gobernadores las elecciones estatales (aunque muchas veces tuvo que mediar entre los distintos grupos regionales para que no acabaran matándose entre ellos) y a cambio mantuvo un férreo control de los legisladores federales y la Suprema Corte de Justicia. También había que "promover el tedio" entre los ciudadanos, para que todos se quejaran pero nadie quisiera hacer algo para cambiar las cosas.
Madero fue el primero que creyó en la posibilidad de cambiar las cosas. Su libro "La sucesión presidencial en 1910" y la campaña política que llevó a cabo le mostró a muchos mexicanos que no tenían por qué vivir bajo el mismo esquema. Es una lástima que los mexicanos actuales no tengamos presente su ejemplo. Porque ahora, quizá más que nunca, los ciudadanos tenemos que participar en el gobierno de nuestro país. Nuestra abulia política se convierte cada vez más en un problema de seguridad nacional.
Si los ciudadanos no han participado en la política, y el Ejecutivo ha tenido que pactar con gobernadores y legisladores para mantenerse en el poder, ¿en dónde queda pues la Constitución? pues queda en su vitrina, limitada a ser un símbolo que se respeta pero no se cumple, tal como lo señalaron los virreyes novohispanos hace siglos. Medina apunta en su artículo que el Estado mexicano del siglo XX se construyó a partir de cinco acuerdos que pactaron los revolucionarios con otros poderes: el sector privado, los intelectuales, la clase política, los obreros y los campesinos. Me parece que le faltó mencionar a la Iglesia y al Ejército, con quienes también tuvo que conciliar, aunque los colocara fuera del sistema.
El Estado Revolucionario se vino abajo cuando rompió los acuerdos que mantuvo con esos otros personajes políticos: a los empresarios los golpeó con la nacionalización de la banca en 1982 (fomentando con este hecho el crecimiento del PAN y su llegada a la presidencia en el año 2000); los intelectuales (y por extensión el "grupo universitario") nunca perdonó la agresión sufrida en 1968; el PRI fue cada vez más una herramienta política del presidente en turno, hasta que Salinas casi lo desmoronó y Zedillo prefirió alejarse del partido (otra de las razones del triunfo Foxista). Por su parte, obreros y campesinos siempre fueron usados a conveniencia del Estado, lo que empeoró la economía de estos trabajadores durante décadas, ya fuera bajo el "nacionalismo revolucionario", o globalizados vía TLC.
El año 2000 era vital para crear nuevas estructuras que pudieran suplir a las anteriores. Y, como señala Luis Medina, fue otra oportunidad perdida. Vicente Fox no pudo (o no quiso) fajarse los pantalones para hacer las reformas que México necesitaba. Diez años más tarde, Felipe Calderón sigue peleándose con el Congreso, mantiene sus pactos con los "poderes fácticos" (como la maestra Elba Esther), se enfurece cuando Wikileaks nos confirma que Estados Unidos se preocupa cada vez más al ver que su vecino no está en paz, y el proyecto panista se hunde gracias a un presidente que creyó que podía legitimarse con una guerra sin importarle cuán larga y costosa pudiera ser.
¡Qué año más difícil! Nos ha tocado vivir una era interesante, como reza la antigua maldición china. Pero, a pesar de todo, también nos demuestra que hay esperanza. El verdadero cambio vendrá cuando cada ciudadano se responsabilice por sus propios actos, cuando entienda que tiene que participar para que las cosas mejoren, cuando venza su desgano ante la política y comprenda de una vez por todas que los "hombres providenciales" han sido nefastos para nuestro país. Que el recuerdo de 2010 nos sirva para mejorar todo lo malo que hemos vivido.





"La verdad prevalecerá": Julian Assange.


El editor en jefe de la página Wikileaks, Julian Assange, acaba de entregarse a la policía inglesa. Es muy pronto para saber si con esto termina la historia de la filtración más importante de nuestro tiempo, o si apenas está comenzando. Antes de entregarse, Assange escribió un artículo para el periódico The Australian, que creo será un documento histórico para todos aquellos investigadores que en futuro quieran saber qué pasaba a principios del siglo XXI:

In 1958 a young Rupert Murdoch, then owner and editor of Adelaide’s The News, wrote: “In the race between secrecy and truth, it seems inevitable that truth will always win.”

His observation perhaps reflected his father Keith Murdoch’s expose that Australian troops were being needlessly sacrificed by incompetent British commanders on the shores of Gallipoli. The British tried to shut him up but Keith Murdoch would not be silenced and his efforts led to the termination of the disastrous Gallipoli campaign.

Nearly a century later, WikiLeaks is also fearlessly publishing facts that need to be made public.

I grew up in a Queensland country town where people spoke their minds bluntly. They distrusted big government as something that could be corrupted if not watched carefully. The dark days of corruption in the Queensland government before the Fitzgerald inquiry are testimony to what happens when the politicians gag the media from reporting the truth.

These things have stayed with me. WikiLeaks was created around these core values. The idea, conceived in Australia , was to use internet technologies in new ways to report the truth.

WikiLeaks coined a new type of journalism: scientific journalism. We work with other media outlets to bring people the news, but also to prove it is true. Scientific journalism allows you to read a news story, then to click online to see the original document it is based on. That way you can judge for yourself: Is the story true? Did the journalist report it accurately?

Democratic societies need a strong media and WikiLeaks is part of that media. The media helps keep government honest. WikiLeaks has revealed some hard truths about the Iraq and Afghan wars, and broken stories about corporate corruption.

People have said I am anti-war: for the record, I am not. Sometimes nations need to go to war, and there are just wars. But there is nothing more wrong than a government lying to its people about those wars, then asking these same citizens to put their lives and their taxes on the line for those lies. If a war is justified, then tell the truth and the people will decide whether to support it.

If you have read any of the Afghan or Iraq war logs, any of the US embassy cables or any of the stories about the things WikiLeaks has reported, consider how important it is for all media to be able to report these things freely.

WikiLeaks is not the only publisher of the US embassy cables. Other media outlets, including Britain ‘s The Guardian, The New York Times, El Pais in Spain and Der Spiegel in Germany have published the same redacted cables.

Yet it is WikiLeaks, as the co-ordinator of these other groups, that has copped the most vicious attacks and accusations from the US government and its acolytes. I have been accused of treason, even though I am an Australian, not a US, citizen. There have been dozens of serious calls in the US for me to be “taken out” by US special forces. Sarah Palin says I should be “hunted down like Osama bin Laden”, a Republican bill sits before the US Senate seeking to have me declared a “transnational threat” and disposed of accordingly. An adviser to the Canadian Prime Minister’s office has called on national television for me to be assassinated. An American blogger has called for my 20-year-old son, here in Australia, to be kidnapped and harmed for no other reason than to get at me.

And Australians should observe with no pride the disgraceful pandering to these sentiments by Prime Minister Gillard and US Secretary of State Hillary Clinton have not had a word of criticism for the other media organisations. That is because The Guardian, The New York Times and Der Spiegel are old and large, while WikiLeaks is as yet young and small.

We are the underdogs. The Gillard government is trying to shoot the messenger because it doesn’t want the truth revealed, including information about its own diplomatic and political dealings.

Has there been any response from the Australian government to the numerous public threats of violence against me and other WikiLeaks personnel? One might have thought an Australian prime minister would be defending her citizens against such things, but there have only been wholly unsubstantiated claims of illegality. The Prime Minister and especially the Attorney-General are meant to carry out their duties with dignity and above the fray. Rest assured, these two mean to save their own skins. They will not.

Every time WikiLeaks publishes the truth about abuses committed by US agencies, Australian politicians chant a provably false chorus with the State Department: “You’ll risk lives! National security! You’ll endanger troops!” Then they say there is nothing of importance in what WikiLeaks publishes. It can’t be both. Which is it?

It is neither. WikiLeaks has a four-year publishing history. During that time we have changed whole governments, but not a single person, as far as anyone is aware, has been harmed. But the US , with Australian government connivance, has killed thousands in the past few months alone.

US Secretary of Defence Robert Gates admitted in a letter to the US congress that no sensitive intelligence sources or methods had been compromised by the Afghan war logs disclosure. The Pentagon stated there was no evidence the WikiLeaks reports had led to anyone being harmed in Afghanistan . NATO in Kabul told CNN it couldn’t find a single person who needed protecting. The Australian Department of Defence said the same. No Australian troops or sources have been hurt by anything we have published.

But our publications have been far from unimportant. The US diplomatic cables reveal some startling facts:

The US asked its diplomats to steal personal human material and information from UN officials and human rights groups, including DNA, fingerprints, iris scans, credit card numbers, internet passwords and ID photos, in violation of international treaties. Presumably Australian UN diplomats may be targeted, too.

King Abdullah of Saudi Arabia asked the US Officials in Jordan and Bahrain want Iran ‘s nuclear program stopped by any means available.

Britain’s Iraq inquiry was fixed to protect “US interests”.

Sweden is a covert member of NATO and US intelligence sharing is kept from parliament.

The US is playing hardball to get other countries to take freed detainees from Guantanamo Bay . Barack Obama agreed to meet the Slovenian President only if Slovenia took a prisoner. Our Pacific neighbour Kiribati was offered millions of dollars to accept detainees.

In its landmark ruling in the Pentagon Papers case, the US Supreme Court said “only a free and unrestrained press can effectively expose deception in government”. The swirling storm around WikiLeaks today reinforces the need to defend the right of all media to reveal the truth.


3 de diciembre de 2010

Wikileaks, Sun Tzu y la guerra contra el narco.


Al fin salieron los primeros cables de Wikileaks con información sobre México. Tuvimos que esperar casi una semana (quizá porque los que tienen los cables están más interesados en ventilar sus propios temas), pero ya aparecieron. Hay que decir que no revelan grandes cosas, mucho de lo que dicen ya lo sabíamos o por lo menos lo imaginábamos, lo importante es que no tuvimos que esperar varias décadas para saberlo.
A pesar de que muchos digan que el "Cablegate" (como lo ha llamado Wikileaks) no es importante, la reacción de muchos gobiernos en todo el mundo nos muestran lo contrario. Suecia ya lanzó una orden de arresto contra Julian Assange, quien al parecer está escondido en alguna parte del Reino Unido. Su página está bajo ataque cibernético y le cerraron el servidor, por lo que está mudándose a otro. El gobierno de Estados Unidos quiere la cabeza de Assange y hará todo lo que esté en sus manos para conseguirlo.
¿Y qué hay sobre México? el diario El País publica en su página que los Documentos Wikileaks señalan una "profunda angustia" en el gobierno mexicano, ya que, debido a su guerra contra el narcotráfico, ha perdido el control de varias zonas del territorio nacional.
Hillary Clinton pidió a sus diplomáticos en México que le informaran sobre cómo afecta a Felipe Calderón de manera personal esta matanza. Tanto el presidente como su gobierno están bajo una enorme presión, debido al narcotráfico, los problemas económicos y los pobres resultados del PAN en las pasadas elecciones. Mientras tanto, el ejército mexicano es visto como lento e ineficaz, una pieza débil dentro de una enorme estructura que se dedica a complotear contra sí misma. Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública, es pintado como un "perdedor" quien está resentido por lo haberse llevado todo el mérito en la operación de inteligencia que llevó a la muerte de Arturo Beltrán Leyva.
Total, el panorama no pinta bien y quién sabe cómo estarán las cosas el próximo año.
Desde que todo ésto comenzó, he leído recurrentemente un libro que, creo, nuestro presidente tuvo que haber revisado antes de lanzarnos a esta carnicería: El arte de la Guerra, de Sun Tzu. Hay varias citas en este libro que de haber sido leidas y meditadas, tal vez nos habrían llevado a vivir una situación diferente a la que ahora sufrimos. Les dejo algunos fragmentos:


La guerra es un asunto de vital importancia para el Estado; la provincia de la vida o de la muerte; el camino de la supervivencia o de la ruina. Se requiere estudiarla profundamente.



Cuando se reclutan tropas para castigar transgresores, el consejo del templo considera primero el grado de benevolencia de los gobernantes y de desconfianza de sus pueblos; después, la convenciencia de los ciclos de la naturaleza; finalmente, las circunstancias de la topografía. Tras una profunda deliberación de estos tres aspectos se nombra al general que lleve a cabo el ataque. Una vez que el ejército cruce las fronteras, la responsabilidad de dictar leyes y dar órdenes descansa en el general.



Cuando se trata a la gente con benevolencia, justicia y rectitud, y se coloca en ella la confianza, el ejército permanece unido de ánimo y sirve con alegría.



Si sabes qué gobernante posee influencia moral, qué comandante es más capaz, qué ejército aprovecha las ventajas de la naturaleza y el terreno, con qué reglas e instrucciones se llevan a cabo operaciones con más éxito, qué tropas son más fuertes, cuál tiene los oficiales y los hombres mejor entrenados, y cuál administra premios y castigos de un modo más inteligente, podré predecir de qué lado quedará la victoria y cuál saldrá derrotado.



Si un general es colérico, su autoridad puede alterarse fácilmente. Su carácter no es firme.



Lo más importante en la guerra es una velocidad extraordinaria; uno no puede darse el lujo de despreciar las oportunidades.



La victoria es el principal objetivo de la guerra. Si la victoria tarda en llegar, las armas pierden su filo y la moral decae. Cuando llegue el momento de atacar las ciudades, su vigor se habrá agotado.



Cuando un ejército emprende largas campañas, no bastan los recursos del Estado.



Cuando tus armas estén embotadas y apagado el ardor guerrero, agotada la fuerza y los fondos gastados, los gobernantes vecinos se aprovecharán de tus dificultades para actuar. Entonces, aun cuando tengas sabios consejeros, ninguno será capaz de crear buenos planes para el futuro.



Lo esencial en una guerra es la victoria y no inacabables operaciones.



Quien se esfuerza en ganar con espadas desnudas no es un buen general.



Quien está confundido en su propósito, no puede responder al enemigo.



Un ejército victorioso alcanza sus victorias antes de buscar combate; un ejército condenado a la derrota pelea con la esperanza de alcanzar el triunfo.



Se puede arrebatar a un ejército su espíritu y privar a un comandante de su valor.



Si un ejército ha sido despojado de su moral, también su general perderá el entusiasmo.



Cuando los enviados del enemigo hablan en términos humildes, pero continuan los preparativos, el enemigo va a avanzar.



Cuando las tropas se reunen continuamente en pequeños grupos y susurran entre sí, el general ha perdido la confianza del ejército.



Premios otorgados con mucha frecuencia indican que el general se halla al final de sus recursos; los castigos muy frecuentes, que está en angustia extrema.



En la guerra, los solos números no confieren ventaja. No avances confiado en el puro poder militar.





Durante 35 años, Porfirio Díaz fue el gran gobernante de México, el “héroe de la paz” que pudo terminar con las guerras civiles, reconstruyó la economía y puso a la nación entre las más importantes y civilizadas del planeta. Sin embargo, para los gobiernos de la Revolución Mexicana fue un dictador, un asesino, un autócrata que condenó a México a vivir en el atraso, la violencia y la degradación. A casi cien años de la renuncia y exilio de Porfirio Díaz, necesitamos reexaminar la figura de este gobernante y el país que condujo durante más de tres décadas, para dejar de lado los juicios y comprender su influencia en el México que vivimos actualmente. Los invito a inscribirse al diplomado "El Porfiriato, los años de modernidad y autoritarismo que transformaron a México", que impartiré en Casa Lamm. ¡Allá los espero!