17 de febrero de 2010

Clionáutica, en la Feria del Libro del Palacio de Minería


Fernando Macotela, director general de la Feria del Libro del Palacio de Minería, me hizo el honor de invitarme a dar una serie de conferencias sobre historia y otras locuras que hago en este blog. Los días que estaré en la feria son:

Domingo 21 de febrero, conferencia "Espejos enfrentados, hacia una historia del diario Excélsior", en el Salón de Rectores, a las 4 pm.

Viernes 26 de febrero, "¿Vale la pena saber un montón de cosas sobre un montón de gente que ya está muerta? el problema de la divulgación histórica", una conversación con mis amigos, el Dr. Miguel Ángel Hernández (UAM Azcapotzalco) y el Mtro. Othón Nava (Instituto Mora), Auditorio Tres, a las 6 pm.

Sábado 27 de febrero, conferencia "Lucas Alamán, un fantasma entre nosotros", Salón B seis, a la 1 pm.

Están cordialmente invitados, me encantará verlos por ahí.

15 de febrero de 2010

El pasado es ahora.


En este año bicentenario las voces que opinan sobre nuestro pasado se han multiplicado de forma innegable (así como yo comprenderé, jejeje). Ahora le toca el turno a Héctor Aguilar Camín, con su ensayo Actualidad del Pasado, publicado en la revista Nexos de este mes, como parte de la serie La Construcción de México.
Lo interesante de esta catarata de voces radica en que, muchas veces sin desearlo, surge un diálogo entre los autores que publican en distintos medios. Primero Florescano, luego González de Alba y ahora Aguilar Camín (junto con muchos otros) colaboran para que por lo menos, del Bicentenario nos quede la necesaria reflexión sobre nuestro pasado y hacia dónde queremos dirigirnos.
En su artículo, Aguilar Camín presenta diversas ideas:
Primero, debemos reconocer que somos un país en el que la historia está viva. Esto no es solamente un cliché; muchas de nuestras costumbres son tricentenarias, por lo menos, No vivimos en una nación que contempla su pasado muerto desde la vitrina de un museo. Nosotros sólo debemos salir a la calle para darnos cuenta de que aquello que fuimos sigue influyendo en nosotros y marca nuestra forma de ser.
Este "vivir de la costumbre" ha marcado especialmente nuestra historia política. No somos una nación que haya nacido en la democracia; la hemos ido construyendo poco a poco, con un paso muy errático pero constante pese a todo. A veces se nos olvida que nuestra primera costumbre política fue la monárquica-autoritaria, y que durante el siglo XIX comenzamos la transformación hacia un Estado repúblicano y democrático. Con muchos tropiezos, pero al final logramos construir instituciones liberales, y más aún; contamos ya con una cultura democrática que, por lo menos, nos permite darnos cuenta de aquello que es liberal y lo que no. Es cierto que falta muchísimo para que México sea un Estado moderno, pero por lo menos vivimos en una sociedad que ya puede diferenciar entre lo dictatorial y lo democrático.
La segunda costumbre política mexicana es mucho más compleja, tiene que ver con nuestra vida cotidiana y quizá es el mal más grande que sufrimos en este país: no respetamos las leyes. Desde el ciudadano más humilde hasta la corporación multinacional estamos acostumbrados a "darle la vuelta" a los códigos y reglamentos que tendríamos que obedecer. El viejo refrán español: "acátese, pero no se cumpla" sigue vivo entre nosotros, y mientras no construyamos una ciudadanía consciente de la importancia de las leyes y su cumplimiento, no hay forma de que salgamos adelante. Si tenemos por norma tirar basura en la calle, darle una mordida al funcionario para agilizar los trámites, comprar mercancía pirata y otras linduras, ¿cómo podemos exigirle a nuestras autoridades que respeten nuestro voto, que no utilicen a su gusto el presupuesto salido de nuestros impuestos y que permitan que nuestras riquezas naturales desaparezcan para siempre? Cada uno de nosotros tiene que empezar por respetar obedecer la ley, para que México realmente pueda cambiar.
Al final del ensayo, Aguilar Camín reflexiona sobre la amarga visión crítica que desde el presente lanzamos a nuestro pasado, como si quisiera referirse a lo dicho por González de Alba hace tiempo. Y Aguilar Camín señala que si bien la crítica es necesaria, también necesitamos reflexionar con más calma sobre la historia de nuestro país. No somos la gran potencia tecnológica o económica, pero tampoco hemos caído en la barbarie que ha marcado a las grandes civilizaciones. No hemos tenido a un Abraham Lincoln, pero tampoco hemos creado un José Stalin. No estamos acostumbrados a discutir libremente nuestra vida política como sí lo hacen otras naciones, pero a cambio jamás hemos tenido holocaustos o gulags.
Hemos pasado por cosas muy malas, tuvimos muchos errores y muchos crímenes, pero también nos hemos esforzado en hacer las cosas mejor. Como dice Aguilar Camín al final de su ensayo: "somos un país considerablemente mejor que el que hemos sido, aunque el país que somos sea tan imperfecto que merezca y justifique nuestras quejas".

8 de febrero de 2010

¿Orgulloso de ser mexicano?


Al parecer no, de acuerdo a lo que dice Luis González de Alba en su artículo de hoy en el diario Milenio. Tomando como base el slogan de la campaña institucional para conmemorar el Bicentenario y el Centenario, González de Alba señala cinco puntos que destruyen cualquier ánimo fiestero-patriótico que cualquiera pueda tener:
1.- Miguel Hidalgo, el dulce padrecito que nos llevó hacia la libertad, en realidad lo que hizo fue retrasar once años la Independencia de México, ya que con su movimiento sólo logró que los criollos que ya querían formar su propia nación se horrorizaran ante la violencia desatada y fortalecieran sus lazos con el Imperio Español. La rebelión de Hidalgo duró diez meses y el Virreinato siguió tan campante. (Por cierto, señala González de Alba, la "imagen oficial de Hidalgo" es en realidad la de un cura austriaco que venía con Maximiliano de Habsburgo, quien se apoyó en la figura del cura de Dolores para legitimar su imperio.)
2.- "Heredamos de España un territorio con más de cinco millones de kilómetros cuadrados, de los cuales nos quedan menos de dos. El resto lo perdimos tanto por agresiones extranjeras como por guerras civiles, maniobras políticas y corrupción. Actualmente "nadie en aquellos territorios perdidos suspira por devolverlos al gobierno mexicano", dice González de Alba.
3.-No hemos aportado gran cosa en los últimos 200 años de progreso mundial. "Nada que hoy sea parte de la vida civilizada nació o tuvo su impulso en México"
4.- Nuestros paisajes y riquezas naturales no son ningún mérito; ya estaban allí mucho antes de que nosotros llegáramos. Por el contrario, nosotros somos culpables de su deterioro.
5.- Las culturas prehispánicas que tanto presumimos no fueron tan importantes, (puesto que no contribuyeron a la construcción de la ciencia, la tecnología o las libertades actuales), y para empezar ni siquiera son mexicanas; puesto que lo que ahora llamamos Nación Mexicana es una combinación de culturas que surgió siglos después de que los grandes pueblos indígenas hubieran desaparecido.
Ante razones incendiarias como las presentadas, creo que podemos hacer dos cosas:
podríamos convocar a toda la población mexicana para que el próximo 15 de septiembre (o primero de mayo, o 15 de marzo, o cualquier fecha que les guste) hagamos una gran carrera; a la cuenta de tres todos salimos corriendo hacia Estados Unidos para abandonar este suelo que jamás debió existir. Seguramente los gringos movilizarán a su ejército para impedir la invasión y habrá muchos muertos, pero bueno, todo movimiento necesita mártires. Los que sobrevivan tendrán la dicha de vivir en una nación civilizada y olvidarán para siempre que alguna vez existió una cosa llamada México.
O, podemos tomarlo con calma, respirar profundo, y analizar una a una las razones expuestas por González de Alba.
Este artículo es un excelente ejemplo de lo que se llama "Historia Crítica", la que nos promete que al fin vamos a conocer "la verdad de lo ocurrido", y nos asegura que todo lo que nos contaron en la primaria es falso y debemos destruirlo.
De alguna manera, este artículo sirve de contraparte al que escribió Enrique Florescano en Nexos el mes pasado, y que también comenté en este blog. Uno señala que los argumentos presentados para conmemorar la existencia de México están errados, mientras que el otro dice que hay una serie de avances que hicieron posible que este país siga vivo, (a pesar de todo lo que le ha pasado) y que es justamente por eso que debemos festejarlo.
Yo creo que la verdad histórica sobre México está en algún punto a medio camino entre las interpretaciones de Florescano y de González de Alba (si acaso existe "la verdad histórica")
Es cierto que Hidalgo no era un dulce y puro padrecito de pueblo. Asesinó a mucha gente y cometió tropelías, pero no pudo retrasar una independencia que, para empezar, no era un hecho a consumarse. Es un error pretender explicar los acontecimientos históricos por su consecuencia y no por su desarrollo. Pensar que "de todos modos iba a darse la Independencia, pero Hidalgo la retrasó" es jugar con los hechos de manera conveniente.
Por cierto, el asunto de la imagen de Hidalgo lo explicó Laura Suárez de la Torre en la revista BiCentenarios, del Instituto Mora, y es más complejo que la explicación de González de Alba.
Que perdimos más de la mitad de nuestro territorio por las rencillas internas más que por las agresiones externas, es cierto. Que no hemos cuidado nuestro territorio, es verdad. Pero eso de que ni nosotros ni los pueblos prehispánicos tenemos valor porque no hemos aportado nada a la cultura universal en los últimos 200 años me suena exagerado. Sobre esa base podrían bien desaparecer gran parte de las culturas mundiales, ya que las está midiendo con un rasero utilitarista: "si no has aportado nada no mereces existir".
Me parece que en el fondo hay un problema de percepción en la manera en que hemos visto nuestra historia. O queremos aparecer como los grandes caudillos mundiales y nos sobrevaloramos, o creemos que somos la escoria del planeta y nos subvaloramos. Lo que la sociedad mexicana necesita (y muchos historiadores se esfuerzan día a día para lograrlo) es una visión madura de nuestro pasado, que señale los errores, pero también los logros, y que sobre todo nos ayude a construirnos un futuro mejor, puesto que lo merecemos.
O también podemos hacer la carrera multitudinaria hacia Estados Unidos, o China, o a cualquier lugar donde podamos despojarnos de nuestra cultura y nuestra responsabilidad histórica (en caso de que algo así sea posible...)