29 de noviembre de 2009

Y el PAQUETECLÍO es para:

Muchas muchas muchas muchas gracias a todos los que me enviaron felicitaciones por el primer año de CLIONAUTICA. Agradezco todos sus comentarios y buenos deseos, los cuales me impulsan para seguir navegando por la historia en este galeón que tantas buenas cosas me ha traído.
Luego de un arduo proceso de deliberación, el jurado (o sea, yo), ha decidido que el ganador del PAQUETECLÍO 09 es:

"la historia nos sirve para ser libres"

Leticia López Zamora



¡Gracias a todos los que participaron y estén atentos a nuestro próximo concurso!

21 de noviembre de 2009

¡Un año de CLIONAUTICA!


Noviembre de 2008 no comenzó bien para mí. Recién doctorado pero sin empleo a la vista, los días se me iban en buscar trabajo y navegar por la red. Antes de ser historiador trabajé un tiempo como periodista, y siempre he querido tener una columna en algún periódico. Como las probabilidades de que Reforma, Excélsior, El Universal o algún otro me contrataran eran casi nulas, se me ocurrió que podía crearme mi propio espacio, en lo que los grandes editores de la prensa descubrían que soy el columnista que todo México esperaba (irónicos, abstenerse...)

Ya sabía yo algo de estos juguetes del infierno llamados blogs, pero no se me había ocurrido tener uno hasta que me dí cuenta de que si quería ser columnista, no necesitaba buscar un espacio en los medios. Podía yo mismo crearme uno gracias a todas las ventajas que el ciberespacio nos brinda.
Fue así como, el 22 de noviembre de ese 2008 nació CLIONAUTICA, un espacio para hablar de historia con todo aquel que quisiera hacerlo. La premisa ha sido tratar todos los temas de forma tal que pueda interesarle a cualquier persona, aunque no sepa nada de historia. Sigo creyendo que el estudio del pasado es patrimonio de todas las personas y no sólo de aquellos que nos quemamos las neuronas en alguna universidad. Sin Historia no podemos comprender nuestro presente ni construir un futuro digno para todos.

En este año que se ha ido tan rápido he platicado con ustedes sobre muchas cosas: el avionazo de Muriño, el triunfo de Obama en Estados Unidos, el arco Bicentenario, las "zapatistas del amor", la importancia de "Remi" en la neurosis del adulto contemporáneo, las teorías de Hayden White sobre la metahistoria, los descendientes de Benito Juárez, la falsedad de la Profecía Maya, la Crisis que vive nuestro país según Daniel Cosío Villegas, los viajes de la Marquesa Calderón de la Barca y muchas más.

CLIONAUTICA es un galeón que ha podido navegar por la historia tal y como siempre quise hacerlo: entre el pasado y el presente, de lo profundo a lo frívolo, de la teoría más árida al chiste más escatológico y divertido.

Este galeón no podría estar a flote sin el apoyo de muchas personas: Felipe Castro, de H-México, me impulsó durante los primeros días de navegación; Manuel Zavala y Lenice Rivera de Artes e Historia México me dieron la oportunidad de tener un nuevo puerto en el cual atracar mi buque, Emeequis digital, dirigido por Ignacio Rodríguez Reyna, también me ha permitido escribir allí mis locuras historiográficas, así como los entrañables compañeros de CEINPOL me abrieron su página para continuar con mi navegación.

Pero sobre todo, te agradezco infinitamente a tí, que alguna vez caíste en este blog (aquí o en mi grupo de Facebook) y has soportado que te envié constantemente las locuras que escribo, y hasta me has honrado enviándome tus comentarios. Muchas, muchas gracias por tu apoyo.

Noviembre de 2009 ha sido un mes maravilloso, y viendo hacia atrás he refrendado mi amor por las historias: las que se escriben y las que se viven. ¡Muchas gracias a todos!

Y como CLIONAUTICA está de fiesta, pues les tengo la noticia de que tengo un regalo para ustedes: el PAQUETECLIO, que contiene:

-un CDROM de La Sucesión Presidencial en 1910, elaborado por el INEHRM.
-"Memoria Mexicana" un librazo de Enrique Florescano.
-"El secreto de la noche triste", de Héctor de Mauleón, a mi gusto la mejor novela histórica que se ha escrito últimamente en México.
- "Política, casas y fiestas en el entorno urbano del Distrito Federal", otro librazo, sobre cómo hemos festejado los capitalinos las fiestas patrias y otras cosas más, escrito por mi querida maestra Verónica Zárate.
- y "Conceptualizar lo que se ve", el homenaje que otras dos queridas maestras mías, Alicia Salmerón y Erika Pani hicieron a uno de los más grandes historiadores mexicanistas del siglo XX: Francoise-Xavier Guerra.

Quería yo incluir un calendario 2010 con los doce historiadores(as) más sexys de México, pero ninguno quiso posar para las fotos.

Todo este material, en un solo paquete, se lo voy a regalar a la persona que me escriba un mail a clionautica@gmail.com y me conteste, en menos de 20 palabras, la siguiente pregunta:

¿Para qué le sirve a México conocer su historia?

Recibiré las respuestas a partir de que suba este post, y hasta las 12 de la noche del próximo viernes 27 de noviembre. Daré a conocer al ganador el próximo lunes 30 de noviembre, y yo le enviaré el ¡PAQUETECLIO!
Gracias a tí CLIONAUTICA sigue navegando, porque entre el pasado y el presente está nuestra historia...



19 de noviembre de 2009

¿A dónde te fuiste, Revolución Mexicana?


Es el “invitado feo” de las próximas fiestas de 2010. El clásico pariente que llamas para que venga a tu cumpleaños con todas las ganas de que no se aparezca porque es un “mala copa” que se la pasa coqueteando con las mujeres, buscando bronca con los hombres, contando chistes de los que nadie se rie, y al final se pone a chillar hasta que lo duerme la borrachera.

En la publicidad gubernamental sobre los festejos del Bicentenario, la Revolución Mexicana ocupa un segundo lugar. No brilla tanto como la Independencia Nacional. Y es que es más sencillo sacar a relucir al padrecito Hidalgo, al valiente Ignacio Allende, al gran Morelos, a Doña Josefa y su esposo, a Mina, a Guerrero y a Guadalupe Victoria, porque para el discurso oficial, todos ellos pueden mezclarse en una sola idea: un grupo de patriotas mexicanos que dieron su vida para que el país dejara de ser una colonia española. “¿Pero que acaso no fue así?” podría preguntarme alguien, y yo tendría que contestarle que no, o que por lo menos no fue ese su único interés.

Lo que llamamos Guerra de Independencia es una etapa de nuestra historia en la que estuvo en juego mucho más que simplemente convertirnos en un nuevo país. Pero, al estar ya tan lejano, es más sencillo imponer un recuerdo y eliminar todos aquellos aspectos que chocan con el discurso oficial, como las matanzas de Hidalgo, el arrepentimiento de Morelos, y el hecho de que al final ellos no lograron la Independencia: ese mérito corresponde a uno de nuestros villanos favoritos: Agustín de Iturbide.

Para la propaganda gubernamental la Guerra de Independencia es muy simple y eso la hace fácil de utilizar. Además de que cuenta con un ritual muy poderoso que ha entrado en la psique del mexicano y que apela a sus emociones más escondidas: la fiesta del 15 de septiembre, en la que por una noche el presidente en turno se convierte en el heredero de todos los héroes nacionales y por ello tiene el derecho de tocar la campana del cura Hidalgo, llamando a las masas al festejo nacional.

Con la Revolución no pasa así. Me parece que, por lo menos para el gobierno actual, no es tan fácil manejarla como lo hace con la Independencia. Y ello se debe a dos motivos:

Primero, a pesar de que, como señala Daniel Cosío Villegas en un muy famoso ensayo, la Revolución Mexicana no tuvo un discurso ideológico claro (puesto que no es lo mismo el anarquismo de los Flores Magón que la democracia liberal de Madero que los reclamos campesinos de Zapata que el nacionalismo de Cárdenas, y otros más), al final dos ideas se impusieron en el imaginario colectivo sobre la Revolución: ésta se llevo a cabo para que a) nunca más el poder estuviera en manos exclusivamente de unas cuantas personas, y b)para que toda la población mexicana sin importar sus orígenes, pudiera tener una vida mejor.

Por esa razón durante el siglo XX (y luego de la matanza que caracterizó a sus primeras décadas) tuvimos un montón de presidentes que no se eternizaron en el poder y además el sistema político mexicano creó muchas instituciones que tenían por fin último beneficiar a las masas. Es entonces cuando surge la SEP con la intención de que todos los mexicanos se educaran, el IMSS y el ISSSTE para que no se enfermaran, la UNAM para producir conocimiento y capacitar a los futuros burócratas que tendrían de por vida un trabajo dentro del Estado, el INBA y el INAH para conservar y transmitir nuestra cultura, y otras instituciones más.

El hecho de que ese montón de presidentes provinieran del mismo grupo político y que esas instituciones hayan sido usadas para legitimar a los nuevos gobernantes no es relevante (en este caso). Quedémonos por ahora con la idea de que el sufragio era efectivo porque permitía la renovación constante de las personas en los cargos políticos, y que además el Estado se preocupaba por que sus habitantes vivieran cada vez mejor.

Entonces, el primer escollo de la Revolución Mexicana radica en la contradicción entre sus objetivos (tal y como los elaboró el recuerdo oficial) y sus resultados: Si mis abuelos se mataron hace 99 años para que yo pudiera elegir a mis gobernantes y para que tuviera una vida mejor, ¿por qué entonces me gobierna una bola de babosos que sólo piensan en sus intereses y yo vivo cada vez peor, con menos dinero, menos educación, menos salud y ante mí tengo un futuro incierto y horrible?

El segundo gran problema de la Revolución Mexicana (por lo menos para el gobierno actual) está en que durante décadas fue utilizada por el anterior sistema para legitimarse a sí mismo ante la nación. La lucha de personas con intereses tan distintos (y por ello mismo enfrentados entre sí) como Zapata, Villa, Obregón, Calles, Madero, Carranza, Cárdenas y otros, fue “licuada” por los gobiernos de la familia revolucionara para conseguir lo que señalé antes: un discurso en el que se estipula que todos ellos murieron para que el sufragio fuera realmente efectivo y los mexicanos tuvieramos un futuro esplendoroso, y para que esa familia revolucionara pudiera presumirse como la heredera de todos aquellos que pelearon contra los “enemigos de México”.

Ante una oligarquía que concentraba todos los recursos y mantenía esclavizada a la nación mexicana, los héroes revolucionarios se levantaron en armas, acabaron con el “gran traidor nacional” (don Porfirio Díaz) y con sus aliados (el clero, los empresarios y los militares), y crearon un nuevo sistema, democrático y nacionalista para el beneficio de las grandes masas. Ese es, a grandes rasgos, el discurso histórico que los gobiernos de la revolución impusieron al país desde 1916. La familia revolucionaria (PNR, PRM y PRI) se asumió como la única que tenía derecho a gobernar este país y a imponerle un proyecto nacional, porque tenía la legitimidad que le daba el ser la depositaria de todas las luchas contra la “reacción”, y porque sólo ella sabía lo que le convenía al país y cómo lograrlo.

El actual gobierno panista (surgido en el año 2000 y que ya lleva dos presidentes) no ha sido capaz de imponer una visión de la historia acorde con su proyecto nacional (en el caso de que tenga uno). El intento de crear una nueva versión del pasado nacional basado en la lucha de los soldados cristeros en el centro del país durante la primera mitad del siglo XX se ha estrellado contra la barrera ideológica que construyeron durante décadas los anteriores gobiernos de la Revolución. Simplemente es imposible pretender que la cristiada tiene la fuerza para lograr que una imagen tan poderosa como la de Francisco Villa pueda ser relegada del imaginario nacional.

El PAN tiene en su historia un elemento que podría usar para congregar a su alrededor a un amplio grupo de la nación mexicana: la lucha de un sector de la clase media urbana que desde los años 40 intentó transformar de manera pacífica a México con la intención de convertirlo en una nación moderna y democrática podría convertirse en un símbolo que hoy reuna a esa clase media tan golpeada desde finales del siglo XX. Sin embargo no puede hacerlo, porque para ello primero tendría que deshacerse de todos esos grupos oscurantistas que lo mantienen secuestrado y hoy determinan su postura ideológica.

El gobierno de Felipe Calderón se encuentra entonces ante el problema de tener que celebrar un momento de la historia mexicana que, para el grupo político del cual él proviene, fue profundamente negativo: la persecución religiosa y la destrucción del orden porfirista son vistas con horror por quienes actualmente nos gobiernan. Y si a eso le sumamos que el PRI (quien tiene toda la intención de volver a Los Pinos en 2012, si antes no se acaba el mundo...¿o será su regreso uno más de los signos de la profecía maya?) a pesar de todos sus cambios, giros ideológicos y esqueletos en el closet, todavía puede usar el discurso histórico que construyó sobre sí mismo durante el siglo XX, nos damos cuenta entonces de que la Revolución Mexicana está relegada en el proyecto 2010. El gobierno actual la festejará simplemente porque no le queda otra, pero no porque crea que puede empatar sus intereses con la imagen de un Emiliano Zapata.

Y todavía me falta mencionar otro factor por el cual el recuerdo de la Revolución preocupa al gobierno actual: la posibilidad de que muchos sectores descontentos ante la situación actual se valgan de ese símbolo para provocar un levantamiento armado es muy latente. El mito de que este país “evoluciona” con saltos centenarios es sólo eso, un mito, pero bien podría seducir a muchas personas por el simple hecho de que apela a los sentimientos y no a la razón. Mucha gente podría pensar: “Si Pancho Villa se lanzó a matar pelones (militares) en beneficio del pueblo, ¿por qué no podría yo hacer lo mismo?”. El mito de una posible revolución en 2010 está basado en el cansancio popular ante un gobierno ineficiente y tan corrupto como sus antecesores, la ignorancia ante las enormes diferencias que hay entre el México contemporáneo y el de hace 100 años, y la gran frustración acumulada durante años por la sociedad mexicana, ignorante de su pasado y atemorizada ante su futuro.

¿Qué hacemos entonces con la Revolución Mexicana? Además de celebrarla (de lo que estoy convencido), creo que es momento para que esa clase media culta e interesada por los problemas nacionales se apropie de los símbolos históricos y los use en su beneficio. La lucha de Madero por la democracia, de Carranza por establecer una nueva constitución, y de Villa y Zapata por mejorar las vidas de los mexicanos, tendríamos que utilizarlas para imponer de manera pacífica la creación de un nuevo pacto político, que tenga por objetivo la transformación real de este país y lograr que al fin tengamos lo que nos hemos merecido siempre: un presente mejor a nuestro pasado.

Lo que comenzó en 1910 puede servirnos para transformar a México a partir de 2010. Pero eso sólo será posible cuando la sociedad se responsabilice de sus actos, conozca y entienda su pasado y se atreva a apostarle realmente a su futuro.

10 de noviembre de 2009

El tesoro de Moctezuma...


Me gustan las novelas históricas. Creo que se necesita mucho talento para imbricar hechos verídicos con la fantasía para crear una estructura literaria que se sostenga de manera convincente. Recuerdo con gusto la lectura de uno de los clásicos de la literatura mexicana: La Sombra del Caudillo. Me gusta mucho la forma en que Martín Luis Guzmán consiguió presentar una historia que era conocida en México pero sufría la censura gubernamental: el asesinato de Francisco Serrano, compañero de armas de Alvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, quien decidió levantarse en armas para quitarle el poder a sus antiguos camaradas.
Hay muchas otras novelas históricas que me encantan, por ejemplo Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, El Seductor de la Patria, de Enrique Serna, Juárez, el rostro de piedra, de Eduardo Antonio Parra, y hasta Shogun, de James Clavell. Lo que no tolero es cuando un escritor pretende vendernos como real lo que simplemente es una ficción, como lo hace Francisco Martín Moreno; pero de eso ya he hablado ampliamente en otros artículos.
En esta ocasión quiero platicar sobre una novela que devoré gratamente. El “primer thriller novohispano de la literatura mexicana”. El secreto de la Noche Triste, de Héctor de Mauleón.
La anécdota sobre la que se basa el libro forma parte de la historia de nuestro país: en 1519, luego de la muerte de Moctezuma, Cortés y sus tropas se llevan todo el tesoro que los antiguos tlatoanis habían juntado durante siglos, con la intención de huir de Tenochtitlan. Sin embargo, son descubiertos por los aztecas, quienes los atacan y matan a la mayoría de los españoles. En esa refriega el tesoro que llevaban en sus alforjas desaparece (al parecer bajo las aguas del Lago de Texcoco). Dos años más tarde Cortés regresa, vence a los mexicas y una de sus primeras acciones es buscar el tesoro, pero jamás lo encuentra.
Cuauhtémoc, el último tlatoani, es torturado para que revele en dónde escondieron el tesoro los mexicas, pero no suelta ni una palabra. Tiempo después Cortés se lo llevaría a Guatemala, en donde lo acusó de pretender asesinarlo y lo ejecutó. Antes de morir, Cuauhtémoc (que se había convertido al cristianismo) habría confesado a un sacerdote la ubicación del tesoro. Este religioso fallecería más tarde, pero uno de los soldados de Cortés habría escuchado la confesión y se confabuló con un grupo de amigos para buscar el tesoro en cuanto regresaran a México.
Sin embargo, otros españoles (concretamente los que se habían quedado en México a gobernar la ciudad mientras Cortés estaba en Guatemala) también sabrían del tesoro y comenzarían una infructuosa cacería para encontrarlo.
Décadas más tarde, Juan de Ircio, descendiente de uno de esos conquistadores, se encuentra con la pintura de uno de ellos y un extraño anagrama, que poco a poco lo lleva a la búsqueda del tesoro perdido de Moctezuma.
Con gran pericia, De Mauleón nos lleva por las calles de esa Ciudad de México del año 1600. Un momento oscuro en nuestra historia en el que el mestizaje tenía apenas ochenta años de haber comenzado, y en lo que ahora llamamos Centro Histórico los grandes palacetes españoles convivían con solares llenos de restos de las antiguas construcciones mexicas.
Héctor de Mauleón es un respetado periodista cultural e historiador de la Ciudad de México. Actualmente es subdirector de la revista Nexos, escribe una columna en Laberinto, suplemento cultural de Milenio Diario y conduce los domingos, con Fernanda Solorzano, El Foco, uno de los mejores programas culturales que tenemos actualmente.
Además de ser un Thriller bien escrito, El Secreto de la Noche Triste tiene el valor de reconstruir una etapa de nuestra historia en la que, como señaló De Mauleón en una entrevista, muchas de las virtudes y los vicios que nos caracterizan tuvieron su origen. Entre la corrupción, el crimen, el desorden urbano, las diversiones populares, la cocina, la pintura, y el nacimiento de lo que siglos más tarde sería la cultura mexicana, El Secreto de la Noche Triste nos regresa a una etapa en la que la búsqueda de un tesoro marcó para siempre a la naciente sociedad novohispana.