27 de febrero de 2009

Carl Sagan y el equipo para detectar fraudes

Fue uno de los difusores de la ciencia más importantes del siglo XX. Con su serie de televisión "Cosmos" logró que millones de personas nos interesáramos por la naturaleza y los viajes espaciales. Carl Sagan dedicó su vida a investigar el universo. Fue astrónomo y entre muchas otras cosas promovió la búsqueda seria y científica de vida extraterrestre con el programa SETI.

Su último libro se llama El Mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad, y lo escribió poco antes de morir de leucemia, en 1996. En este trabajo, Sagan expresó su preocupación por el retroceso de la ciencia ante el avance de las falsas creencias. Cada vez más personas sabían sobre OVNIS, telepatía, magnetoterapia, el poder de las pirámides, el Triángulo de las Bermudas y cosas así, y al mismo tiempo desconocían los avances del conocimiento científico.

Se desprecia lo que se desconoce, y vivimos en una sociedad que depende totalmente de los descubrimientos que hace la ciencia en sus múltiples campos, pero no sabemos cómo se produce ese conocimiento. Esa es una de las razones de la fama de tipos como Jaime Maussán.

En El mundo y sus demonios…Sagan expuso un conjunto de procedimientos que debe seguir todo aquel que pretenda hacer un trabajo científico serio. Me parece que a los historiadores no nos vendría mal leer estos procedimientos, no porque nos sean desconocidos, sino porque nos dan otra visión de los aspectos que siempre debemos tener en cuenta para que nuestras investigaciones valgan realmente la pena.

Al mismo tiempo, cualquier persona debería conocer estos consejos: no sirven sólo para investigar las estrellas o el pasado; también son buenos para cuestionar a los políticos que nos gobiernan:

  • Siempre que sea posible tiene que haber una verificación independiente de los “hechos”.
  • Para promover un debate que valga la pena, hay que reunir todos los puntos de vista sobre el “hecho”.
  • Cuidado con los argumentos de autoridad: las “vacas sagradas” también se equivocan.
  • Siempre hay que tener más de una hipótesis. Ante un problema hay que plantearse diversas formas de explicarlo y luego pensar en cómo podrían refutarse esas formas. La hipótesis que sobreviva tiene más posibilidades de ser correcta, en lugar de quedarse con la primera que se nos ocurrió.
  • No te cases con la primera hipótesis que se te ocurra, simplemente porque se te ocurrió. Date la oportunidad de contrastarla con otras ideas; al final, si eres sincero, lo que importa es solucionar el problema y no meramente imponer tus opiniones.
  • Siempre que puedas, cuantifica. Aquello que es mensurable tiene más posibilidades de brindar una respuesta correcta.
  • Si tienes un argumento armado por varios eslabones, cada uno de ellos tiene que ser válido por sí mismo. Lo mismo funciona a la inversa: no se vale manipular un conjunto de hechos verídicos para producir una conclusión falsa (algo que es muy común).
  • La Navaja de Occam sigue teniendo filo: “a igualdad de condiciones, la solución más sencilla probablemente es la correcta”.
  • Es tan importante dejar claro lo que descubriste, como la manera en que lo descubriste.
  • Separa las variables. Comprende cada aspecto del problema antes de integrarlos y proponer una solución.


Las falacias más comunes y peligrosas de la lógica y la retórica:


a) El argumento ad hominem: en el que se ataca al que discute y no a su argumentación.

b) El argumento de autoridad: que nos lleva a aceptar lo que dice una persona simplemente porque le tenemos confianza, y no por los datos comprobados que haya exhibido.

c) El argumento de consecuencias adversas: “Vale más lo malo por conocido que lo bueno por conocer”, o “el mal que estamos sufriendo es nada comparado con lo que tendríamos que padecer si no hubiéramos tomado esa decisión”

d) La “Llamada a la ignorancia”: declarar que todo lo que no ha sido demostrado debe ser cierto, y viceversa. “Todos los políticos son ladrones”, a pesar de que la vida política mexicana parece argumentar lo contrario, no tenemos pruebas para asegurar que TODOS se dedican a robar al Erario

e) El “argumento especial”: una respuesta no argumentada a un problema, y cuyo valor está en otros aspectos, como la confianza en el peso de una autoridad. “¿Por qué el gobierno permitió que operaran empresas fantasma que especulaban con fondos muy riesgosos que al final quebraron, dejando en la calle a miles de inversionistas? Argumento especial: lo que pasa es que tú no entiendes sobre el mercado financiero y no conoces la legislación que existe al respecto”.

f) “Selección de la observación”, enumerar las circunstancias favorables y esconder las desfavorables. Cualquier anuncio de un partido político en el que presentan sus aciertos, pero jamás hablan de sus errores.

g) El manejo conveniente y manipulado de las encuestas, sin ofrecer una metodología clara sobre su realización.

h) Argumento non sequitur, “no sigue” en latín, es una proposición que simplemente no permite que se le rebata. “Ganaremos la guerra contra el narcotráfico”. ¿No habría otras formas de tratar los problemas que generan la producción, la distribución y el consumo de las diferentes drogas que existen?

i) “Post hoc, ergo propter hoc”, en latín significa “después de esto, luego a consecuencia de esto”: “Desde que las mujeres salen a trabajar, la delincuencia se ha disparado debido a la desintegración familiar”.

j) Pregunta sin sentido: ¿Qué hubiera pasado si a Colosio no lo hubieran asesinado? Es imposible modificar el pasado.

k) La falsa dicotomía: “si no eres parte de la solución, eres parte del problema”, o “los derechos humanos son para los humanos, no para las ratas”. Separa a todos en dos grupos: humanos y ratas, y se arroga el derecho de decidir quién merece ser protegido por la ley y quién no.

l) El corto plazo contra el largo plazo, preferir lo “urgente” sobre lo “importante”: “es urgente terminar con la delincuencia, pero el Estado no cuenta con los recursos económicos y políticos suficientes para mejorar el nivel educativo de la sociedad”. Si no atiendes realmente el segundo problema, jamás solucionarás el primero.

m) Confusión de correlación y causa: “El narcotráfico se ha convertido en un serio peligro para la supervivencia del Estado Mexicano, por eso hay que prohibir los narcocorridos.”

n) El “hombre de paja”, caricaturizar una postura para atacarla fácilmente: “Los que se oponen a la participación de la Iglesia Católica en la vida pública son simplemente unos talibanes del liberalismo”

o) Manejarse con medias verdades: “Estaríamos mejor con López Obrador” ¿Por qué? Nadie puede garantizar que López Obrador se habría enfrentado a los problemas que ahora vivimos, ni que intentaría resolverlos de la misma manera en que lo hace Felipe Calderón.

p) Palabras equívocas: “El peso se deslizó 30% con respecto al dólar”, para no decir que el peso perdió su valor.


26 de febrero de 2009

"Juárez, no debió de morir..."

Hasta donde sé, son pocas las familias de personajes históricos mexicanos que dediquen sus esfuerzos a preservar el recuerdo de sus antepasados. Recuerdo a las Doctoras Rosa Helia y Guadalupe Villa, quienes han escrito varios libros bastante buenos sobre su abuelo, el Centauro del Norte; también me acuerdo del excelente trabajo que hacen los descendientes de Plutarco Elías Calles al manejar el Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca; un maravilloso lugar en el que los investigadores podemos consultar los documentos del "Jefe Máximo de la Revolución". Sé que la familia del expresidente Miguel Alemán Velasco tiene una fundación a la memoria de su pariente; y Carlos Tello Díaz escribió hace varios años la historia de los últimos años de su ancestro, Porfirio Díaz, pero fuera de ellos no tengo memoria de otros casos.
Todo esto viene a colación porque ayer se anunció la creación de la Fundación de la Familia de Benito Juárez García. Poniendo de lado el bochornoso espectáculo que hicieron ayer en Palacio Nacional (y que los llevó a realizar la presentación de la Fundación en el Edificio del Ayuntamiento de la Ciudad de México), la "Fundación Juárez",(para abreviar) me parece un buen intento por preservar el recuerdo de uno de los mexicanos fundamentales de nuestra historia, y al mismo tiempo hacer algo para ayudar a que algunos de los problemas que vivimos se aminoren.
La idea de hacer una fundación surgió hace varios meses, cuando se reunieron los descendientes del Presidente Juárez, aproximadamente 300 personas que representan a la cuarta, quinta, sexta y séptima generaciones de descendientes de don Benito. Con el apoyo de la Comisión para los Festejos del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución en la Ciudad de México, (Bi100, para abreviar, también) y del Municipio de Dolores, Hidalgo, planean haer varios actos para recordar al Presidente.
Del 12 al 15 de julio realizarán la "Semana Nacional de Homenaje a D. Benito Juárez". Los festejos comenzarán el día 12 en Guanajuato, con una guardia de honor en el Monumento a los Héroes, luego habrá una ceremonia en el portal de Juárez y presentarán los cortometrajes sobre la Independencia de México producidos por Bi100 (que, supongo, son los que transmitieron hace varios meses por Canal 22).
El día 13 habrá una ceremonia en la Delegación Azcapotzalco para conmemorar la entrada de Juárez a la Ciudad de México en 1867, luego de vencer a las tropas del Emperador Maximiliano.
El 14, presentarán la gaceta Bi100: Juárez y la generación de la Reforma, y la miniserie para televisión e internet Juárez y el triunfo de la República.
Los festejos terminarán el 15 de julio con una ceremonia en Palacio Nacional (si los hechos de ayer no han cambiado los planes), en la que el actor Héctor Bonilla leerá el discurso que pronunció Juárez ese mismo día en 1867.
Por otro lado, la Fundación tiene por objetivo promover el desarrollo de la población indígena oaxaqueña, principalmente a través de impulsar proyectos ecoturísticos. Suena a que quieren hacer empresas autosuficientes que sirvan para crear riqueza en la zona oaxaqueña y que ésta permita que los indígenas tengan mejor alimentación, servicios de salud, educación, y todo lo necesario para que salgan de la pobreza. Ojalá así sea, porque de otra forma sólo servirá para que algunos se hagan ricos, mientras los indígenas tendrán que hacer lo mismo que hizo Benito Juárez en 1818: emigrar. Él se fue a Oaxaca para educarse, ellos se van a Estados Unidos (a pesar de la crisis) a buscar lo que su patria siempre les ha negado.
La Fundación Juárez también quiere conseguir una casa en el Centro Histórico para alojar un Centro de Investigaciones sobre Benito Juárez. También deseo sinceramente que lo logren, ya que todavía hay mucho que investigar sobre Don Benito.
Sólo espero que la Fundación Juárez sea un esfuerzo sincero por difundir la obra del presidente, y no se convierta en un mero negocio familiar. El altercado que tuvieron ayer en Palacio Nacional varios miembros de la familia Juárez no augura nada bueno, ojalá me equivoque. Al tiempo. Mientras tanto, escuchemos un gran homenaje musical al Benemérito: el danzón "Juárez". Dicen sus biógrafos que al Benemérito le encantaba bailar; quizá le hubiera gustado esta pieza para bailarla con su esposa Margarita.






24 de febrero de 2009

¿Verde? ¿Blanco? ¿Rojo?



Fue un lunes. Todas las catástrofes comienzan en lunes. Ocurrió en el patio de mi secundaria, una casa señorial de los años 20 en la colonia Condesa de la Ciudad de México, que alguien convirtió en un colegio de sistema "activo". Las ceremonias de honores a la bandera siempre son buen pretexto para el relajo de los escuincles y el enojo de los docentes, pero todo ello puede incrementarse si entre los presentes está el inspector de zona.
Todo iba bien en la ceremonia (tan bien como puede ir en una secundaria "medio libre" o sea, todos fingiendo atención y pensando en cualquier cosa), cuando, entre los sonores acordes del himno nacional, entre aquellas estrofas que nos recuerdan a los que nos dieron patria, empezó a sonar una ochenterísima canción del grupo "The Outfield".
Esos segundos que tardó el encargado de la grabadora en apagarla fueron memorables. En medio de un silencio rijoso y chacotero el inspector de zona puso cara de "indignación nacional" mientras la directora veía como el negocio familiar estaba a punto de desaparecer gracias a un fan del pop británico.
Pero el gran final estuvo a cargo de la abanderada. Una preciosa chica con excelente promedio quien se contagió del fervor "popero revolucionario" y decidió que era un buen momento para demostrar su "enojo ante el sistema".
Como el edificio en el que estábamos había sido una mansión (y no estaba diseñado para ser una escuela), para salir del patio había que pasar por un espacio techado que originalmente servía como garage. Me consta que en otras ocasiones ella siempre tuvo cuidado (¿Cómo lo sé? pues porque yo siempre era el tipo que se pone atrás para darle órdenes a la escolta). Pero ese era "su momento", y aunque fuera de manera símbolica, había que sumarse a la sublevación. Desde ese día, la bandera de nuestra secundaria fue verde, blanca, roja y gris, luego de que ella, mientras la escolta entraba a ese espacio techado, colocó el asta en posición horizontal para que el lábaro patrio barriera ese patio lleno de hormonas de pubertos.
24 de febrero, Día de la Bandera...¿qué decir de ella? Creo que es como ese jarrón viejísimo que alguna tía nos heredó y que no sabemos en dónde colocar pero nos encanta presumirlo a las visitas. Nunca he visto una protesta callejera, plantón o manifestación en la que falte una bandera nacional; sin hablar, por supuesto, de las fiestas patrias y cuando la "decepción nacional de futbol" sale a la cancha a defender nuestros colores.
Sin embargo, fuera de esos momentos, me parece que la Bandera nos es lejana. Creo que es algo que el gobierno y los medios de comunicación nos lanzan a la cara en los momentos necesarios para que los ciudadanos inundemos nuestros corazones con el fervor patrio y nos sumemos al proyecto nacional. Y eso que, con todos los cambios que ha sufrido, en esencia siempre ha estado presente en la vida nacional (la pequeña y la grande) desde 1824: los tres colores en posición vertical y al centro el águila, la serpiente y el nopal. Este es un buen espacio para añadir un comentario a una pregunta clásica: ¿qué significan los colores de la bandera nacional? y la respuesta es: nada.
O por lo menos, oficialmente, no significan nada. Originalmente (al triunfo de Agustín de Iturbide en 1821), el verde era por la Independencia, el blanco por la Religión Católica y el rojo por la unión de la sangre española y americana. Con el paso del tiempo surgieron otras interpretaciones de los colores verde y blanco, como esperanza y pureza. El rojo siempre se asocia con la sangre y la unidad.
Sin embargo en la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales que entró en vigor en 1984, no hay ninguna mención sobre algún significado de los colores.
No sé si la Comisión del Bicentenario se haya dado cuenta de ello, pero 2010 es un buen momento para darle un significado oficial a los tres colores. Sólo espero que no se les ocurra una interpretación "por microondas" del verde, el blanco y el rojo. Sería horrible que ahora nos dijeran que el primero significa "empleo", el segundo "elecciones" y el tercero "alto a la delincuencia".
Y no es que esas tres cosas no sean urgentes; lo que pasa es que un símbolo nacional debe referirse a lo que es importante para una comunidad y no sólo a sus problemas actuales. Una bandera es la insignia de un proyecto que pretende durar siglos y como tal debe ser un punto de unión entre el pasado, el presente y el futuro de un país. Por eso, el significado de cada color debería ser tan profundo y al mismo tiempo tan sencillo que sirva para unificar a la sociedad, para reconciliarla con su pasado y ayudarla a construir su mañana. Porque todos esperamos que en 2110 existan los Estados Unidos Mexicanos, y sean mejores que nosotros, ¿o no?
En 1914, los sobrevivientes de la matanza ocurrida por la renuncia de Porfirio Díaz y el asesinato de Francisco I. Madero se reunieron en Aguascalientes para establecer un pacto nacional que terminara con la violencia y la crisis que sufría México en esos momentos.
Carrancistas, Villistas y Zapatistas reunidos decidieron que, como gesto de unidad, cada miembro de estos grupos debía estampar su firma sobre la bandera nacional.
Antonio Díaz Soto y Gama, ideólogo zapatista, se acercó al lábaro, para decir que la bandera mexicana era "un símbolo de una mentira histórica, la insignia del triunfo de la reacción clerical que instauró el imperio de Iturbide", por lo que, enardecido, la tomó en sus manos para romperla.
En ese momento, todos los revolucionarios desenfundaron sus pistolas para matar a Soto y Gama. Por unos segundos, nadie se movió. Hay quien dice que Soto y Gama simplemente se cruzó de brazos y dijo que cuando terminaran, él continuaría con su discurso. Otros señalan que el político se puso blanco, pero alcanzó a decir que la bandera "se había santificado" al ser el símbolo de las tropas republicanas durante la invasión francesa de 1862.
El caso es que Soto y Gama salvó su vida, y por un breve instante, todos los revolucionarios presentes se unieron bajo una causa: defender a la bandera. Poco después volvieron a pelearse y la violencia nacional fue pan de todos los días durante varios años más; pero por un momento, los integrantes de grupos políticos tan diferentes se consideraron parte de un mismo proyecto nacional.
Porque para eso sirve la bandera: para unirnos a todos.
Un gran beso a esa abanderada, dondequiera que esté, y aunque suene muy patriotero, ¡feliz día de la bandera!



23 de febrero de 2009

Un mapa para la Independencia.


Por Marcela Guerra Noriega


Es simplemente enorme la cantidad de libros que se han escrito sobre el movimiento insurgente. Desde las primeras obras propagandísticas hasta los estudios más recientes, el campo historiográfico independentista es casi bicentenario, como el hecho que festejaremos en 2010. Un historiador que pretenda investigar esta etapa se encuentra frente a un gigantesco panorama compuesto por los textos que al respecto existen, y para un lector que desea conocer un poco sobre este momento puede ser atemorizante encontrarse con tantos libros sobre el tema.

Investigar el movimiento Independentista es como adentrarse en un tupido bosque; hace falta un mapa que pueda guiar al viajero en su empresa. Y eso es lo que Antonio Annino y Rafael Rojas ofrecen en este volumen. Ambos cuentan con una amplia experiencia en el medio historiográfico y son miembros de la División de Historia del Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE.

El libro está dividido en dos grandes apartados: el primero consiste en una presentación de aquellas líneas generales sobre las cuales se ha investigado el proceso independentista desde 1808 y hasta 2005; y el segundo es una extensa bibliografía, que rescata la mayoría de lo que se ha escrito al respecto en casi doscientos años.

Antonio Annino se dedicó en este volumen a investigar cómo se escribió sobre la Independencia durante el siglo XIX. Analizó la construcción de la idea de nación y su importancia para el desarrollo de la historia, para luego enfocarse en tres periodos fundamentales: la etapa del patriotismo criollo novohispano (en la que surgió la idea de que México merecía ser un país separado de la monarquía española); el momento posterior a 1821, cuando el país vivió una constante crisis política y económica; y por último el surgimiento de un nuevo poder que logró integrar a los diferentes grupos políticos durante el Porfiriato, hasta su momento cumbre en 1910.

Por su parte, Rafael Rojas se dedicó a analizar la historiografía independentista del siglo XX. Comenzó con aquellas obras que se escribieron durante los festejos del Centenario, comenta después el enfrentamiento de facciones que se dio durante la Revolución, y termina concentrándose en el surgimiento de una historia académica que empezó a la mitad del siglo pasado con la revisión del periodo virreinal y continúa hasta el día de hoy, con el trabajo que se lleva a cabo en numerosos centros de investigación y universidades en México y el extranjero.

De la historia de la Independencia novohispana se puede decir lo mismo que de la Revolución Mexicana: ambas fueron una suma de revoluciones, de movimientos con intereses diversos que muchas veces terminaron enfrentados entre sí. En la historia que comenzó en 1810 encontramos grupos que deseaban un México separado de España pero que compartiera con ella un gobierno supranacional; también estaban los que querían el nacimiento de una nación soberana; los que sólo deseaban que los criollos gozaran en América de los mismos derechos que tenían los peninsulares; y un amplio grupo que se benefició apropiándose de bienes ajenos.

Esa diferencia de intereses hizo que la escritura de una historia de la Independencia nacional fuera una labor muy compleja; y más aún si tomamos en cuenta que cuando ésta se logró no dio paso a una era de progreso (como lo esperaban los patriotas criollos). El México independiente vivió sus primeras décadas en medio de una profunda crisis política y en el riesgo constante de desaparecer. Tuvo que pasar casi medio siglo para que la nación lograra pacificarse y construir un proyecto de futuro en el que se hizo necesaria una historia que le diera sentido y dirección.

Si bien la Revolución Mexicana también enfrentó a múltiples facciones, su resultado final logró que se consolidara una historia patria, la cual también servía para justificar la existencia del nuevo aparato Estatal; pero fue hasta el siglo XX, con la profesionalización de la historia, cuando la Independencia fue vista con un cariz distinto. Surgieron nuevos temas, producto de la inquietud de los historiadores. Ya era posible preguntarse sobre la influencia internacional en el proceso, la participación de las masas, el papel de la economía, el rol jugado por las creencias durante la rebelión y muchos otros más.

La enorme bibliografía incluida por Annino y Rojas es prueba de ello. En un libro relativamente pequeño (y bellamente diseñado), los autores lograron condensar un enorme cúmulo de ideas sobre la Independencia, lo que lo convierte en un texto guía fundamental para adentrarse en esta etapa de la historia de México.


Antonio Annino y Rafael Rojas, La Independencia. México, FCE/CIDE, 2008.

20 de febrero de 2009

Gerónimo, Skull and Bones y la cabeza de Francisco Villa



Los descendientes del líder indígena Gerónimo, han demandado a la Universidad de Yale, al gobierno de los Estados Unidos y a la sociedad secreta Skull and Bones, exigiendo que les regresen la cabeza de su antepasado.
Como informa The Huffington Post, Harlyn Gerónimo, bisnieto del guerrero apache, entabló su demanda el martes 17 de febrero, justo cuando se cumplieron los cien años de la muerte de su bisabuelo.
Gerónimo fue un jefe de indios apaches que con su gente asoló el norte de México y el sur de Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XIX. Inconforme ante el avance agresivo de la población norteamericana, que les quitaba sus tierras y los condenaba a la extinción, Gerónimo se negó a aceptar ese destino, por lo que tuvo varios enfrentamientos con los ejércitos mexicano y norteamericano. Sin embargo, en 1894 fue capturado y llevado a Fort Sill, en Oklahoma, donde pasó sus últimos años, hasta que murió de neumonía en 1909.
En 1918, su sepulcro fue violado y le cortaron la cabeza, de la cual no se supo durante varios años, hasta que en 2005, el historiador Marc Wortman encontró una carta en la que se narraba el resto de la historia.
Durante 1918, una unidad del ejército norteamericano compuesta por alumnos de la Universidad de Yale fue estacionada en Fort Sill. Entre ellos, había miembros de una sociedad secreta que está fuertemente relacionada con la historia de la élite política y económica de Estados Unidos: Skull and Bones.
Esta orden nació en 1832 en Yale, debido a una disputa entre distintas sociedades estudiantiles. A resultas de ésto, un grupo de alumnos decidió crear su propia organización, y para ello eligieron como su primer presidente a William H. Russell, miembro de una acaudalada familia norteamericana y que había estudiado en Alemania por algún tiempo.
Russell le dijo a su nueva sociedad que, estando en Europa, había sido iniciado en una sociedad secreta vinculada con los Illuminati y que rendía culto al número "322", al que le daban algún poder mágico.
Con la autorización de sus superiores en Alemania, y las riñas entre estudiantes en la Universidad de Yale, Russell fundó una rama en Estados Unidos, a la que llamaron Skull and Bones.
Cada año, desde 1832, Skull and Bones invita a 15 estudiantes de último año de Yale para que se integren a la sociedad. Lo que la diferencia de otros grupos estudiantiles como Phi Beta Kappa es el estricto secreto con el que se conducen. Tienen prohibido revelar los nombres de los miembros y las actividades que realizan.
Al estar en una universidad de élite, y con ese obligatorio voto de silencio, Skull and Bones se convirtió en un espacio de socialización en el que se establecían relaciones que duraban para toda la vida, y que influían en la vida política y económica norteamericana, pues al salir de Yale los "Bonesmen", se integraban rápidamente a las altas esferas del gobierno y la iniciativa privada.
En 1985, el historiador Antony C. Sutton tuvo acceso a una lista de miembros de la orden, en la que encontró a políticos muy importantes, como Henry Luce, McGeorge Bundy, George Bush (padre e hijo) y John Kerry. Hay que decir también que la difusión de esa lista de miembros, junto con la foto que ilustra este post (en la que aparece George Bush hijo, junto al reloj), nos muestra que no es tan secreta como parece, o que no tiene todo el poder para controlar la información que circula sobre ella.
Una leyenda sobre los Skull and Bones dice que en su edificio particular -conocido como "La Tumba" y que está dentro del campus de la Universidad de Yale- guardan reliquias que se han robado de distintas partes del mundo, y una de ellas sería la cabeza de Gerónimo. Por esta razón y basado en los documentos que descubrió Marc Wortman, el bisnieto del líder apache decidió demandarlos.
Skull and Bones y la Universidad de Yale no han respondido hasta el momento sobre la demanda, pero como ésta involucra también al gobierno de los Estados Unidos, puede ser que en poco tiempo el caso cobre relevancia.
¿Qué tiene todo esto que ver con Francisco Villa?, pues que la leyenda dice también que Skull and Bones tiene la cabeza del Centauro del Norte, luego de que fue separada de su cuerpo el 5 de febrero de 1926.
Villa se volvió famoso en Estados Unidos gracias a sus proezas revolucionarias y a las películas que se filmaron sobre él (en las cuales aparece como actor principal, y por las que recibió algún dinero). Sin embargo, luego del ataque a Columbus en 1916 que provocó la expedición Pershing, Villa se convirtió en el "villano favorito" de los norteamericanos.
Luego de su asesinato en 1923, Villa estuvo enterrado en Parral, Chihuahua, hasta que fue exhumado para traerlo al Monumento a la Revolución, sin cabeza.
¿Será verdad que una sociedad secreta estudiantil formada por niños bien norteamericanos tienen los cráneos de un líder apache y de un guerrillero mexicano? No hay forma de saberlo, por ahora. Pero si la demanda de Harlyn Geronimo prospera, quizá podríamos también aclarar un detalle oscuro de nuestra historia.



16 de febrero de 2009

Católicos norteamericanos vs. laicos mexicanos.


Por Ana Patricia Torres.


La Guerra Cristera es por derecho un capítulo de la Revolución Mexicana. El enfrentamiento entre los católicos y el Estado Mexicano fue producto de la Constitución promulgada en 1917 y las medidas que regulaban el papel de la Iglesia en el país. Sin embargo, no todos los acontecimientos vinculados a esta rebelión se dieron en México, ni fueron realizados exclusivamente por gobiernos extranjeros; también fue importante el rol desempeñado por organizaciones católicas, quienes sostuvieron una campaña contra el gobierno mexicano para conseguir que la Iglesia conservara sus antiguos fueros.

La Cruzada por México es un ejemplo de ello. Entre 1914 y 1938 la National Catholic Welfare Conference y los Caballeros de Colón cabildearon ante su gobierno para presionar al Estado mexicano, que en esos años estaba aplicando diversas medidas que minaban el poder que la Iglesia Católica había tenido durante años en el país.

Jean Meyer analiza la historia de estas organizaciones y también la de la Iglesia Católica en Estados Unidos entre los siglos XIX y XX. Los católicos pasaron por una fuerte crisis, ya que eran vistos como “antiamericanos”, “falsos cristianos” y “súbditos de un monarca absolutista” (El Papa). La Iglesia tuvo que hacer un gran trabajo para lograr que las comunidades de inmigrantes católicos que llegaron a Estados Unidos durante el siglo XIX se integraran a la sociedad de su nuevo país. El esfuerzo tuvo éxito y los católicos se convirtieron en un grupo de poder; aunque en su interior había un conflicto entre aquellos que consideraban que era necesario mantener la autoridad del Sumo Pontífice sin limitación alguna, mientras que otros pensaban que era momento de que los laicos tuvieran un papel más importante en el gobierno de la Iglesia.

Al comenzar la Guerra Cristera, la Iglesia norteamericana acogió a aquellos miembros del clero que huyeron de México, hizo campañas de propaganda contra el gobierno de Calles y se acercó a la Casa Blanca para que ésta lo presionara. Sin embargo, el gobierno americano tenía otros asuntos pendientes con México, principalmente el tema petrolero, por lo que prefirió mantener una relación cordial con su vecino del sur.

A través de las negociaciones entabladas por los embajadores Dwight Morrow y Josephus Daniels, la Casa Blanca contribuyó a resolver el conflicto cristero, aunque esto no se logró en su totalidad y la Iglesia americana siguió quejándose por la manera en que los católicos eran maltratados durante el Cardenismo, especialmente con los actos de Tomás Garrido Canabal. Por su parte, México llegó a un acuerdo con la Iglesia Católica sin tener que enmendar la Constitución de 1917, y mantuvo su relación cordial con Estados Unidos, lo que fue de vital importancia cuando nacionalizó la industria petrolera en 1938.

El autor de este libro es ya un clásico en la historiografía mexicana; francés con muchos años viviendo en México, su tema de investigación más famoso ha sido la Guerra Cristera (de dónde salió La Cristiada, su principal trabajo). Sin embargo, Jean Meyer no se ha constreñido nada más a ese tema: también ha investigado la invasión francesa a México en 1862 y el conflicto entre católicos y ortodoxos; y además es director de la revista Istor.

La Cruzada por México se elaboró con un extenso trabajo de fuentes, muchas de ellas inéditas hasta este momento, como los fondos relativos a la Guerra Cristera existentes en el Archivo Histórico del Arzobispado de México, los archivos de los Caballeros de Colón y de la National Catholic Welfare Conference, el Archivo de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa y otros.

La mayor contribución de este libro es la de ofrecer un aspecto hasta ahora desconocido de la Guerra Cristera: la participación de asociaciones católicas norteamericanas en el conflicto y el peso que llegaron a tener ante el gobierno de su país. A pesar de que, a principios del siglo XX, muchos sectores de la sociedad americana seguían viéndolos como un peligro para Estados Unidos, los católicos superaron conflictos internos y externos y se convirtieron en un grupo político muy fuerte. Como miembros de la misma Iglesia, consideraban que las acciones tomadas por el gobierno mexicano contra sus hermanos de fe también los afectaban directamente. La Cruzada por México tiene el gran valor de presentarnos esos movimientos clericales que también eran ciudadanos, y nos demuestra que el conflicto religioso mexicano se libró en distintos frentes y en diferentes países.


Jean Meyer, La cruzada por México. Tusquets, 2008.

13 de febrero de 2009

Miguel Angel Granados Chapa, maestro y periodista.

Ese es el título del libro-homenaje que coordinaron Rosalba Cruz Soto, Yolanda Zamora Casillas y Juan Romeo Rojas Rojas, y que será presentado el próximo jueves, 19 de febrero, a las 17:00 en la sala Bernardo Quintana del Palacio de Minería, en el marco de la XXX Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.
Este libro nació a partir de un ciclo de conferencias que se impartieron en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, para celebrar los 45 años como periodista de Miguel Angel Granados Chapa. En ese casi medio siglo, Granados Chapa se ha distinguido por ser un periodista muy profesional, que ha brindado artículos y reportajes de alta calidad con la intención de darle a la sociedad mexicana la mayor información posible sobre su vida política para que pueda participar en ella. Granados Chapa fue miembro del equipo que, bajo el mando de Julio Scherer García, dirigió
Excélsior entre 1968 y 1976. Luego de su violenta salida, Proceso fue su siguiente casa; a partir de allí trabajó en diversos medios, como Cine Mundial, Unomásuno, La Jornada, Radio Educación, Mira y Reforma. Su programa de radio, Plaza Pública, es uno de los más escuchados en Radio Universidad y un referente de la vida política de México durante el último cuarto del siglo XX y este naciente siglo XXI.
En este libro-homenaje hay artículos de diversos investigadores y periodistas, quienes en algún momento han convivido profesionalmente con Granados Chapa, fueron sus alumnos o han seguido su desempeño profesional. Entre los autores, y por mencionar sólo a algunos, están Francisco José Paoli Bolio, Ernesto de la Torre Villar, Fernando Solana, Vicente Leñero, Luis Javier Solana, Pedro Valtierra, Blanche Petrich, José Reveles y Fátima Fernández Christlieb.
La cita es a las 17:00 en la sala Bernardo Quintana del Palacio de Mineria, y la presentación del libro estará a cargo de Carmen Aristegui, Rafael Rodríguez Castañeda y Alvaro Cepeda Neri.

12 de febrero de 2009

200 años de Abraham Lincoln



El 12 de febrero de 1809, en Hodgenville, un pequeño pueblo de Kentucky, nació uno de los presidentes más importantes en la historia de Estados Unidos: Abraham Lincoln. De padres agricultores, Lincoln tuvo una educación autodidacta, pero su tesón le permitió convertirse en abogado. Fue el primer presidente de su nación por el Partido Republicano y tuvo que lidiar con el separatismo de los Estados sureños. La Guerra de Secesión fue la más cruel y sangrienta en la historia de la Unión Americana pero Lincoln pudo impedir que los Estados Unidos se separaran. El otro gran mérito de Abraham Lincoln fue emancipar a los esclavos en 1863, lo que dio inicio al dificil y extenuante camino que muchas personas han recorrido en la historia de ese país, para lograr que el racismo termine y que los negros gocen de todos sus derechos como ciudadanos.
En 1847, el presidente James K.Polk se aprovechó de una argucia legal para declararle la guerra a México. Pretextando que la frontera entre ambos países estaba en el Rio Bravo y no en el Rio Nueces (como era antes), permitió que sus tropas ocuparan la zona entre las dos corrientes. Cuando una patrulla militar mexicana encontró a soldados norteamericanos en un terreno que era suelo mexicano, las palabras no sirvieron y las armas tomaron su lugar. Polk encendió la indigación de sus conciudadanos al decirles que "sangre norteamericana se había derramado en suelo norteamericano" y consiguió que el Congreso autorizara el despliegue de tropas que terminó con la pérdida para México de la mitad de su territorio.
Un oscuro congresista por Illinois intentó oponerse a los deseos del presidente Polk. En un discurso llamado Spot Resolutions, este congresista exigió a su presidente que aclarara exactamente en dónde se había dado el choque entre las tropas mexicanas y norteamericanas y por qué los soldados estadounidenses estaban en un sitio que no formaba parte de su país. El congresista añadió que la guerra contra México era injusta, pues nuestro país no la había provocado, y un gran error para Estados Unidos.
Nadie lo escuchó y poco después este congresista perdió su lugar en el Congreso. Tuvo que regresar a su pueblo natal para trabajar como abogado. Pero la vida da muchas vueltas, y con el paso del tiempo regresó a Washington, convertido en Presidente de Estados Unidos. Ese congresista era Abraham Lincoln.
Doscientos años más tarde, el presidente Barack Obama asistió a la ceremonia de reinauguración del Teatro Ford, donde Lincoln fue asesinado en 1865. Afortunadamente, el presidente Obama salió del teatro caminando.


10 de febrero de 2009

Si la forma es el fondo, ¿entonces el relato es la historia?

La disciplina de la historia ha pasado por varias crisis desde el siglo XIX. (Como dirían los Mythbusters: ¡Precaución, contenido científico!, jejeje). Sigamos: la historia ha sido usada de varias formas desde hace miles de años; los relatos épicos sirvieron para darle identidad a esos grupos sociales que con el paso del tiempo se convirtieron primero en naciones y luego en Estados-nacionales. La historia también sirvió para educar a los gobernantes, ya que las experiencias del pasado podían servir para no repetir sus errores en el futuro (de esa forma escribió Maquiavelo El Príncipe). Al mismo tiempo, esa historia en construcción legitimaba a los gobiernos, puesto que ofrecía un discurso más o menos lógico que justificaba todo lo que había ocurrido en el pasado, pues gracias a eso la sociedad en cuestión gozaba ya de las bondades del Estado que la gobernaba (irónicos, abstenerse...)
Sin embargo, las cosas cambiaron durante La Ilustración, cuando las ciencias se desarrollaron. El discurso científico garantizaba la posibilidad de generar un conocimiento fiable, ya que se había producido de manera mensurable (o sea que era producto de un montón de mediciones) y verificado (lo que pasaba en un lugar del planeta, como por ejemplo tirar una manzana al piso, ocurría también en cualquier otro sitio). De este modo surgieron las "ciencias duras", como la física, química, biología y otras más.
Este afán científico se dirigió también a conocer mejor al ser humano, es entonces cuando nacen la sociología, la ciencia política y la economía. La Historia había servido en el pasado para explicar cómo eran las sociedades, de qué manera se gobernaban y por qué el intercambio de bienes y servicios era tan importante, pero ahora (siglos XVIII y XIX) parecía que su lugar iba a ser ocupado por las nuevas ciencias sociales, y que el final de la disciplina histórica había llegado. A lo más, serviría para recopilar aquellos datos que las otras ciencias usarían para entender mejor a la sociedad humana.
Pero la disciplina histórica no desapareció. Llegaron la Primera y la Segunda Guerra Mundiales, y el pensamiento humano dejó de creer que pronto tendría las respuestas a todas las dudas que tuviera. Las ciencias adoptaron una actitud "más humilde": ya no aseguraban que eran capaces de entender todo lo que pasaba en el Universo, y en lugar de eso avanzaban a partir de certidumbres, conocimientos pequeños producto de un proceso de ensayo y error, pero siempre sujetas a que las verificaran una y otra vez, y a que las descartaran cuando ya no sirvieran.
La historia también se "cientifizó" durante la Ilustración y siguió con ese proceso durante los siglos XIX y XX. Los trabajos de autores fundamentales como Leopold von Ranke, Wilhelm von Humboldt, Langlois y Seignobos, Marc Bloch, Lucien Febvre, Fernand Braudel, Eric Hobsbawm y muchos otros le dieron un nuevo rostro a la historia, la cual recobraba su lugar entre las ciencias humanas.
Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo XX llegó una nueva crisis para la historia: la crisis del giro lingüístico. Y quizá su mayor representante es el norteamericano Hayden White.
En su clásico, Metahistoria, White hace un estudio de la historiografía y la filosofía de la historia europeas durante el siglo XIX. Analizando a varios autores, como Ranke, Michelet, Burkhardt y otros, White se concentró en estudiar de qué manera cada autor escribió sus obras y cuál fue la razón para hacer eso. Lo que descubrió cimbró nuevamente a la disciplina histórica:

En el proceso de elaborar una obra, el historiador tiene que decidir de qué forma escribirla. Y esta parte es fundamentalmente artística.

Al momento de tomar todos los datos que ha recopilado para ordenarlos, el escritor del pasado (pues eso también es un historiador), elige diversos modelos literarios:

Primero, tiene que elegir de qué manera contará su historia. ¿Será como un romance, en el que el héroe logra trascender los problemas y al final triunfa el bien; como una sátira, en la que el destino vence sobre el hombre, quien debe someterse a su destino; como una comedia, en donde el ser humano y su entorno se reconcilian, lo que al final es una victoria humana, aunque sea transitoria; o será una tragedia, con la caída del protagonista y la conmoción del mundo?

Segundo, ¿de qué forma explicará las causas de lo que acaba de narrar? ¿Lo hará de un modo formista, simplemente describiendo la situación; o de manera mecanicista, considerando que todos los personajes y el entramado de su obra son como piezas de un reloj en el que la falla de una de ellas provoca el caos en todas; o lo verá como un órgano que evoluciona con el paso del tiempo y tiene una dirección y un sentido; o preferirá enfocarse en la relación entre el personaje y su contexto?

Tercero y final, ¿qué implicación ideológica le dará? ¿preferirá el conservadurismo, que intenta mantener el orden del sistema; o el liberalismo que quiere un cambio gradual; o el radicalismo que busca los cambios rápidos, o un anarquismo que desea la destrucción de las estructuras de poder?

Es la combinación de esos elementos lo que produce lo que White llama "el estilo historiográfico"; la manera en que cada historiador escribe sus obras.

¿Cuál es el problema de todo esto? pues que, si al final lo importante no es lo que se narra, sino cómo se narra, entonces ¿cuál es la validez del conocimiento histórico? ¿Cómo podemos decir que tenemos certeza de un hecho del pasado, si este ya pasó por un proceso de manufactura en el que imperaron las decisiones del historiador que lo utilizó? ¿Como sabemos que lo que sabemos es cierto, y no solamente un relato supuestamente verdadero sobre una época en la que no estabamos vivos?

Hay que señalar que en Metahistoria, White se concentra en el proceso de escribir una obra sobre el pasado, y no habla sobre otros aspectos del trabajo histórico que son igual de importantes: cómo se elige el tema, qué preguntas hacerle, cómo responderlas, de qué manera trabajar con las fuentes, y varias más. No sé si en otras obras White aborda estos temas, pero hay que decir que el "giro lingüístico" se ha convertido en uno de los aspectos más importantes de la historiografía contemporánea.

¿Estaremos los historiadores simplemente construyendo relatos que creemos que son certeros, pero no pasan de ser un producto más de la imaginación? ¿Será que todos los prolegómenos historiográficos son meros pretextos antes de escribir "novelas reales" que no lo son?

Es un tema para pensarse, como lo han hecho muchos historiadores luego de leer a Hayden White. Lo cierto es que, en las perpetuas crisis de crecimiento, es el debate el que hace que el conocimiento humano avance, en cualquier campo.





9 de febrero de 2009

A la izquierda del colibrí...




"En el lago del ombligo de la luna casi siempre hay una respuesta; sólo hay que saber cuál es la pregunta correcta".
Jorge Reyes, (1952-2009)


Max en Mex.

El Segundo Imperio Mexicano es un tema fascinante. La historia de un par de nobles europeos descendientes de los reyes católicos y miembros de la familia imperial más importante de su tiempo (Los Habsburgo), que llegaron a México para gobernarlo y se encontraron con una guerra civil en la que los aliados eran bastante incómodos y los enemigos eran más cercanos a su pensamiento de lo que podían aceptar, ha servido para escribir incontables libros al respecto.
Desde Corona de Sombras, de Rodolfo Usigli, hasta Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, pasando además por otras obras, como Maximiliano y Carlota, de Egon Caesar Conte-Corti, y el reciente Tras las huellas de un desconocido, de Konrad Ratz, las obras sobre Max y Carlota se multiplican.
Una de ellas es el diario de un austriaco, Carl Khevenhüller, quien llego a México a defender a Maximiliano, y aquí vivió las aventuras más importantes de su vida.
Khevenhüller era un príncipe que nació en 1839. Como hijo de buena familia, dedicó gran parte de su juventud a vivir la vida en fiestas, apuestas, carreras de caballos, viajes, romances y todo lo que la buena vida le podía ofrecer. Hasta que las deudas en el juego se convirtieron en un enorme problema para su familia.
Con 25 años y una vida de bohemio, su padre decidió que era el momento de ayudarlo a madurar. Y qué mejor oportunidad para ello que obligarlo a que se enrolara en el Cuerpo de Voluntarios Austriacos, el cual se había formado para apoyar una empresa iniciada por Napoleón III, emperador de los franceses: el segundo imperio mexicano.
México nació en 1821 como una monarquía. Agustín de Iturbide, el consumador de la Independencia, escuchó los cantos de las sirenas y aceptó convertirse en el primer emperador mexicano. Sin embargo, los grandes problemas económicos y la enorme crisis política que vivía el naciente Estado acabaron con el Imperio. Al paso de los años México cambió constantemente de vestido político: a veces fue una república federal, y en otras ocasiones una república centralista. Tuvimos muchísimos presidentes que duraban muy poco tiempo, Estados Unidos nos arrebató la mitad del territorio en 1847 y parecía que la nación mexicana estaba condenada, tarde o temprano, a perecer.
Durante todo ese tiempo, el ideal monárquico permaneció vivo. Lucas Alamán, José María Gutiérrez de Estrada y otros seguían creyendo que la única solución para el país era tener un gobernante que contara con el respaldo de los grupos poderosos del país, y para ello su legitimidad tenía que venirle de afuera. Un príncipe extranjero que supiera gobernar sería la solución a todos nuestros problemas.
La vida les dio la oportunidad a los monárquicos de comprobar si sus ideas podían funcionar. En 1861, luego de la Guerra de Reforma, el presidente Juárez tuvo que suspender el pago de la deuda externa, lo que aprovechó el Imperio Francés para adueñarse de México.
Napoléon III consiguió que el archiduque de Austria Maximiliano aceptara la corona, y fue en ese momento cuando Khevenhüller vino a México. Y empezó a escribir un diario en el que contaba todo lo que veía en nuestro país.
Bajo en mando del conde Franz von Thun, comandante del Cuerpo de Voluntarios Austriacos, Khevenhüller y sus compañeros realizaron diversas misiones en México. Se enfrentaron a los guerrilleros republicanos con valor, pero también se dieron cuenta pronto de que eran simples peones en un ajedrez político.
Khevenhüller narra en su diario cuán difícil era la relación con los franceses, quienes se consideraban los amos de México, y con los generales conservadores, proclives a la corrupción y a la traición.
Cuando Napoleón III comprendió que el Imperio Mexicano no tenía futuro y retiró sus tropas en 1866, Khevenhüller y el Cuerpo de Voluntarios se quedaron en México para proteger a Maximiliano, pero los generales conservadores les impidieron que acompañaran al Emperador mexicano a Querétaro, con el pretexto de que eran más necesarios protegiendo la Ciudad de México, algo de lo que Khevenhüller siempre se arrepintió.
Sin embargo, el principe tenía otro motivo para permanecer en la capital: Leonor Rivas. Ella era la esposa de Ignacio Torres Adalid, un millonario de la época. Eso no impidió que entre Rivas y Khevenhüller comenzara una relación de la cual nació un hijo, al que Khevenhüller nunca conoció, ya que salió de México poco después de la caída de Querétaro, en 1867.
Khevenhüller reunió sus notas sobre la campaña de México y las publicó en 1883. Falleció en 1905, en el Castillo de Riegersburg, recordando sus aventuras al lado de Maximiliano de Habsburgo y a la mujer que nunca volvió a ver.
Sus memorias son un gran testimonio sobre la vida mexicana durante el Segundo Imperio Mexicano, y nos muestran especialmente cómo la veía un europeo que había llegado huyendo de los problemas y se encontró con los mejores momentos de su existencia.
(La foto de arriba es de Carl Khevenhüller en uniforme de húsar)

Brigitte Hamann, Con Maximiliano en México, FCE.


6 de febrero de 2009

Los cien años de don Silvio Zavala

Decía don Luis González y González que para ser un buen historiador se necesitaban años, y que la práctica de la historia te los daba. Al parecer doña Clío ha sido clemente con varios importantes historiadores para que permanezcan más tiempo entre nosotros, para enseñarnos a explorar correctamente el pasado.
Uno de ellos es Don Silvio Zavala, quien el día de mañana cumple cien años de edad, lo que lo convierte en el decano de los historiadores de México.
Hoy, dentro de media hora, El Colegio de México le rendirá un homenaje a uno de los hombres que colaboraron a construir las instituciones culturales que enorgullecen a nuestro país.
En aquellas épocas en las que nos rodea la incertidumbre, cuando sufrimos por lo que Marc Bloch llamaba "las perpetuas crisis del crecimiento", siempre es buen consejo ver hacia atrás, para recordar cuál es nuestro origen y hacia dónde decidimos encaminarnos. Para ello, el consejo de los que nos precedieron, los hombres y mujeres que alguna vez estuvieron en nuestro lugar y lograron construir esas obras de las que ahora disfrutamos, siempre será un regalo invaluable. Muchas felicidades por sus 100 años, don Silvio.

5 de febrero de 2009

5 de febrero: cuatro momentos en la historia de México

El 5 de febrero es una fecha importante para la historia mexicana:

1.- en 1597 murió Fray Felipe de Jesús, fraile franciscano al que los japoneses crucificaron por querer evangelizarlos. En 1627 fue beatificado y se convirtió en el primer santo mexicano en 1862. Junto con la Virgen de Guadalupe fue la gran figura del catolicismo en nuestro país, pero ahora está un poco olvidado ya que tiene que competir con figuras relativamente nuevas como San Charbel; con otros santos de mayor rating, como San Judas Tadeo; y con otra figura del imaginario religioso derivado del catolicismo, que a pesar de su oscuridad ha ganado muchos feligreses: la Santa Muerte.

2.- en 1857 se promulgó la Constitución, por un grupo de personajes a los que Daniel Cosío Villegas calificó como "gigantes", y que en el fondo no estaban muy convencidos de las ventajas del documento, pero que con el paso del tiempo se convirtió en el símbolo y proyecto político de toda una generación: la de la Reforma.


3.- 60 años más tarde, los sobrevivientes de la guerra civil provocada por la caída de Porfirio Díaz y el asesinato de Francisco I.Madero se reunieron en Querétaro para reformar la antigua Ley Fundamental. Sin embargo, las presiones de los grupos campesinos y obreros llevó a promulgar una nueva Constitución, la que a su vez se convirtió en la insignia de los Gobiernos de la Revolución Mexicana. A pesar de que sigue vigente, tiene ya muy poco de su espíritu original, y nuestros hábiles legisladores están pensando en que deberíamos tener una nueva para 2010. Yo creo que es buena idea, siempre y cuando gracias a ello desaparezcan los políticos ineptos y corruptos, como los que forman nuestro poder legislativo.

4.- ¡Y se nos fue El Santo al cielo!, luego de hacer una función en el Teatro Blanquita en 1984, sufrió un infarto que le provocó la muerte. Es, simplemente, el luchador más famoso de México, que lo mismo se enfrentó a Blue Demon y al Cavernario Galindo que a Drácula, las Momias de Guanajuato y a las Mujeres Vampiro. "Batman y Superman, ¡superhéroes de historieta!, nunca subieron al ring, le sacatearon al parche, El Santo, ¡sí era la neta!", como bien canta en su homenaje al Enmascarado de Plata la HHH Botellita de Jerez.

San Felipe de Jesús, El Santo y las Constituciones de 1857 y 1917. Cuatro momentos de la historia de México que curiosamente se conmemoran el mismo día, y que nos dicen mucho sobre cómo somos los mexicanos.


4 de febrero de 2009

El ingenuo plan para controlar la memoria


A principios de 2009 publiqué este post en el que comento la enorme influencia que tuvo Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, en la vida de México durante la segunda mitad del siglo XX. A partir de entonces muchas cosas han pasado, pero pocas cambiaron. La última noticia la dió Alvaro Corcuera, director de la Legión, al informar a sus miembros que todas las imágenes, textos y grabaciones del Padre Maciel deben ser retirados de las casas legionarias, y que a partir de hoy no podrán referirse a él como "Nuestro padre". En su lugar deberán llamarlo "P.Maciel".
Sin embargo, Corcuera los autoriza a mantener un "culto privado" a la memoria de Maciel, y sus enseñanzas pueden usarse, siempre y cuando no se mencione que son suyas.
Los imperios siempre han querido controlar el tiempo: se imaginan que la historia es totalmente manipulable y que pueden controlar lo que el futuro recordará de nuestro presente. Pero tarde o temprano se dan cuenta de que eso es imposible. Tarde o temprano la historia se rebela y los baúles estallan para mostrarnos todo aquello que pretendían ocultar.
Por eso vuelvo a publicar este post, porque me niego a que alguien más nos dicte lo que debemos recordar, y especialmente porque la foto que acompaña este artículo debe estar más presente que nunca.


El 30 de enero de 2008 murió uno de los hombres más influyentes en la historia del siglo XX mexicano: el padre Marcial Maciel Degollado. Fue el fundador de la orden religiosa más importante y con mayor crecimiento en México y en el mundo: la Legión de Cristo.
Con un especial interés por "reevangelizar" a las clases altas, Maciel y sus legionarios crearon una serie de escuelas y universidades por todo el planeta con las que difundieron un catolicismo de ala derecha, muy conservador, que buscaba destrozar todo vestigio de la Teología de la Liberación en América Latina y que fue bendecido por el Papa Juan Pablo II.
Entre las personas que están cerca de la Legión de Cristo (e inclusive fueron educados por ella) están Joaquín López Dóriga, Fernando Landeros, Carlos Slim, Martha Sahagún, Viviana Corcuera y otros.
En 1997, un grupo de exlegionarios acusó a Marcial Maciel de abuso sexual. CNI Canal 40 fue de los primeros medios que informaron sobre este caso, lo que le valió un boicot comercial que a la postre ocasionó su desaparición. Otros medios, como La Jornada, retomaron el caso y periodistas como Sanjuana Martínez, Carmen Aristegui, Javier Solórzano, Ciro Gómez Leyva y en España Pepe Rodríguez (junto con otros medios, como el Hartford Courant y varios periodistas de distintas partes del mundo) dieron a conocer el tremendo y horrible crimen de la pederastia en la Iglesia Católica.
De pronto, cadenas como la BBC y la CNN, revistas como Der Spiegel y Paris Match, y periódicos como El País y El Universal informaban que en sus países de origen había cada vez más casos de menores de edad que habían sido violados por sacerdotes, muchos de ellos pertenecientes a la Legión de Cristo.
El Vaticano siempre negó estos hechos. Cuando el entonces sacerdote Alberto Athié, uno de los primeros que se enteraron de lo que había hecho Maciel décadas atrás, intentó hablar con Juan Pablo II al respecto, el entonces Cardenal y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, le dijo que el padre Maciel era muy querido por el Papa, y no era conveniente abordar ese tema. Poco después, Alberto Athié dejó el sacerdocio.
El tiempo pasó y los juicios contra sacerdotes pederastas se incrementaron, lo que le costó a la Iglesia Católica cientos de millones de dólares por concepto de demandas. en 2006 el nuevo Papa, Benedicto XVI, intentando remediar el gran problema que tenía en las manos, ordenó al padre Maciel que se retirara de la vida pública y mantuviera un voto de silencio, lo que cumplió hasta el día de su muerte.
Poco más de un año después, The New York Times informa que el padre Alvaro Corcuera, nuevo director general y sucesor de Maciel, ha estado viajando de incógnito por las diversas casas y seminarios de la Legión para informar a sus miembros que varios aspectos de la vida del Padre Maciel no son congruentes con lo que se espera de un sacerdote católico.
Mientras Juan Pablo II protegía y alentaba a los legionarios, Marcial Maciel rompió sus votos de castidad y tuvo relaciones con una mujer, lo que llevó al nacimiento de una niña.
Javier Bravo, vocero de la Legión se ha dedicado a conceder entrevistas en diversos programas de radio, diciendo que hay cosas en la vida de Maciel que permanecen en el misterio, pero no ha negado ni por un instante la versión difundida por The New York Times.
Entrevistado por Paola Rojas, José Barba, uno de los exlegionarios que violó Marcial Maciel hace décadas, señaló que era posible que los propios legionarios hubieran divulgado la noticia sobre la hija de Marcial Maciel, debido a que hay otros escándalos, mucho mayores, que podrían salir en cualquier momento para acabar con lo que queda de la imagen del fundador de la Legión de Cristo.
Sin embargo, por lo menos hasta hoy, los Legionarios de Cristo no han aceptado que su fundador abusó sexualmente de varios niños hace muchos años, pero sí dan a conocer que Maciel era padre de una niña. No hay forma de saber a qué se debió la decisión tomada por los Legionarios, pero podría ser que José Barba tenga razón, lo que nos depara grandes sorpresas en el futuro sobre la historia del padre Maciel.
Hace más de un año murió Marcial Maciel, uno de los hombres más importantes del siglo XX mexicano. ¿De cuántas maneras habrá influido con sus acciones en nuestras vidas?